Víctor de Aldama es el hombre del momento. Como cada día desde que empezó el juicio contra él, el exministro José Luis Ábalos y el exasesor Koldo García, ayer volvió a llegar en un coche negro, con conductor propio, elegante, con su traje y camisa blanca, sin corbata eso sí, un pañuelo en el bolsillo de la chaqueta y una cruz en la solapa. Sin embargo, ayer fue distinto. Salió del coche y se dirigió a los periodistas apostados en la entrada del Tribunal Supremo y les regaló una caja repleta de cruasanes para endulzarles la espera y la mañana.
Aldama ha sido el gran beneficiario del ‘trama Koldo’. Según la investigación, llegó a facturar cerca de 7 millones de euros por sus contactos con Ábalos. Porque los contratos no sólo salen de empresas públicas vinculadas al Ministerio de Transportes. Logró que el hombre fuerte del Gobierno entre el 2018 y 2021 le abrira las puertas a otros ministerios así como a comunidades autónomas como Baleares o Canarias.
Para lograr esos beneficios se granjeó la amistad de Ábalos y su hombre de confianza, a quienes habrían pagado dinero en efectivo así como ciertos regalos como disfrute de diversas casas, según ha reconocido el propio Aldama aunque éstos lo nieguen. Cuando vinieron mal dadas, no dudó en coger a un buen abogado y dejar ‘vendidos’ a quienes habrían corrompido.
Ahora Aldama está libre y Ábalos y Koldo García presos. Él lleva un prestigioso abogado, ex magistrado de la Audiencia Nacional, mientras que Ábalos ha cambiado ya tres veces de abogado, el procurador le reclama la minuta por impago y no ha hecho frente a la fianza impuesta por el Tribunal Supremo.
Aldama se ha convertido en el héroe de muchos por señalar a los políticos corruptos. Venta en programas de televisión, se ha convertido en una autoridad en la materia y acumula ya más de 140.000 seguidores en redes sociales. Incluso el día antes de arrancar el juicio, emitió un vídeo en su cuenta para dar las gracias por “todo el apoyo, el cariño, por el calor y los ánimos para afrontar el juicio”.
En el banquillo de los acusados, a Aldama se le ve más tranquilo, mientras que a Ábalos y Koldo García les pesa el traslado diario desde la cárcel de Soto del Real hasta el Tribunal Supremo para llegar en hora a la vista oral. El empresario se distrae con su móvil, algo que no pueden hacer los otros dos acusados porque no pueden disponer de aparato telefónico estando en prisión. El primero se enfrenta a siete años de cárcel mientras que el exministro podría acabar condenado a un cuarto de siglo.
Con Carmen Pano pasa algo similar. Esta empresa reconoció ayer que fue a la sede del PSOE en la calle Ferraz a entregar 90.000 euros en dos tandas. Participó en el pago a Ábalos de una casa en Cádiz tras pedir que mediara para lograr una licencia para que la empresa de hidrocarburos Villafuel pudiera operar. Eso sí, cuando dejó de ser ministro, se cerró el grifo por orden del otro socio, Claudio Rivas.
Pano se plantó ayer ante el tribunal para reconocer los pagos. Fue como testigo, con otro abogado de prestigio al lado -también exmagistrado de la Audiencia Nacional- pero eso sí, con una investigación a cuestas junto a Aldama y el tercer socio de hidrocarburos por un presunto fraude de cerca de 200 millones de euros.
Lo que pasa es que Ábalos, y por ende su mano derecha, eran quienes debían cuidar el dinero público, protegerlo y gestionarlo. Aldama, Pano y Rivas son empresarios que buscaron atajos para hacer negocio. Ábalos era el político, el gestor del dinero del PSOE como secretario de Organización, y el ministro que dirigía uno de los departamentos con más presupuesto. A él le habían votado los ciudadanos, a Aldama no.



