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En medio de numerosas guerras a nivel global, la desigualdad y el desgaste institucional de republica dominicanael Sermón de las Siete Palabras de la Iglesia Catolica se convirtió, una vez más, en un espacio de denuncia socialcuestionamiento directo al empresariado ya los tres poderes del Estado y un llamado a la conciencia.
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La reflexión de este año presentó una diagnostico critico de las principales fracturas del país, abordadas desde las frases pronunciadas por Jesucristo durante su crucifixión.

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La ceremonia comenzó con las palabras de apertura de monseñor carlos tomás morel diplanarzobispo coadjutor de la Arquidiócesis de Santo Domingoquien invitó a la oración, la contemplación ya «colocar la mirada en la cruz», en un momento que definió como crucial para la humanidad.
Una iglesia desconectada
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La primera palabra, «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen», estuvo a cargo del reverendo padre Francisco Benito Alvarado Herreraadministrador parroquial de la parroquia Nuestra Señora de la Fe del Distrito Nacionalquien dirigió una de las críticas más severas hacia la propia Iglesia y la sociedad.
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Cuestionó que la Iglesia a veces se muestra más cercano al poder que a los vulnerables.

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Además, el religioso denunció el abandono de los ancianos, enfermos e inmigrantes, así como el impacto de las redes sociales en los jóvenes, a quienes describieron como expuestos a personas influyentes que actúan como «falsos profetas» digitales.
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También abordó la violencia de géneroel acceso a armas, drogas y alcohol, y la complicidad de sectores llamados a regular estos problemas y priorizando, en su lugar, la publicidad gubernamental.
Critica a los megaproyectos
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La segunda palabra, «Hoy estarás conmigo en el paraíso», desarrollada por el Padre Mario de la Cruz Campusano.de la parroquia Nuestra Divina Providenciase centró en la desigualdad social.
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El reverendo contrastó los salarios altos de funcionarios públicos con los ingresos de trabajadores que apenas cubren sus necesidades básicas.
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Criticó, también, que se prioriza grandes obras frente a carencias en salud, educación y vivienda, así como el colapso del sistema hospitalario.

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En uno de sus momentos más directos, cuestionó la falta de acceso de comunidades empobrecidas a las autoridades, incluyendo al presidente Luis Abinadera quién, aseguró, solicitó por varias vías una cita para exponer diferentes situaciones, pero nunca recibió respuesta.
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«Las más de 200,000 personas a mi cargo y los tres millones por otro lado, a través de la parroquia y la pastoral familiar, en su mayoría pobres, no son parte de la agenda y no tienen acceso al presidente y los funcionarios”, denunció el cura.
Mujeres violentadas
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La tercera palabra, «Mujer, ahí tienes a tu hijo», expuesta por José Ricardo Rosado Acosta, de la parroquia San José de Calasanz, abordó la situación de las mujeres en República Dominicana.
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Desde la figura de María al pie de la cruz, denunció las cargas desproporcionadas que enfrentan muchas féminas, incluyendo la violencia, la precariedad y el abandono. Su mensaje planteó la necesidad de acciones concretas que reconozcan y protejan la dignidad femenina.
los ignorados
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En la cuarta palabra, «Dios mío, ¿por qué me has abandonado?», el padre Candelario Mejía Brito, representante de la parroquia Santa Clara de Asís, trazó un paralelismo entre el clamor de Cristo y el sentimiento de abandono de amplios sectores sociales, en particular los jóvenes.
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Denunció la falta de oportunidades, la estigmatización, los salarios bajos y la precariedad que viven al trabajar en sectores como el turismo.

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Mejía también visibilizó la realidad de personas en situación de calle en lugares como los alrededores del Hospital Moscoso Puello o debajo de los elevados de las avenidas Nicolás de Ovando y Maximo Gomez.
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Asimismo, cuestionó la ineficacia de las políticas del Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (Intrant) ante las altas tasas de accidentes de tránsito. «Parece que el Intrant solo recuerda la educación vial el 5 de octubre», lamentó el clérigo.
feminicidios
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La quinta palabra, «Tengo sed», desarrollada por sor Zoila María Mercedes López, superiora de la congregación Hermanas Misioneras del Corazón de Jesús de Santo Domingo, habló de una sede de justiciadignidad y servicios públicos de calidad, que afecta de manera directa a inmigrantes, mujeres, niños y envejecientes.

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La religiosa denunció el impacto de los feminicidiosque dejó a menores en la orfandad, y criticó a una clase política que —según expresó— se sirve del pueblo en lugar de responder a sus necesidades.
Deforestación y poca justicia social
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La sexta palabra, «Todo está consumado», a cargo de Juan Evangelista Rivas Morillo, titular de la parroquia Divino Niño de Jesús, vinculó el sacrificio de Cristo con la persistencia de problemas estructurales en el país.
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Enumeró la delincuenciala violencia, los feminicidios, el alto costo de la vida, el desempleo y la corrupción como signos de una sociedad que aún no alcanza la justicia social.

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Tampoco dejó de lado el tema ambiental, al denunciar la deforestaciónla contaminación y la necesidad de gestionar los residuos reciclables, junto a la falta de cumplimiento de la ley 64-00 sobre Medioambiente y Recursos Naturales.
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«Todo estará cumplido cuando veamos estos problemas sociales resueltos”, expresó Rivas.
La musica urbana
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El sermón cerró con la séptima palabra, «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu», pronunciada por sor Lourdes Martínez Arcángel, del Instituto Hermanas Hijas de la Altagracia. A pesar de todos los problemas expuestos a lo largo de la eucaristía, insistió en la necesidad de recuperar valores como la empatía, el respeto y la solidaridad.
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A pesar de todos los problemas expuestos a lo largo de la eucaristía, insistió en la necesidad de recuperar valores como la empatíael respeto y la solidaridad.
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Al finalizar su intervención, criticó el contenido de la musica urbanaseñalando su impacto en la formación de niños y jóvenes. Por igual, instó a las autoridades a regular y «limpiar» estos contenidos.

Aunque en cada Semana Santa se actualizan los temas, la línea de denuncia, interpelación al poder político y el llamado a una transformación moral de la sociedad permanecen como la base de las reflexiones de quienes suben al púlpito de la Primada de América. En 2020, en medio de la crisis electoral, el énfasis estuvo en la defensa de la institucionalidad democrática, la transparencia y el respeto a la voluntad popular. discurso, centrado en las desigualdades sociales, las debilidades del sistema de salud y la necesidad de fortalecer la protección social. En 2023, la Iglesia profundizó en críticas estructurales, abordando la corrupción, el uso de recursos públicos y las tensiones en torno a los recursos naturales, así como el modelo económico y su impacto en el costo de vida.



