Una investigación genética a gran escala, publicada en la revista Gut y liderada por Mauro D’Amato y Cristian Diaz-Muñoz, encontró que el metabolismo de la vitamina B1 (tiamina) se asocia con la frecuencia de las evacuaciones intestinales, lo que abre nuevas líneas para comprender y tratar trastornos digestivos comunes.
El equipo de científicos explica que la vitamina B1, un micronutriente presente en los alimentos cotidianos, se relacionó con la motilidad intestinal, es decir, con el ritmo con el que los alimentos avanzan por el aparato digestivo. El hallazgo sugiere que este nutriente podría ser una pieza clave en el funcionamiento del intestino y en la forma en que cada organismo procesa la comida.
El trabajo, publicado en la revista científica Gut, fue encabezado por Mauro D’Amato, profesor de la Universidad LUM Giuseppe Degennaro (Italia) e investigador en el centro CIC bioGUNE (España), junto con el postdoctorando Cristian Diaz-Muñoz. Los autores combinaron datos genéticos y clínicos para trazar un “mapa” de las vías biológicas que marcan el ritmo intestinal y se sorprendieron por el peso que tomó el metabolismo de la tiamina frente a otros mecanismos ya conocidos.
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Entre esas regiones destacaron dos genes prioritarios, SLC35F3 y XPR1. Foto:stock
La investigación analizó información de más de 268.000 personas de ascendencia europea y del este asiático. Mediante millones de marcadores genéticos y métodos computacionales avanzados, los especialistas identifican 21 regiones del genoma asociadas a la frecuencia de las deposiciones, varias de ellas sin antecedentes claros en funciones digestivas.
Entre esas regiones destacaron dos genes prioritarios, SLC35F3 y XPR1, directamente relacionados con el transporte y la regulación de la vitamina B1 en el organismo. Según los expertos, las variaciones en estos genes influyeron en la forma en que el cuerpo utiliza la tiamina y, a su vez, en la regularidad con la que las personas van al baño.
La frecuencia de evacuación se utiliza como indicador indirecto de la salud digestiva. Foto:stock
Para verificar si esa señal genética tenía un correlato en la vida diaria, el equipo recurrió a los datos dietéticos del Biobanco del Reino Unido. Allí observaron que los individuos con un mayor consumo de vitamina B1 presentaban movimientos intestinales más frecuentes. Sin embargo, remarcaron que este efecto no era homogéneo: dependió de la combinación particular de variantes genéticas en SLC35F3 y XPR1 de cada participante.
D’Amato advirtió que, aunque el vínculo es consistente, el estudio es observacional y no demuestra causalidad. Además, la frecuencia de evacuación se utiliza como indicador indirecto de la salud digestiva y no se evalúa en detalle otros aspectos como la consistencia de las heces o el nivel de molestias intestinales. Por ese motivo, los autores insisten en que todavía se necesitan ensayos clínicos y experimentos de laboratorio para confirmar estas hipótesis.
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Mantener una dieta variada ayuda a cubrir los requerimientos diarios. Foto:stock
La tiamina ya era conocida por su papel central en el metabolismo energético y en el buen funcionamiento del sistema nervioso, incluidos los nervios y músculos que coordinan las contracciones del intestino. Los nuevos datos refuerzan la idea de que ese rol neuromuscular podría ser determinante en problemas de motilidad, como el síndrome del intestino irritable o el estreñimiento funcional, que afecta a millones de personas en todo el mundo.
En cuanto a la alimentación, recuerdan que la vitamina B1 se encuentra de forma natural en productos integrales y alimentos fortificados (panes, cereales, pastas, arroz), en carnes (sobre todo de cerdo), pescados, legumbres, semillas y frutos secos, según el Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos. Mantener una dieta variada ayuda a cubrir los requerimientos diarios sin necesidad de suplementos, que solo deben indicarse bajo supervisión médica.
Para Díaz-Muñoz, los resultados ofrecen una pista prometedora: “Construimos un mapa de las vías biológicas que marcan el ritmo intestinal, y resultó llamativo lo que señalaba con tanta fuerza el metabolismo de la vitamina B1, junto con mecanismos ya conocidos”, afirmó en un comunicado de prensa.
Mientras tanto, los especialistas recomiendan apostar por hábitos saludables (buena hidratación, fibra suficiente y actividad física) como base para cuidar la salud intestinal, complementados con un adecuado aporte de vitamina B1 dentro de una alimentación equilibrada.
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Jaider Felipe Vargas Morales
REDACCIÓN ALCANCE DIGITAL
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