El fenómeno fan es raro en política. Son pocos los dirigentes que levantan pasiones, que llenan auditorios un día soleado de primavera o que provocan colas para sacarse una foto de recuerdo cuando acaba el mitin. Pero existen y seguro que las redes tienen algo que ver. “Prefiero llenar TikToks que bibliotecas, porque mi hijo mira el TikTok”, esgrime Gabriel Rufián tras encomiar los eslóganes cortos como “la España que madruga” que emplea Vox. “Una familia, una casa”, aporta ese género político. Todo ello sin dejar de hablar de la red social en la que proliferan el populismo y la extrema derecha a la que quiere combatir.
Cuando Rufián, que es uno de esos jóvenes políticos, entra junto a la líder de Podemos, la eurodiputada Irene Montero, y Xavier Domenech –que fue su rival y le ganó la partida en las generales del 2015 y del 2016– en el auditorio de la Universitat Pompeu Fabra es su equipo el que prende la mecha de los aplausos, pero el público la mantiene encendida e incluso hay ovaciones de los más y de los mayores –la gente en edad. de trabajar es minoría– que llenan la sala, en la que muchos inmortalizan el momento.
Podemos lleva a la plana mayor; Esquerra opta por el perfil bajo, como los comunes
El hecho de tener que entrar con un código QR y que el acto sea en la universidad quizás ayude a que los jóvenes decanten la balanza. Pero a diferencia de lo que pasó en Madrid, aunque en Barcelona había un poco más de aforo, nadie se queda en la calle.
Y si la edad del respetable es desigual, también lo es la representación de los partidos. Podemos lleva a la plana mayor; Esquerra opta por el perfil bajo, aunque Joan Tardà, prescriptor de la receta que hoy –en realidad desde hace años– propugna Rufián, tiene también su ovación. La misma fórmula escogen los comunes, que pasan desapercibidos y miran de reojo lo que algunos leen como una opa, aunque no parezca nada hostil.
Otro precursor de esa vía, el empresario Jaume Roures, que sentó en la misma mesa a Oriol Junqueras –ausente en la facultad de la Pompeu Fabra de Ciutat Vella– y Pablo Iglesias antes del 1-O, también asiste, igual que una militante griega de la izquierda ecologista que apenas habla español. “En Grecia tenemos a la izquierda dividida y ahora Alexis Tsipras prepara un nuevo partido”, lamenta. El mensaje de unidad que propaga Rufián le gusta. Como una joven profesora catalana afincada en Escocia, que aprovecha sus vacaciones para acudir al acto. Aunque fuera hace sol.




