Esta columna pretende ser un equilibrio de este ajetreado 2025.
Empecemos por los personajes y antipersonajes del año. El antipersonaje en el mundo es Donald Trump. Este ha decidido explotar el sistema de convivencia entre naciones basado en el respeto por las normas internacionales, los derechos humanos y la soberanía de los pueblos. También ha socavado los principios constitucionales y morales de la democracia estadounidense, sustituyéndolos por el odio hacia el diferente, llámese inmigrante o integrante de minoría. Esto se acompaña de una concentración de poder en detrimento de las funciones del Congreso y del poder judicial, una deriva autoritaria que alienta proyectos políticos en países que quieren reproducir esta revuelta reacciónia, ahora con el apoyo de una de las más importantes potencias militares del planeta.
El personaje en el mundo es el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, quien se ha consolidado como una de las figuras que resiste a esta ola de reacción mundial. Ha lidiado con su propia crisis golpista de la derecha bolsonarista y consolidado un frente común con la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, señalando el camino de respeto a la democracia y las instituciones. Ese liderazgo debería usarse para presionar una salida no violenta del poder de Nicolás Maduro en Venezuela, sobre lo cual –hay que decirlo– ha tenido una posición ambigua.
El antipersonaje en Colombia es el ministro del Interior, Armando Benedetti, quien solo ha traído al gobierno ruido y furia –como si no fuera suficiente con lo que ofrece el presidente en su cuenta de X–, sino también mala gestión legislativa, pues en sus manos se han hundido varias reformas importantes. El presidente Petro –y la izquierda– dejaron su proyecto de cambio en manos de un político inescrupuloso, lo cual termina desdibujando la imagen de un gobierno que prometió, entre otras cosas, cambiar la forma de gobernar y de relacionarse con el Congreso. Dos exministros privados de la libertad y varios exfuncionarios en fuga no son precisamente la imagen que hubiéramos querido de un gobierno alternativo.
El personaje del año en Colombia es la defensora del pueblo, Iris Marín. Le devolvió a la Defensoría del Pueblo el rol protagónico que había perdido en manos de defensores politiqueros. Hoy, esa entidad, con presencia en todo el territorio nacional, es de nueva esa voz de los ciudadanos y de los marginados en defensa de sus derechos. Que el gobierno la haya castigado con una importante reducción de su presupuesto habla bien de cómo se convirtió en un contrapoder incómodo.
Pasando a la cultura, veamos algunos libros que recomiendo como lectura para este fin de año: El Fin del Mundo Común, de la española Máriam Martínez-Bascuñán, un diálogo con la obra de Hannah Arendt en tiempos de posverdad y la necesidad de encontrar un lugar dónde tramitar nuestras diferencias sin acudir a la cancelación ya la violencia real o simbólica; El Rugido de Nuestro Tiempode Carlos Granés, una obra bien escrita y bien construida sobre la discusión actual de batallas culturales y populismos nacionalistas; El libro póstumo de Tatiana Andia –quien nos ayudó a entender el concepto de morir dignamente– Notas Interdisciplinariass, una antología de sus columnas y de otros escritos sobre su forma de ver y entender el mundo; El Laberinto del Parqueadero Padilla, de Diana Salinas, para entender el trasfondo del paramilitarismo en Colombia, ese entramado político y económico que sigue presente en nuestra vida pública. Recomiendo tres novelas maravillosas: Orbital de Samantha Harvey, una alucinante puesta en escena de un grupo de astronautas y su convivencia en una Estación Espacial, donde se cruzan reflexiones personales y consideración filosóficas de quienes ven el mundo desde afuera; incensurable, de Luna Miguel, una relectura de la novela lolita de Nabokov por una profesora que la detesta, pero que su lectura se entiende como un símbolo de resistencia a la censura y la cancelación, y oposición, de Sara Mesa, un retrato contemporáneo del infierno de la burocracia, digna heredera de ‘Bartleby, el escribiente’, de Melville.
En música, destaco el álbum. lux de Rosalía, una conjunción maravillosa de melodías y letras más allá de lo tradicional; para los nostálgicos, el álbum Palabra triste y hermosa de la leyenda del soul, Mavis Staples, quien a sus 86 años nos regala una poderosa recreación de varios clásicos del cancionero estadounidense. En Colombia, debemos destacar el nuevo disco de Jorge Velosa y los Carrangueros del 25, En Campo Traviesa, una exquisita selección de la música carranguera, orgullo de nuestro folclor colombiano.
Feliz año, y nos leemos en 2026.



