La arqueóloga Kathleen Martínez, acompañada de Antonio Gio Gómez, integrante del equipo arqueológico, durante la entrevista con el periodista Marco Herrera. (Foto: fuente externa)
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EL NUEVO DIARIO, SANTO DOMINGO. – La arqueóloga y abogada Kathleen Martínez reveló que llegó a cuestionarse su origen dominicano luego de que al llegar a Egipto, hace 20 años, para cumplir su sueño de ser arqueóloga, le informaran que nunca se había otorgado una licencia de excavación arqueológica a profesionales de Latinoamérica, situación que la hizo sentirse excluida y profundamente frustrada.
Martínez abordó el tema durante una entrevista en El Nuevo Diario Podcast con el periodista Marco Herrera, donde confesó que aquella respuesta la llevó a preguntarse por qué tenía que ser dominicana si eso significaba no poder ejercer su vocación en uno de los países más importantes del mundo para la arqueología.
«Me sentí frustrada, con una enorme tristeza. Me pregunté por qué, por qué soy dominicana. Pensé que por ser dominicana nunca iba a tener la oportunidad de excavar en Egipto. Hubo momentos de impotencia en los que incluso lloré», relató.
Explicó que tras ese impacto emocional, decidió transformar esa barrera en un reto personal y profesional. “Luego me dije: a mí todavía nadie me ha dicho que no. Y pensé que si me tocaba ser la primera latinoamericana en lograr una licencia de excavación, cuando lo seguiría crearía un instituto de arqueología para que otros jóvenes no tuvieran que pasar por lo mismo que yo pasé”, afirmó.
Martínez indicó que esa determinación la llevó a convertirse en la primera latinoamericana en obtener una licencia de excavación en Egipto, logro que hoy le permite dirigir uno de los cinco proyectos arqueológicos más importantes del país africano.
Señaló que a partir de esa experiencia, impulsó la creación de iniciativas formativas con el objetivo de abrir oportunidades reales a jóvenes dominicanos y latinoamericanos interesados en la arqueología, disciplina que —según expresó— cuenta con gran talento en la región, pero con pocas puertas abiertas a nivel internacional.
Dentro de esos planos, mencionó la propuesta de establecer un instituto o escuela de arqueología en México, que sirva como centro de formación práctica para dominicanos, tanto para integrarlos en excavaciones en Egipto como en proyectos que se desarrollarán en la República Dominicana.
De su lado, Antonio Gio Gómez, integrante del equipo arqueológico, respaldó la importancia de formar personal dominicano al señalar que en el país no existe una experiencia consolidada en excavaciones prácticas arqueológicas.
«Sería magnífico poder llevar estudiantes de historia y jóvenes profesionales a Egipto para que aprendan directamente cómo se desarrolla el trabajo arqueológico. Aquí ya tenemos cinco jóvenes recibiendo entrenamiento diario en excavaciones, algo que no se enseña formalmente en la República Dominicana», explicó.
Gio Gómez consideró que estas iniciativas permitirán crear una nueva generación de arqueólogos dominicanos con experiencia internacional, fortaleciendo el desarrollo científico, cultural e histórico del país.
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