Foto: El Espectador – José Vargas
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Después de 40 años, La Pestilencia anunció su retiro. Era de esperarse: de sus primeros integrantes solo queda Dilson Díaz, el punk parece desplazado por el reguetón y, como ellos mismos sentenciaron en su primer disco, “la muerte es un compromiso de todos”. Para este caso, la muerte es el fin de los escenarios. Aun así, no deja de representar un duelo doble: el de sus seguidores por la banda y el de la historia contracultural colombiana por uno de sus narradores más certeros.
Desde su primera grabación en 1989, La Peste les contó a los jóvenes la crudeza del país en que vivían y al país la frustración de sus jóvenes. Eran los tiempos del narcotráfico, la explosión del avión de Avianca y el asesinato de Lara Bonilla. Canciones como fango, «Trece millones desterrados, un ministro asesinado, otros masacrados. Un barco ha naufragado», describieron la realidad de entonces.
Para su segunda discoteca, las fuerzas armadas comenzaron a salirse de control. De ahí su canción soldado mutilado, que narra un caso real y reiterativo: una madre cuyo hijo es asesinado mientras presta servicio militar. La crítica es directa y descarnada: «Por las medallas de tu país, soldado mutilado, has sido condecorado: sin un brazo estás deformado. Bendiciones te da la nación».
Película es una canción que encara a la justicia y le exige acciones contundentes tras el asesinato de Luis Carlos Galán. La Dijín capturó, entonces, a Alberto Júbiz, un químico farmacéutico que en realidad no tenía nada que ver con el crimen. «Sonó un disparo como un cañón y cayó el señor. Todo el pueblo corrió, dos agentes del gobierno a un imbécil cogieron. En esta guerra cómplice han pagado muchos inocentes», acertó, una vez más, La Pestilencia.
En la década de los 2000, vivimos asesinatos, secuestros y masacres como la de Bojayá. Usar un arma contra otro ser humano parecía una respuesta lógica a cualquier confrontación. Llegó entonces balísticaun disco que desde su portada —cartuchos de balas quemadas—, le hablaba a un país pudriéndose entre violentos. «Generaciones haciendo violencia, poder y muerte. De dónde valores si me lloran en la nada y en el miedo», dijeron en sus letras.
Cada álbum de La Pestilencia es una radiografía de la sociedad colombiana en un tiempo y espacio puntuales. Es una denuncia de nuestros propios crímenes y una exposición de nuestros vicios. Un acto de memoria crítica que nos permite hacer catarsis a través del punk.

Por Laura Galindo
Periodista musical y cultural. Pianista de la Universidad Javeriana, magíster en piano de la Universidad Eafit, magíster en periodismo de la Universidad de Los Andes y MFA en Creative Writing de la New York University -NYU-. Editora cultural y presentadora en RTVC Noticias, de Señal Colombia.
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