Es probable que estés leyendo esto sujetando el móvil con una sola mano. Si es así, echa un ojo a tu dedo meñique. ¿Está soportando todo el peso del dispositivo? Ahora quita el teléfono. Si observas una pequeña hendidura, un aplanamiento en la piel o sientes una leve molestia, acabas de encontrarte con un fenómeno conocido como meñique del teléfono inteligente o «el meñique del smartphone». Es uno de los males fisicos que causa el uso prolongado del teléfono inteligente.
Lo que comenzó como una curiosidad. en redes sociales ha obligado a la comunidad científica a pronunciarse. Aunque no hay un diagnóstico reconocido oficialmente en los manuales médicos, la sintomatología que describir es muy real y una señal de alerta de que nuestra biomecánica no está preparada para dispositivos que ya superan los 200 gramos.
la deformidad. El mayor temor que ha circulado por internet es que el peso del móvil está torciendo o deformando los huesos de la mano de forma permanente. Sin embargo, la evidencia radiológica ha desmentido esto categóricamente.
Un estudio publicado en el Revista de Medicina Contemporánea sometió a rayos X las manos de usuarios intensivos (más de cuatro horas diarias) y la conclusión fue clara: no existen cambios óseos ni desviaciones en las falanges provocadas por el teléfono.
Entonces, ¿Qué es ese «bollo» que vemos?
La investigación señala que lo que percibimos es una discrepancia en el tejido blando. Al igual que los calcetines dejan marcas en los tobillos o las gafas en el tabique nasal, el peso del smartphone comprime la piel y la grasa subcutánea. Aunque nuestros huesos no cambian, se confirma una relación significativa entre el uso prolongado y esta deformidad temporal. Que, por cierto, puede ir acompañado de dolor.

Un peligro invisible. A pesar de que el hueso está a salvo, el sistema nervioso no tanto. Expertos citados por Hinge Health advierten que el verdadero riesgo no es estético, sino neurológico. El dedo meñique es una pieza clave en nuestra fuerza de agarre (aporta casi el 33% de la fuerza total) y está conectado directamente con el nervio cubital.
Al forzar el meñique para que actúe como base del móvil, estamos comprimiendo este nervio en su trayecto. Esto puede derivar en patologías como el síndrome del túnel cubital (con hormigueos y entumecimiento). De hecho, investigaciones recientes centrados en población universitaria han detectado que hasta un 59,9% de los usuarios intensivos presentan sintomatología compatible con este tras realizar pruebas de flexión de codo.

malos hábitos. El problema de fondo es la desconexión entre cómo usamos la tecnología y cómo creemos que la usamos. Un estudio transversal que analizó a 500 participantes reveló una cifra preocupante: el 64,6% de los usuarios sujetan el teléfono de manera incorrecta desde el punto de vista de la ergonomía. De los participantes, el 74,4% nunca había escuchado el término meñique del teléfono inteligente ni asociaba su dolor de manos al uso del dispositivo.
Las referencias recogidas en revisión del Revista Internacional de Ciencias e Investigación de la Salud sugiere que, aunque no hay cambios morfológicos permanentes, la repetición constante de estas posturas forzadas puede acabar generando estrés muscular y fatiga en los tendores flexores. No es que el móvil nos deforme, es que estamos obligando a nuestra anatomía a adoptar posturas para las que no ha evolucionado.


Los PopSockets ayudan a sujetar el móvil para evitar daños en su uso prolongado
Corregir la biomecánica. La conclusión de los especialistas no es alarmista: se centra en la prevención. El meñique del teléfono inteligente es un aviso del cuerpo. Publicaciones como el Boletín médico de Haseki catalogan la deformidad ósea como «más mito que realidad», pero insisten en que ignorar el dolor puede cronificar lesiones en los tejidos blandos.
¿Cómo podemos evitar los malos hábitos? La solución no es dejar de usar la tecnología, sino cambiar el agarre. Los expertos recomendarán evitar que el meñique soporte el peso inferior, alternar de mano frecuentemente y utilizar accesorios de agarre (PopSockets o anillos traseros) que redistribuyen la tensión. El objetivo es que todo el peso del dispositivo no recaiga sobre el dedo más pequeño de la mano: fue diseñado para agarrar, pero no para soportar cientos de gramos durante horas sin interrupciones.
Imagen de portada | Generada por Pepu Ricca para Xataka Móvil
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