Un equipo internacional de científicos identificó un nuevo actor molecular que podría cambiar el rumbo de las terapias contra la osteoporosis, una enfermedad que afecta a millones de personas y genera fracturas incapacitantes. El estudio, publicado en Signal Transduction and Targeted Therapy, revela que el receptor mecanosensible GPR133/ADGRD1 desempeña un papel esencial en la formación ósea, el funcionamiento de los osteoblastos y el equilibrio entre creación y degradación del hueso.
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Los investigadores, encabezados por Juliane Lehmann y colaboradores de instituciones de Alemania, China y Estados Unidos, señalan que la pérdida de función de este receptor conduce a un cuadro osteopénico similar al de la osteoporosis humana. Por el contrario, la activación farmacológica del receptor promueve la formación de hueso y revierte el deterioro óseo en modelos animales.
Esta enfermedad afecta principalmente a los adultos mayores. Foto:iStock
Un blanco terapéutico impulsado por la genética.
El punto de partida del estudio fueron diversas asociaciones genómicas en humanos que habían vinculado variantes del gen GPR133/ADGRD1 con diferencias en la densidad mineral ósea y la estatura. Sin embargo, su función real en la fisiología del hueso no estaba clara.
Para comprenderlo, los científicos generaron modelos de ratón con la eliminación constitutiva del gen y otros con una eliminación específica en precursores de osteoblastos. En ambos casos, los resultados fueron consistentes: los animales mostraron reducción del grosor cortical, menor número y espesor de las trabéculas y disminución de la densidad mineral ósea, tanto en fémures como en vértebras. Se trataba de un fenotipo que reproducía los rasgos principales de la osteoporosis.
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Además, las pruebas de resistencia mecánica mostraron una menor fuerza del hueso en los ratones modificados, incluso cuando las alteraciones estructurales parecían moderadas. Huesos más delgados, más frágiles y con menor volumen confirmaron que la ausencia del receptor alteraba profundamente la homeostasis ósea.
Generalmente no hay síntomas de osteoporosis hasta una fractura. Foto:iStock
El estudio también detalla en qué células actúan el receptor. Aunque se detectó expresión de Gpr133/Adgrd1 en diferentes tipos celulares, su influencia más marcada se observará en los osteoblastos, las células encargadas de producir matriz ósea.
Los ratones deficientes presentaron niveles reducidos del marcador de formación ósea P1NP y un aumento del marcador de resorción CTX, mostrando un desequilibrio hacia la pérdida de hueso. En análisis histológicos, se confirma una caída significativa en el número y actividad de osteoblastos.
Los experimentos in vitro replicaron esos hallazgos. Tanto células madre mesenquimales como líneas precursoras de osteoblastos mostraron una menor expresión de genes clave de diferenciación —entre ellos RUNX2, OSX, ALP y osteocalcina— en ausencia del receptor. También disminuyó la actividad de ALP y la capacidad de mineralizar, dos indicadores directos del proceso de formación ósea.
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El desequilibrio no se limitó a la formación: la pérdida del receptor estimuló la actividad osteoclástica. Aunque los propios osteoclastos también expresan GPR133/ADGRD1, los investigadores muestran que una disminución en osteoprotegerina (OPG) —producida por osteoblastos— explica el incremento en células degradadoras de hueso.
El riesgo de fractura aumenta significativamente con la edad y la menopausia. Foto:iStock
La reducción de OPG, junto con niveles estables de RANKL, deja sin freno la activación de osteoclastos, profundizando el deterioro de la estructura ósea.
Uno de los aspectos más llamativos del estudio es que demuestra que GPR133/ADGRD1 no se activa solo químicamente, sino también mediante fuerzas mecánicas. El receptor interactúa con PTK7, un ligando transmembrana que participa en su activación. Los ensayos con estiramiento celular confirmaron que esta combinación de señales desencadena rutas funcionales en los osteoblastos.
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A nivel molecular, el receptor incrementa los niveles de cAMP, lo que activa la proteína PKA. Esta, a su vez, interfiere con la fosforilación degradativa de β-catenina, permitiendo su acumulación y potenciando la diferenciación osteoblástica. El hallazgo es relevante porque vincula un receptor mecanosensible con la ruta Wnt/β-catenina, pilar del desarrollo y mantenimiento óseo.
Una molécula experimental revierte la osteoporosis en ratones
El hallazgo más prometedor del estudio es que un agonista específico del receptor, denominado AP503, logró activar GPR133/ADGRD1, aumentar cAMP y mejorar la diferenciación osteoblástica tanto en cultivos como en animales.
En un modelo de osteoporosis inducida por ovariectomía —el estándar experimental para simular la osteoporosis posmenopáusica—, el tratamiento con AP503 redujo de forma significativa la pérdida de masa ósea, demostrando un potencial terapéutico directo.
Los autores enfatizan que los tratamientos actuales contra la osteoporosis presentan limitaciones importantes, desde efectos adversos graves hasta pérdidas de eficacia a largo plazo. Por eso, considera que GPR133/ADGRD1 se posiciona como un candidato sólido para el desarrollo de fármacos, especialmente debido a que la familia de receptores GPCR es uno de los blancos más utilizados por medicamentos aprobados por la FDA.
El trabajo no solo revela una pieza desconocida del rompecabezas de la formación ósea, sino que describe una vía completa, modulable farmacológicamente y respaldada por evidencia genética y experimental.
EDWIN CAICEDO
Periodista de Medio Ambiente y Salud
@CaicedoUcros



