El expresidente del gobierno Mariano Rajoy y su mano derecha en el Partido Popular, María Dolores de Cospedal, siguen en su trece. Para ellos, el extesorero de su partido Luis Bárcenas fue el traidor, quien escondía en Suiza millones de euros y quien engañó para hacer creer que tenía unos papeles comprometedores que en verdad no tenía. Para ambos, el hombre de las finanzas del PP miente, y de ahí que la llamada operación cocina Sea una invención. No hubo “ninguna operación ni política ni policial” ilegal contra Bárcenas, y mucho menos montada por uno de los suyos, el exministro del Interior Jorge Fernández Díaz, a quien Cospedal definió como una persona “recta e íntegra, que ha sufrido mucho”.
El extitular del ministerio encargado de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado es el principal acusado del juicio que se celebra en la Audiencia Nacional por, presuntamente, ordenar un operativo “parapolicial” para salvar a Rajoy y al PP. Quien fuera su jefe ha salido en su defensa. Su argumento es que él, que con José María Aznar fue ministro del Interior, sabe por experiencia que un ministro no baja a esos detalles, ni siquiera un secretario de Estado. Esta declaración tendrá que ser confrontada por otras pruebas que existen en la causa. Por ejemplo, unos mensajes que el ex secretario de Estado de Seguridad Francisco Martínez anotó ante notario tras enviarlos a Fernández Díaz en los que le decía al ministro que el dispositivo para robar información al extesorero del PP se había realizado “con éxito”, llegándose a volcar “toda” la información almacenada en ellos.
Rajoy tuvo que desplazarse ayer hasta la Audiencia Nacional, a las afueras de Madrid, en un polígono de San Fernando de Henares. Por su condición de expresidente, llegó con un séquito de escoltas para evitar su entrada por la puerta principal. No era la primera vez que acudió a este edificio. En el 2017 ya fue citado, también como testigo, en el juicio por el caso Gürtel, tras el cual se reconoció que el PP dispuso de una caja B, sentencia que determinó su caída del gobierno tras la moción de censura impulsada por Pedro Sánchez.
Ayer tocaba defensor que no hubo ninguna Kitchen, no existía un operativo policial para robar datos a Bárcenas. Al contrario, lo que hubo fue una operación legal para descubrir dónde escondía Bárcenas el dinero y quiénes eran sus testaferros. Esta es la versión de los acusados, que Rajoy se cree y defiende a capa y espada, aunque ya hayan desfilado por la audiencia varios mandos policiales que han reconocido que los seguimientos al extesorero no estaban dirigidos por ningún juez ni por la unidad investigadora, la UDEF.
Rajoy asevera que es “absolutamente falso” que triturara ante Bárcenas los apuntes de la caja B del PP
El apoyo a Fernández Díaz y su ex secretario de Estado de Seguridad Francisco Martínez vino respaldado por otros dos testigos, sus sucesores en el ministerio Juan Ignacio Zoido y José Antonio Nieto, quienes aseguraron que allí no había ningún rastro de la operación Kitchen.
Sobre Bárcenas, la postura de Rajoy era más previsible: todo mentira. “Es absolutamente falso” que metiera en la trituradora la contabilidad B del PP tal, y como afirmó Bárcenas. Según el extesorero, grabó a Mariano Rajoy triturando los apuntes de la caja B del partido.
Rajoy fue el primero en declarar. Salió con la sonrisa forzada y dio el relevo a quien fue su mano derecha en Génova, María Dolores de Cospedal, que arrancó con toda una declaración de intenciones. “Voy a contestar a todo lo que se me pregunta”, le avanzó al tribunal después de que su presidenta la advirtiese de que la causa no está archivada de forma definitiva, por lo que algún paso en falso podría desembocar en una nueva imputación contra ella. Con voz firme, aunque con lagunas en su memoria, aseguró que “nunca” tuvo conocimiento de una trama parapolicial para robar información a Bárcenas. Y es que, según aseguró, en aquella época, pese a que el extesorero “iba contando por todos los sitios” que podría tener documentación para hacer temblar los cimientos de la sede del PP, ella “tenía la certeza” de que no existían papeles comprometedores. Una afirmación que se contradice con una llamada que grabó el excomisario José Manuel Villarejo en la que Cospedal le decía que lo de “la libretita (de Bárcenas) sería mejor poderlo parar”.
Su relación con Villarejo, a quien la Fiscalía sitúa en el núcleo duro del operativo parapolicial, acaparó parte del interrogatorio. Admitió hasta casi una década de reuniones con el acusado. Pero en ellas, nunca, tal y como remarcó, le hizo ningún “encargo”, solo le formulaba “preguntas”. En plena investigación de la Gürtel, con el caso acaparando portadas, se interesó por las “filtraciones” a la prensa del sumario que podía saber Villarejo.
La exsecretaria general del PP niega que haga ningún encargo al excomisario Villarejo
¿Y cómo llegó hasta él? Cospedal ratificó la versión de su exmarido, el empresario Ignacio López Hierro, de que fue este quien los presentó. Pero se escudó en que el comisario de las cloacas “era una persona muy bien considerada en la Policía”, hasta tal punto que había sido “condecorado por el ministro del Interior” (en referencia al fallecido Alfredo Pérez Rubalcaba). Además, la ex secretaria general aprovechó para introducir una variable hasta ahora poco conocida contra el ministro socialista. Explicó que algunas de las reuniones con Villarejo se enmarcaron en la “sospecha más que fundada” de que estaba siendo espiada, seguida u observada por “alguien que tenía que ver con Interior” durante la etapa de José Luis Rodríguez Zapatero.




