Respirar en una ciudad colombiana no es un acto inocuo. Es, cada vez más, una exposición constante a un riesgo invisible que no solo irrita los ojos o la garganta, sino que puede terminar en un infarto, un derrame cerebral o incluso condicionar la vida desde antes de nacer. Así lo evidencian, por un lado, un reciente informe internacional sobre calidad del aire y, por otro, investigaciones académicas y voces expertas que coinciden en una advertencia: la contaminación atmosférica en el país es un problema estructural de salud pública que aún no se aborda con la profundidad necesaria.
LEA TAMBIÉN
El punto de partida es contundente. Según el más reciente Informe Anual sobre la Calidad del Aire en el Mundo de IQAir, revelado en primicia por EL TIEMPO y con datos de 2024, ninguna de las principales ciudades de Colombia cumple con los estándares de calidad del aire establecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Aunque el país ha mostrado un nivel de reducción en la concentración de material particulado fino (PM2.5), los niveles siguen siendo peligrosos.
El documento ubica a Colombia en el puesto 82 entre 138 países analizados, mientras que Bogotá aparece en el lugar 73 entre 121 capitales evaluadas. La cifra promedio anual de PM2.5 en el país fue de 13,8 µg/m³, un nivel mejoría frente a años anteriores, pero aún por encima de los límites recomendados. En marzo de 2024, varias ciudades alcanzaron picos de alarma: en Bello y Envigado, por ejemplo, se registraron concentraciones superiores a 30 µg/m³, más de seis veces el nivel de referencia anual de la OMS.
Investigaciones revelan que la exposición prolongada a contaminantes está ligada a muerte prematura. Foto:César Melgarejo
Detrás de estos números hay una combinación de factores: alta densidad vehicular, emisiones industriales, incendios forestales y fenómenos meteorológicos como las inversiones térmicas. A esto se seman fuentes transfronterizas, como el humo de incendios en otros países y gases volcánicos. Pero lo más preocupante no es solo el dato ambiental, sino su traducción en salud.
Más allá de los pulmones
“El impacto de la mala calidad del aire no se concentra únicamente en el sistema respiratorio”, advierte el médico y ambientalista Camilo Prieto. “Órganos como el cerebro y el corazón también se ven afectados”.
Según explica, una de las principales causas de muerte asociadas a la contaminación del aire son los eventos cerebrovasculares —los llamados derrames cerebrales— y el infarto agudo de miocardio. En el plano respiratorio, el panorama tampoco es menor: infecciones, enfermedades irritativas y cáncer de pulmón hacen parte del cuadro.
Esta visión es compartida por la ingeniera química Beriny Ruiz, docente de la Universidad ECCI, quien describe una progresión que va desde síntomas inmediatos hasta consecuencias a largo plazo. «En el corto plazo podemos ver alergias, tos, irritación o inflamación. Pero la exposición prolongada, incluso a bajas concentraciones, está asociada a muerte prematura», señala.
LEA TAMBIÉN

Esa muerte prematura no ocurre de forma súbita, sino como resultado de enfermedades que se desarrollan con el tiempo: accidentes cerebrovasculares, cardiopatías, asma o cáncer de pulmón. Todo esto, explica Ruiz, está relacionado con los llamados “criterio de contaminantes”, definidos en la normativa colombiana: dióxido de azufre, dióxido de nitrógeno, ozono troposférico, material particulado y monóxido de carbono.
La mayoría de estos contaminantes provienen de procesos de combustión: vehículos que usan gasolina o diésel, industrias, quema de biomasa o incluso el uso de leña. Es decir, forman parte del día a día de las ciudades.
Los más vulnerables
Aunque la contaminación afecta a toda la población, no lo hace de manera homogénea. Hay grupos particularmente sensibles. Niños menores de cinco años y adultos mayores encabezan la lista. En ellos, explica Prieto, los efectos pueden ser más severos debido a un sistema inmunológico más vulnerable. Pero el impacto en los niños va más allá de lo físico inmediato.
“La exposición a mala calidad del aire puede generar alteraciones en el desarrollo cognitivo”, advierte. Es decir, puede afectar la forma en que el cerebro se desarrolla y, por ende, las capacidades de aprendizaje y pensamiento. Y lo más crítico: estos efectos suelen ser difíciles de revertir.
Aunque los niveles de contaminación han bajado, ninguna ciudad cumple con los estándares internacionales. Foto:Archivo EL TIEMPO
Ruiz amplía el espectro de vulnerabilidad: además de niños y adultos mayores, incluye a mujeres embarazadas y personas con comorbilidades. En estos grupos, la interacción entre contaminación y condiciones preexistentes puede agravar los efectos.
El caso de las mujeres gestantes es especialmente revelador. Una investigación liderada por académicos de la Universidad de los Andes encontró que la calidad del aire en Bogotá puede incidir directamente en el peso con el que nacen los bebés.
El estudio, que analizó datos entre 2018 y 2022, encontró que la exposición a monóxido de carbono durante el tercer trimestre del embarazo aumenta en un 3 % la probabilidad de bajo peso al nacer. El dióxido de azufre añade un 1 % adicional y el dióxido de nitrógeno un 0,6 %.
LEA TAMBIÉN

Estos hallazgos ayudan a explicar un fenómeno inquietante: Bogotá presenta de forma sistemática la mayor proporción de bajo peso al nacer (BPN) en el país, a pesar de ser la ciudad con mayor desarrollo económico y acceso a servicios de salud. La cifra pasó del 13,48 % en 2018 al 15,24 % en 2022.
La investigación también muestra que el problema tiene un fuerte componente territorial y social. Las localidades del sur —como Ciudad Bolívar, Usme, San Cristóbal y Rafael Uribe Uribe— concentran la mayor prevalencia de casos, especialmente en estratos bajos.
Expertos alertan que la mala calidad del aire afecta el desarrollo cognitivo infantil. Foto:Mauricio Moreno / El Tiempo
Más del 90% de los casos de bajo peso al nacer se concentran en estratos 1, 2 y 3, lo que confirma que no se trata solo de un problema médico, sino de inequidad social. A esto se suman factores como inseguridad alimentaria, menor acceso a servicios de salud y condiciones ambientales adversas.
Uno de los hallazgos más críticos es que, aunque Bogotá tiene alta cobertura de controles prenatales, estos no están abordando los determinantes ambientales. Es decir, el sistema de salud sigue mirando el embarazo desde el consultorio, sin incorporar variables como la calidad del aire.
Una norma que no protege
Para los expertos, parte del problema radica en la regulación. Prieto señala que la norma colombiana de calidad del aire, vigente desde 2017, es considerablemente más laxa que los estándares de la OMS.
“En el caso del material particulado PM2.5, el estándar colombiano es cinco veces más permisivo que el de la OMS”, explica. En la práctica, esto significa que el país puede cumplir su propia norma y aún así exponer a la población a niveles dañinos. “De nada le sirve a Colombia cumplir con una norma que no está alineada con la ciencia”, concluye.
Esta brecha normativa se refleja en la realidad: aunque el país reporta mejoras, ninguna ciudad logra cumplir con las directrices internacionales.
LEA TAMBIÉN

Frente a este panorama, las recomendaciones coinciden en varios frentes. Desde el nivel individual, los expertos insisten en la importancia de informarse y tomar decisiones cotidianas: revisar los índices de calidad del aire, evitar actividad física en momentos críticos y reducir el uso de vehículos particulares.
Pero el peso de la solución recae, sobre todo, en las políticas públicas. Ruiz plantea la necesidad de fortalecer la transición hacia sistemas de transporte menos contaminantes, mejorar los controles sobre emisiones industriales y garantizar el cumplimiento de las normas existentes, tanto en fuentes fijas como móviles.
la contaminación del aire en el país no solo afecta los pulmones: aumenta el riesgo de infartos. Foto:Área Metropolitana del Valle de Aburrá
También subraya un aspecto poco visible: el arbolado urbano. Más allá de lo estético, los árboles cumplen con un papel clave en la captura de contaminantes y en la regulación de microclimas. Sin embargo, su planificación sigue siendo insuficiente en muchas ciudades.
Otro punto crítico es la información. Prieto advierte que, fuera de ciudades como Bogotá y Medellín, el acceso a datos en tiempo real sobre calidad del aire es limitado o inexistente. Muchas estaciones no operan o presentan rezagos, lo que impide a los ciudadanos tomar decisiones informadas.
Finalmente, ambos expertos coinciden en la necesidad de articular la calidad del aire con la salud pública. Hoy, muchos diagnósticos —asma, tos, enfermedades respiratorias— no se relacionan con su origen ambiental, lo que dificulta el diseño de políticas efectivas.
EDWIN CAICEDO
Periodista de Medio Ambiente y Salud
@CaicedoUcros
! function (f, b, e, v, n, t, s) {
if (f.fbq) return;
n = f.fbq = function () {
n.callMethod ?
n.callMethod.apply(n, arguments) : n.queue.push(arguments)
};
if (!f._fbq) f._fbq = n;
n.push = n;
n.loaded = !0;
n.version = '2.0';
n.queue = ();
t = b.createElement(e);
t.async = !0;
t.src = v;
s = b.getElementsByTagName(e)(0);
s.parentNode.insertBefore(t, s)
}
(window, document, 'script', 'https://connect.facebook.net/en_US/fbevents.js');
fbq('init', '2639268933010768');
fbq('track', 'PageView');



