Con la expedición de la Circular Externa 044 de 2025, el Ministerio de Salud abrió un nuevo frente de debate en el ya tensionado sistema de salud colombiano. Mientras la cartera defiende la medida como un mecanismo técnico para fortalecer la transparencia, el seguimiento y la entrega oportuna de medicamentos financiados con recursos de la Unidad de Pago por Capitación (UPC), médicos de distintas especialidades advierten que, tal como está planteada, la obligatoriedad de prescribir tratamientos ambulatorios a través de la plataforma Mipres podría convertirse en una barrera que afecte de manera grave el acceso efectivo de los pacientes a sus tratamientos.
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La medida abarca fármacos de uso masivo y cotidiano en la atención ambulatoria, como los utilizados para el tratamiento de la hipertensión arterial, la diabetes, las dislipidemias, la epilepsia, los trastornos de salud mental, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), el asma, los esquemas de anticoagulación, las enfermedades autoinmunes y el cáncer en manejo ambulatorio, así como, en general, gran parte de los medicamentos que se administran y controlan en el hogar.
El choque de visiones se hizo evidente tras la publicación de la circular, que empezará a regir desde el primero de junio de 2026 y que establece los lineamientos para que la prescripción de medicamentos ambulatorios financiados con la UPC sea reportada en Mipres, una plataforma que hasta ahora se ha utilizado para medicamentos y tecnologías No PBS y que maneja volúmenes de prescripción mucho menores. Desde el Gobierno, el mensaje ha sido claro: no se crean nuevos trámites ni se altera el acto médico; Desde el sector médico, la lectura es distinta y apunta a un aumento significativo de la carga administrativa en un sistema que ya opera al límite.
El Ministro de Salud Guillermo Alfonso Jaramillo. Foto:Mauricio Moreno
Según la cartera sanitaria, la medida no redefine la prescripción clínica, no incrementa cargas administrativas y se limita al registro y seguimiento de información que ya existe, con el objetivo de fortalecer el control institucional sobre el suministro de medicamentos y evitar retrasos, no entregas o riesgos de desabastecimiento. El Ministerio insiste en que la prescripción a través de Mipres se realiza en un solo acto, en el que el profesional de la salud puede formular Múltiples medicamentos y tecnologías, tal como ocurre en la práctica clínica habitual. Además, recuerde que la prescripción registrada en esta plataforma tiene plena validez como fórmula médica.
La cartera también subraya que Mipres no es una herramienta nueva. Opera desde 2016 y es conocida por los actores del sistema. En ese sentido, y como ejemplo, cita la experiencia con la prescripción y seguimiento de medicamentos antirretrovirales para VIH, donde, según la cartera, la plataforma permitió automatizar procesos, generar informes mensuales a EPS ya la Superintendencia Nacional de Salud.
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Sin embargo, esa misma experiencia que el Ministerio usa como ejemplo, y que inició este año con 19 antirretrovirales, ha tenido impactos en el aumento de barreras de acceso, como han señalado organizaciones como la Asociación Colombiana de Infectología (ACIN) y la Liga Colombiana de Lucha Contra el Sida.
La formulación de antirretrovirales a través de Mipres ya había mostrado impactos en el sistema. Foto:iStock
En ese sentido, la nueva medida establecida por la Circular 044, encendió las alertas del gremio médico, quienes ya han comenzado a expresar, desde sus especialidades y la realidad de la práctica clínica diaria, que esta medida puede convertirse en un riesgo real de congestión administrativa y deterioro de la calidad de la atención.
El médico hematooncólogo Luis Eduardo Pino cuestionó de manera directa la lógica de trasladar la carga de reporte a las IPS ya los médicos en un contexto tecnológico que, a su juicio, no está preparado para soportarla. Según Pino, antes de asignar el ingreso masivo de datos a una “torre de control”, el sistema debería contar con una arquitectura robusta que incluya automatización, registro en lenguaje natural, bodegas de datos relacionales sólidas, máquinas virtuales, copilotos o agentes digitales y motores de analítica cognitiva. En su visión, atribuir esta carga a los profesionales de la salud en 2025 resulta retrógrado y altamente ineficiente, especialmente cuando existen alternativas tecnológicas más avanzadas que podrían asumir esa función.
Una preocupación similar plantea el médico cirujano Germán Fernández Cabrera, miembro correspondiente de la Academia Nacional de Medicina, quien advierte que la Circular 044 llevará a que los médicos dediquen mucho más tiempo a diligenciar formatos de Mipres durante el ya escaso tiempo de la consulta. En su análisis, este cambio reduce de manera directa el tiempo de interlocución y de examen físico del paciente, pilares fundamentales del acto médico. Fernández va más allá y señala que la medida refleja una desconexión entre quienes diseñan la política y la realidad de la consulta, describiendo el escenario como un “reinado de la burocracia, la papelería y el aumento de la tramitología” que termina convirtiéndose en un obstáculo para médicos, pacientes y familias.
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Desde la medicina interna y la neumología, Leslie Vargas-Ramírez aporta cifras que aterrizan el debate en la práctica cotidiana. Según explica, un paciente de medicina interna puede llegar a tener hasta 20 medicamentos formulados. Elaborar un Mipres, incluso para alguien con experiencia y habilidad, puede tardar entre cuatro y cinco minutos. Cuando el tiempo promedio de consulta es de 20 minutos, el tiempo variable, dice, no parece haber sido contemplado en el diseño de la medida. Vargas-Ramírez recuerda que los infectólogos llevan al menos seis meses utilizando Mipres para antirretrovirales, y que el problema no se limita a la formulación inicial: cada IPS debe revisar el ciclo completo del medicamento, verificar el direccionamiento y confirmar la entrega.
En ese proceso, advierte, se suman otros factores que completan la operación. En el caso de Nueva EPS, por ejemplo, se ligó la facturación de toda la atención al cierre del ciclo del Mipres, lo que añade presión adicional sobre médicos e instituciones. A esto se suma el tiempo requerido para realizar correcciones, un elemento que rara vez se contempla en los cálculos oficiales sobre carga administrativa. Para Vargas-Ramírez, existen datos y evaluaciones desde asociaciones científicas que muestran los efectos reales de este mecanismo, pero que no siempre se reflejan en las decisiones regulatorias.
Los médicos señalan que el sistema no está listo para el volumen de prescripciones ambulatorias. Foto:iStock
El médico internista Juan Márquez plantea una crítica que, según él mismo reconoce, resulta incómoda pero necesaria. En su análisis, en Colombia se están imponiendo normas que en el papel suenan bien, pero que en la consulta real vuelven la atención más lenta, más burocrática y menos humana. Márquez explica que la gran mayoría de los medicamentos de uso crónico en el país —hipertensión, diabetes, dislipidemia, artritis, enfermedades cardiovasculares— están financiados con recursos de la UPC, lo que implica que ahora entran en esta obligación de prescripción.
El problema, según señala, es que Mipres no está integrado con la historia clínica, lo que obliga a duplicar o incluso triplicar el registro de información en diferentes plataformas. En pacientes que consumen entre siete y veinte medicamentos, sin contar dispositivos recomendados o adicionales, el tiempo se dispara. A esto se suma la eliminación de las recetas físicas y la ausencia de copias en PDF, lo que, aunque puede sonar bien desde la digitalización, genera confusión en pacientes mayores que no manejan correo electrónico, no tienen acceso a internet o no están familiarizados con herramientas digitales. El resultado, advierte, serán consultas más largas, agendas retrasadas, menos tiempo real para escuchar al paciente y mayor riesgo de confusión en las instrucciones de uso de los medicamentos, tanto para los pacientes como para los operadores logísticos.
Una visión complementaria aporta la médica internista Tatiana Villarreal, quien reconoce que la idea de fondo puede ser buena, pero cuestiona si el país está preparado para implementarla. En su opinión, la medida requiere condiciones técnicas que no están disponibles en todo el territorio nacional. Además, advierte que el impacto en el tiempo de consulta es innegable: médicos generales que atienden pacientes en 15 minutos —un ritmo que ya califica como cercano a la explotación— ahora tendrían que diligenciar Mipres para todos los medicamentos, sacrificando inevitablemente el tiempo destinado al paciente.
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Finalmente, el médico internista y cardiólogo Juan Senior, ex presidente de la Asociación Colombiana de Medicina Interna, aporta una mirada desde la experiencia acumulada con la plataforma. Para Senior, aunque la iniciativa puede tener buenas intenciones, en la práctica Mipres ha sido una barrera importante en la formulación y en la atención. La describe como una herramienta poco amigable, engorrosa, difícil de diligenciar y altamente exigente en el tiempo. Su advertencia es clara: si la plataforma no mejora de manera sustancial, puede convertirse en “una barrera infranqueable” para el acceso a los medicamentos.
El contraste entre la defensa institucional y las advertencias de los médicos deja al descubierto una tensión de fondo: la brecha entre el diseño normativo y la realidad operativa del sistema de salud. Mientras el Ministerio enfatiza en la trazabilidad y el control de los recursos públicos, los profesionales de la salud alertan sobre un posible efecto colateral no menor: que el aumento de los trámites y la carga administrativa termina trasladándose al eslabón más vulnerable del sistema, el paciente.
EDWIN CAICEDO
Periodista de Medio Ambiente y Salud
@CaicedoUcros
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