Colombia enfrenta una deuda persistente con los niños y niñas que padecen cáncer. Así lo advierte el Observatorio Interinstitucional de Cáncer Infantil (OICI) en un manifiesto público en el que llama la atención sobre las barreras estructurales que siguen afectando el diagnóstico, el tratamiento y la supervivencia de esta población altamente vulnerable.
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La declaración fue realizada por la OICI y cuenta con el respaldo de la Asociación Colombiana de Hematología y Oncología Pediátrica (ACHOP), la Liga Colombiana Contra el Cáncer, HOMI Fundación Hospital Pediátrico de la Misericordia, la Procuraduría Delegada para Asuntos Civiles del Trabajo y la Seguridad Social, la Asociación Colombiana de Empresas de Medicina Integral (ACEMI) y la Asociación de Empresas Gestoras del Aseguramiento en Salud en Colombia (Gestarsalud).
De acuerdo con las cifras expuestas en el documento, cada año alrededor de 2.000 niños y niñas reciben un diagnóstico de cáncer en el país, y 784 de ellos mueren a causa de la enfermedad. Estos datos ubican a Colombia entre los países con mayores tasas de mortalidad infantil por cáncer en la región, una situación que, según la OICI, no se explica únicamente por la complejidad médica de la enfermedad, sino por fallas evitables del sistema de salud.
Detectar el cáncer infantil a tiempo aumenta las probabilidades de curación hasta en un 80%. Foto:iStock
El manifiesto recuerda que el cáncer infantil es una urgencia médica en la que el tiempo resulta determinante. Sin embargo, hoy apenas seis de cada diez niños logran sobrevivir, pese a que, dependiendo del tipo de cáncer, las tasas de curación podrían llegar a ocho o incluso nueve de cada diez. La brecha de supervivencia frente a otros países, señala el documento, responde principalmente a diagnósticos tardíos, interrupciones en el tratamiento y dificultades en el acceso efectivo a los servicios de salud.
Uno de los aspectos más preocupantes es la inequidad territorial. Regiones como Amazonas y Orinoquía presentan tasas de mortalidad más altas, lo que evidencia profundas desigualdades en la atención. “Un niño o una niña no debería tener menos probabilidades de vivir por el lugar donde nació”, subraya el texto, que cuestiona la normalización de estas diferencias regionales.
Las demoras en el diagnóstico ocupan un lugar central en la alerta. La OICI advierte que persisten dificultades en el primer nivel de atención para sospechar oportunamente la enfermedad, así como retrasos en las remisiones y en la realización de estudios de diagnóstico. En cáncer infantil, enfatiza el manifiesto, aplazar el inicio del tratamiento por semanas puede cambiar de manera radical los pronósticos de un menor.
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A ello se suma la fragmentación en la prestación de los servicios. Muchos niños deben desplazarse entre ciudades, cambiar de instituciones, repetir exámenes o interrumpir tratamientos, situaciones que no solo generan desgaste emocional y económico en las familias, sino que también pueden derivar en muertes evitables. La desarticulación del sistema, señala el documento, termina convirtiéndose en una barrera tan grave como la propia enfermedad.
Uno de los puntos más críticos señalados por la OICI es el acceso a medicamentos. El manifiesto expone que existe un listado de 56 fármacos que no cuentan con indicación del Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos (Invima) para su uso en niños. De estos, 24 hacen parte del listado de medicamentos esenciales de la Organización Mundial de la Salud y han sido utilizados durante décadas, están avalados por protocolos internacionales y se incluyen en guías de práctica clínica. A pesar de ello, la situación ha sido discutida durante años sin que se haya alcanzado una solución definitiva.
Regiones como Amazonas y Orinoquía presentan mayores tasas de mortalidad infantil por cáncer. Foto:Juan Pablo Rueda. EL TIEMPO
El documento enfatiza que los medicamentos son la columna vertebral del tratamiento oncológico infantil y que, sin la dosis, intensidad y frecuencia adecuadas, así como sin continuidad y oportunidad en su entrega, las probabilidades de curación disminuyen de forma significativa. La falta de disponibilidad o las demoras impactan directamente la supervivencia de los menores.
El llamado del manifiesto no apunta a la creación de nuevas leyes. Según la OICI, Colombia ya cuenta con un amplio marco normativo que reconoce la protección reforzada de los derechos de los niños y niñas con cáncer. El problema, advierte, radica en la aplicación efectiva de estas normas. “Las leyes por sí solas no salvan vidas”, afirma el texto, que reclama voluntad y humanidad por parte de las entidades responsables de hacerlas cumplir.
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En el apartado de compromisos, las organizaciones firmantes anuncian su disposición a impulsar soluciones inmediatas y efectivas, articulando esfuerzos con el Invima y el Ministerio de Salud y Protección Social, con el fin de resolver de manera prioritaria la indicación para el uso pediátrico de los 56 medicamentos identificados. De ser necesario, propone la conformación de una mesa de trabajo interinstitucional con metas de corto plazo, reuniones mensuales y mecanismos de seguimiento público.
El manifiesto concluye con un llamado a actuar sin que interfieran ideologías políticas ni debates sobre reformas estructurales. “Estamos hablando del derecho a la vida”, señala el texto, que insiste en que cada trámite administrativo puede significar la diferencia entre la vida y la muerte de un niño.
La mayoría de muertes por cáncer infantil en el país responden a factores más allá de la enfermedad. Foto:iStock
El documento es resultado del Foro Retos y Oportunidades del Acceso a la Salud de Niños con Cáncer, realizado el 12 de febrero de 2026 en el marco del Día Internacional del Cáncer Infantil, con el apoyo de la Corporación para el Desarrollo de la Seguridad Social (CODESS). El mensaje final es contundente: los niños y niñas con cáncer en Colombia no pueden seguir esperando. El momento de actuar, insiste el manifiesto, es ahora.
EDWIN CAICEDO
Periodista de Medio Ambiente y Salud
@CaicedoUcros
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