La neurorrehabilitación apoyada en tecnología robótica comienza a perfilarse como una alternativa que transforma el abordaje de la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) en Colombia, una enfermedad neurodegenerativa progresiva que compromete de manera severa la movilidad y la autonomía de quienes la padecen. En un país donde más de 3.000 personas viven con este diagnóstico y donde, en promedio, se detectan cuatro nuevos casos cada mes, los modelos de atención integral cobran relevancia frente a una condición que, tras su confirmación clínica, ofrece una esperanza de vida estimada entre dos y cinco años.
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La ELA afecta a cerca de medio millón de personas en el mundo y se considera una de las principales enfermedades neurodegenerativas. En Colombia, de acuerdo con cifras del Ministerio de Salud y Protección Social, se ubica como la tercera más frecuente, solo después del Alzheimer y el Parkinson. La mayoría de los casos se concentran en ciudades como Bogotá, Medellín y Cali, y el diagnóstico suele presentarse entre los 40 y los 70 años, con un pico alrededor de los 55.
En el contexto internacional, la incidencia anual de la ELA se sitúa entre dos y tres casos por cada 100.000 habitantes, mientras que la prevalencia puede llegar hasta 11 casos por cada 100.000 personas. Estas cifras reflejan no solo la magnitud del problema, sino también los retos que enfrentan los sistemas de salud para ofrecer una atención adecuada y especializada. La evolución de la enfermedad es variable y depende de múltiples factores, entre ellos la respuesta clínica del paciente, la calidad de la atención integral y el acceso a programas de rehabilitación.
La Esclerosis Lateral Amiotrófica compromete de forma progresiva la movilidad y la independencia. Foto:iStock
Desde el punto de vista clínico, la ELA es una condición neurodegenerativa progresiva cuyos síntomas dependen del área del sistema nervioso afectado. En algunos pacientes, las primeras manifestaciones aparecen como debilidad en manos, brazos o pies; en otros, como dificultades para hablar o tragar. Con el avance de la enfermedad, estas limitaciones pueden comprometer actividades básicas como caminar o alimentarse, impactando de manera directa la calidad de vida.
Uno de los mayores desafíos en la atención de la ELA es el retraso en el diagnóstico. El tiempo transcurrido entre los primeros síntomas y la confirmación de la enfermedad puede extenderse hasta por doce meses, una demora que suele estar asociada a derivaciones fragmentadas y diagnósticos errados. Este panorama, según advierte el comunicado, subraya la necesidad de una mayor conciencia sobre la enfermedad, tanto en la población general como entre los médicos de atención primaria, con el fin de reducir las brechas en la detección temprana.
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En respuesta a este escenario, la tecnología robótica aplicada a la neurorrehabilitación emerge como una herramienta que permite mejorar la funcionalidad y la autonomía de los pacientes. En Bogotá, el centro de neurorrehabilitación Mobility Group ha desarrollado un modelo de atención que integra robótica, biónica, realidad virtual e inteligencia artificial, articulado con un equipo interdisciplinario de profesionales de la salud.
El actor Eric Dane fue diagnosticado con ELA. Foto:X: @NetflixES
De acuerdo con Betsy Jaramillo, coordinadora de rehabilitación clínica de Mobility Group, este enfoque permite estimular la neuroplasticidad cerebral en distintas etapas de la enfermedad. «La neurorrehabilitación con un equipo interdisciplinario y el uso de la alta tecnología permite estimular la neuroplasticidad cerebral en distintas etapas de la enfermedad. Por eso, contar con un diagnóstico oportuno es clave: cuanto antes se inicie el proceso, mayor es la ventana para aprovechar esa capacidad de adaptación», explica.
El modelo de atención se sustenta en un principio que la organización denomina “humanización de la tecnología”, una visión que busca poner la innovación al servicio de la persona. Cada intervención contempla no solo los aspectos físicos del paciente, sino también sus dimensiones cognitivas, emocionales y sociales, con un enfoque que trasciende el modelo biomédico tradicional y apunta a mejorar la calidad de vida, la independencia, la salud mental y la reintegración social.
En este esquema, la robótica cumple un papel central al permitir ajustes precisos en el nivel de asistencia según las capacidades individuales. «La robótica nos permite ajustar con precisión el nivel de asistencia a las capacidades de cada persona, entrenar funciones como la marcha o el equilibrio y, al combinarlo con entornos virtuales, activar simultáneamente cuerpo y mente. Eso marca una diferencia real en la autonomía del paciente», señala Jaramillo.
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El enfoque también reconoce el rol activo del paciente como un factor determinante en los resultados del proceso de rehabilitación. La familia, por su parte, es considerada un pilar fundamental dentro del equipo terapéutico, al aportar apoyo emocional, motivacional y práctico. Este modelo biopsicosocial, ampliamente reconocido a nivel internacional, ha mostrado impacto en el desarrollo de capacidades, la reintegración social y la mejora de la calidad de vida.
EDWIN CAICEDO
Periodista de Medio Ambiente y Salud
@CaicedoUcros
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