La esteatosis hepática, conocida como hígado graso metabólico, es una afección en la que se acumula grasa en las células del hígado. Su aparición se asocia con frecuencia a condiciones como la obesidad, el exceso de peso y la diabetes.
Aunque en muchos casos no causa daños inmediatos, los especialistas advierten que su falta de tratamiento puede derivar en enfermedades graves como cirrosis o cáncer hepático.
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Según la Fundación Santa Fe de Bogotá, esta afección no suele provocar complicaciones cuando recibe seguimiento médico adecuado.
Sin embargo, en ausencia de control, el daño progresivo al hígado puede volverse irreversible. El principal riesgo radica en que la enfermedad suele desarrollarse de manera silenciosa.sin síntomas evidentes en sus primeras etapas.
Algunos pacientes reportan fatiga persistente, malestar general o dolor. Foto:iStock.
Síntomas poco específicos y diagnóstico tardío
Aunque el hígado graso no suele presentar manifestaciones claras, algunos pacientes reportan fatiga persistente, malestar general o dolor en la parte superior derecha del abdomen.
De acuerdo con el ‘Manual MSD’, las personas con esta condición pueden experimentar cansancio o molestias abdominales leveslo que dificulta su detección temprana.
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Complicaciones asociadas al daño hepático
El hospital universitario citado por el Manual MSD señala que una de las complicaciones más frecuentes es la cicatrización del hígado, conocida como fibrosis.
Este proceso ocurre cuando el órgano, al intentar repararse tras la inflamación, genera tejido fibroso que afecta su funcionamiento.
Estudios publicados en la revista ‘Clínicas e Investigación en Hepatología y Gastroenterología’ indican que el hígado graso no alcohólico puede impactar de forma significativa el estilo de vida de quienes lo padecen.
El hígado graso no alcohólico puede impactar de forma significativa el estilo de vida. Foto:iStock
La importancia de la hidratación
Una hidratación adecuada se considera un factor clave para apoyar la función hepática. Consumir agua de manera regular contribuye a la eliminación de toxinas y favorece el metabolismo de las grasas.
Un estudio publicado en la revista ‘Nature’ señala que una ingesta constante de agua incrementa la oxidación de grasas y ayuda a regular el consumo energético.
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La Fundación Nacional del Riñón de Estados Unidos recomienda que, en promedio, una persona consuma entre seis y ocho vasos de agua al día, equivalentes a 1,5 a 2 litros.
Esta recomendación se basa en que el organismo pierde diariamente entre 1,5 y 2,5 litros de líquidos a través del sudor y la orina.
Qué es el hígado graso y por qué representa un riesgo
La enfermedad del hígado graso se define por la acumulación de más del 5 % de grasa en las células hepáticas.
Aunque pequeñas cantidades de grasa son normales, el exceso puede generar inflamación, daño celular y aumentar el riesgo de fibrosis, cirrosis o cáncer.
La forma más común en los países occidentales es la enfermedad del hígado graso no alcohólico, que afecta tanto a adultos como a niños y suele desapercibida en sus fases iniciales.
*Este contenido fue escrito con la asistencia de una inteligencia artificial, basado en información de conocimiento público divulgado a medios de comunicación. Además, contó con la revisión de la periodista y una editora.
JOSÉ GUERRERO
REDACCIÓN ALCANCE DIGITAL
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