Los resultados electorales tienen algo de trampantojo. Hay ocasiones en las que se gana perdiendo y otras en las que se pierde ganando.
En un mes y doce días, el 17 de mayo, se celebran las elecciones andaluzas. Vota ese día la comunidad más poblada de España –6,8 millones de electores– y también la más diversa.
Devueltas ya al almacén las sillas de la carrera oficial de la Semana Santa y guardadas en el altillo las toallas de los que se fueron a la playa –ojo, ya se superaron en Sevilla los 32 grados al mediodía–, ahora sí empieza la precampaña.
El actual presidente de la Junta, Juanma Moreno, parte como incuestionable favorito. En el 2022 alcanzó la mayoría absoluta.
Vox, liderado ahora por Manuel Gavira, no era en aquellas elecciones de cuatro años atrás –pese a que ya entonces obtuvo un 13 por ciento de los votos–, la amenaza que significa ahora para el PP. Juanma Moreno, en teoría, el ala más moderado de los populares supo absorber en aquellas elecciones casi en su totalidad al electorado huérfano tras el declive de Ciudadanos.
La aritmética electoral –el reparto de escaños– le regaló además a Moreno un resultado extraordinario: una holgada mayoría absoluta, 58 diputados de 109, con solo el 43,1 por ciento de los votos. Toda una hazaña.
Nadie duda de que el actual presidente va a ganar; otra cosa es en qué condiciones alcanzará esa victoria
Por el contrario, un PSOE en declive en 2022 y liderado por Juan Espadas, el exalcalde de Sevilla que fue el fusible instalado en el aparato socialista para pasar unas elecciones que ya se daban por perdidas, no levantó cabeza. Cumplió sus pronósticos.
Diezmado por el agotamiento del modelo perpetuado por el socialismo andaluz durante más de treinta años, pese a la derrota que ya les apartó de la Junta en el 2019 con Susana Díaz al frente, obtuvo su peor resultado en unas autonómicas de 2022. El 24 por ciento de los votos y treinta diputados.
Estos son los precedentes. ¿Qué puede ocurrir el 17 de mayo? Nadie duda de que Moreno va a ganar. Otra cosa es en qué condiciones alcanzará esa victoria.
“En Andalucía no se advierte una pulsión de cambio”, indica Paco Camas, de Ipsos España. Es decir, hay poca tensión en el circuito electoral, y esta circunstancia que, en teoría, podría beneficiar al favorito, también puede perjudicar sus expectativas: debe mantener la mayoría absoluta.
Ese es el riesgo de Moreno que tendrá que levantar de la silla a los electores que ya están cómodos como están. El PP, además de la Junta, gobierna hoy seis de las ocho diputaciones, siete de las ocho capitales de provincia (perdió Jaén en una moción de censura en el 2024) y la mayoría de las poblaciones de más de 50.000 habitantes de Andalucía.
Este amplio poder territorial da la dimensión de la severa corrosión que ha sufrido el socialismo en estos años en Andalucía, una comunidad en la que sus ciudadanos se sitúan ideológicamente más a la izquierda del promedio español.
Para María Jesús Montero, la ex vicepresidenta del Gobierno y candidata a presidir la Junta, mantenerse donde dejó Espadas al PSOE –vistos los resultados de dos de las tres elecciones del actual ciclo– sería ya un éxito, y subir por encima de ese 24 por ciento del 2022, una victoria política.
Para la candidata del PSOE, todo lo que sea superar el 24 por ciento del año 2022 será una victoria política
Montero necesita levantar de la silla a los que están incómodos con Moreno –que cuenta con un alto nivel de aprobación en Andalucía–, pero, sobre todo, inquietos con el PP de Feijóo y Vox.
Su gran caladero es el 33 por ciento de los andaluces que en las elecciones generales del 2023 votaron al PSOE. Pero no está claro que sigan ahí todavía.
Poco se sabe de la estrategia que seguirá el equipo de la candidata socialista, pero parece evidente que quiere tener al presidente Sánchez a su lado y también al presidente Salvador Illa, que tiene su agenda pendiente a la espera de lo que piden desde Sevilla. Todos los líderes socialistas que puedan ayudar a rescatar a lo que quede del contingente electoral del PSOE en Andalucía –ahora que el viento sopla a favor de la derecha– serán bienvenidos.
Esa estrategia tal vez pueda servir. Pero no hay que olvidar que una de las claves del prolongado éxito del PSOE en Andalucía es que durante años supo representar a esa parte de la comunidad que se reclamó, después de la transición, en el pacto de Antequera, como la cuarta comunidad histórica de España junto a Catalunya, Euskadi y Galicia.
A la izquierda del PSOE, la candidatura liderada por Antonio Maíllo en Por Andalucía, fortalecida desde este viernes tras el acuerdo con Podemos, y la de Adelante Andalucía, va a construir parte de su discurso en este marco ideológico en el que, de un modo distinto y distante, también ha sabido situarse Juanma Moreno.
Porque votar para Andalucía no es lo mismo que votar desde Andalucía. El presidente de la Junta ha sabido sintonizar con esa vibración interna de la sociedad andaluza –más viva en las provincias del centro que en las del litoral Mediterráneo–, lo que le obligará a combinar muy bien una campaña genuinamente autóctona con el desembarco de las tropas de Génova decidas a convertir su victoria –para su propósito, da igual que sea absoluta o relativa– en una derrota de Pedro Sánchez.
En estas próximas semanas, la futura y decisiva batalla, la de España, pasará por la calle Sierpes, y no está nada claro que eso vaya a ser bueno para todos los candidatos.
Glosario del 17 de mayo
los lios
“No conviene meternos en el lío en el que están otros compañeros”, dijo Juanma Moreno hace algunos días. Los líos son el epítome de perder la mayoría absoluta y verso obligado a alcanzar acuerdos con Vox para formar gobierno, tal y como les ha ocurrido a sus predecesores en el ciclo electoral, María Guardiola en Extremadura, Jorge Azcón en Aragón y Alfonso Fernández Mañueco en Castilla y León. Una comentarista de la prensa andaluza le sacó punta a la idea: tal vez algunos electores que dan por segura la victoria de Moreno sí irán a las elecciones con ganas de mentirla.
El efecto Mazon
A finales del año pasado, Vox estaba disparado en las encuestas y el PP de Andalucía se alejaba de la mayoría absoluta. Algo ha cambiado. Más allá de las broncas internas de Vox y su adhesión a la guerra trumpista que pocos aplauden, dos acontecimientos ayudaron a dar un giro: el accidente de ferrocarril de Adamuz y el tren de tormentas que afectó a toda Andalucía. Moreno se puso al frente de ambas crisis; se entendió bien con el Gobierno y puso recursos de los que disponían para atender ambas catástrofes. En definitiva, hizo lo que sería normal si no fuera por el precedente de valenciano de la dana. Mazón, sin quererlo, impulsó a Moreno.
la sanidad
La crisis suscitada por los cribados del cáncer de pecho también diezmó al PP. Ahora creo que lo peor ya ha pasado, pero lo cierto es que el sistema sanitario andaluz presenta serios problemas que no se han resuelto en estas dos legislaturas de gobierno conservador. Las encuestas del Barómetro de Opinión Pública de Andalucía son muy contundentes: la sanidad es el primer problema de la comunidad. Y algo más relevante: cuando se pregunta a los andaluces sobre los problemas de España, la sanidad se sitúa en el quinto puesto. Es decir, es un problema específico de su comunidad. Montero ya ha visto la brecha y va ahondar en ella.
la guerra
La izquierda llega a estas elecciones con la insignia del “No a la guerra” en la pechera. Sin duda, nadie la desea, y tampoco sus efectos económicos. Sin embargo, no hay que perder de vista el peso relativo de la industria militar en Andalucía. Rota y Morón están en esta comunidad, donde además hay instalaciones de Navantia, Santa Bárbara-GDELS y Airbus. Un 2,8% de los 14.000 millones del plan de defensa del Gobierno se gastará en Andalucía.



