En medio del crecimiento sostenido de la medicina estética en el país, los procedimientos clandestinos han comenzado a perfilarse como una de las principales preocupaciones del sector salud. Así lo advierte la médica Andrea Díaz, quien alerta sobre el avance de un mercado informal que, lejos de ofrecer soluciones seguras, expone a los pacientes a riesgos graves que pueden comprometer órganos vitales.
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Aunque Colombia es considerada una potencia regional en medicina estética, la expansión de prácticas ilegales ha abierto un escenario crítico. Según el especialista, el problema no se limita a resultados estéticos insatisfactorios, sino que alcanza dimensiones mucho más complejas desde el punto de vista clínico. Las complicaciones asociadas a estos procedimientos pueden ser severas e incluso irreversibles.
El uso de sustancias ilegales de bajo costo sigue poniendo en riesgo la vida de los pacientes. Foto:iStock
“No hablamos de simples errores estéticos; hablamos de infecciones generalizadas, necrosis de tejidos o embolias que pueden causar daños cerebrales o pulmonares fulminantes”, explica Díaz. La médica asegura que este tipo de casos no son aislados y que incluso ha tenido contacto con ellos durante su experiencia en unidades de cuidados intensivos, donde llegan pacientes con cuadros avanzados derivados de intervenciones ilegales.
Uno de los factores más preocupantes es el uso de biopolímeros, sustancias prohibidas que continúan circulando en el mercado negro debido a su bajo costo ya los efectos inmediatos de volumen que prometen. Entre estos materiales se encuentran la silicona líquida y aceites industriales, cuya aplicación representa un alto riesgo para la salud.
Díaz describe estos compuestos como “bombas de tiempo”, ya que pueden desencadenar reacciones adversas incluso años después de haber sido inyectados. En muchos casos, los pacientes no presentan síntomas inmediatos, lo que dificulta la detección temprana de complicaciones y agrava el pronóstico cuando finalmente aparecen.
La informalidad en este tipo de procedimientos, según el especialista, suele ser evidente si se prestan atención a ciertas señales. Promociones agresivas, precios considerablemente por debajo del mercado o la oferta de servicios en lugares no habilitados como consultorios médicos son algunos de los indicadores más comunes.
Expertos recomiendan verificar credenciales médicas y evitar ofertas sospechosas. Foto:iStock
«La ética siempre tiene una señal, el afán. Si te ofrecen un ‘2×1’ en rellenos o no te hacen historia clínica, algo no está bien», advierte Díaz. La ausencia de protocolos básicos, como la valoración previa del paciente o la firma de un consentimiento informado, constituye un riesgo adicional que muchas veces pasa desapercibido.
Para reducir estos peligros, la médica recomienda a los pacientes verificar que el profesional esté debidamente registrado en el Rethus (Registro de Talento Humano en Salud), así como exigir documentación que respalde la legalidad del procedimiento. Entre estos documentos se incluyen la tarjeta profesional del especialista, el consentimiento informado y los datos completos del producto que se aplican, como la marca, el lote y la fecha de vencimiento.
El factor económico también juega un papel determinante. En muchos casos, los precios bajos esconden el uso de insumos de contrabando, sustancias prohibidas o la intervención de personas sin formación médica adecuada. Esto limita la capacidad de respuesta ante posibles complicaciones, lo que puede derivar en consecuencias más graves para el paciente.
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“En estética, el precio también incluye la capacidad del médico de responder si algo sale mal”, subraya Díaz, quien insiste en que la seguridad debe ser el principal criterio al momento de elegir un procedimiento.
Cuando las complicaciones se manifiestan, el tratamiento puede ser complejo y, en algunos casos, invasivo. Las reacciones de los biopolímeros, por ejemplo, no siempre pueden revertirse completamente. Algunos pacientes requieren cirugías abiertas para retirar el material, lo que implica no solo riesgos adicionales, sino también secuelas físicas y cicatrices significativas.
Infecciones, necrosis y cirugías complejas son algunas de las consecuencias. Foto:iStock
Frente a este panorama, el especialista considera urgente fortalecer la regulación sobre la venta de dispositivos médicos y rellenos estéticos en el país. Asimismo, destaca la necesidad de promover una mayor educación entre los pacientes, de manera que puedan tomar decisiones informadas y priorizar su salud por encima de factores como el precio o la rapidez de los resultados. “Como médicos, nuestra misión no es solo embellecer; también es enseñar al paciente a proteger su salud”, concluye Díaz.
EDWIN CAICEDO
Periodista de Medio Ambiente y Salud
@CaicedoUcros
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