Los púlsares son algunos de los objetos más peculiares del catálogo astronómico. Representan el núcleo colapsado de una estrella que explotó como supernova. Imagina un remanente extremadamente denso que gira decenas o cientos de veces por segundo y que, desde la Tierra, aparece como un “latido” o un “faro” en un océano oscuro.
Independientemente de su rareza, los púlsares funcionan como herramientas científicas naturales. Su rotación es extraordinariamente estable, de modo que sus pulsos actúan como los “tics” de un reloj. Gracias a esa regularidad, los astrónomos los usan como una regla cósmica para estudiar el medio interesante, medir movimientos estelares o detectar variaciones sutiles en el espacio‑tiempo. Por ejemplo, si los pulsos se retrasan, ese cambio puede revelar fenómenos gravitatorios ocultos o la presencia de objetos compactos no identificados, como agujeros negros.
Un reloj natural en el centro de la galaxia.
La posibilidad de encontrar un púlsar cerca de Sagitario A*, el agujero negro supermasivo de la Vía Láctea, abre una oportunidad única. Un reloj tan estable en el centro galáctico permitiría caracterizar con mayor precisión el entorno gravitatorio de esa región llena de interferencia.
“Cuando los pulsos viajan cerca de un objeto muy masivo, pueden desviarse y experimentar retrasos en el tiempo debido a la distorsión del espacio-tiempo, como predijo la teoría de la relatividad general de Einstein”, explicó Slavko Bogdanov, coautor del estudio y científico del Laboratorio de Astrofísica de la Universidad de Columbia, en un comunicado.
El equipo identificó al candidato al analizar el sondeo del Centro Galáctico de Breakthrough Listen, una búsqueda muy sensible de señales de radio en la región central de la Vía Láctea. Detectaron una señal periódicamente débil pero consistente, con un período de 8,19 milisegundos. Si realmente proviene de un púlsar, sus tics indican que el objeto gira 122 veces por segundo.
Para confirmarlo, los astrónomos necesitan detectarlo con otros telescopios, repetir las observaciones varias veces y obtener un perfil de pulso claro, es decir, una “firma” reconocible del púlsar. Por ahora, los resultados del catálogo se publicaron en tEl Diario Astrofísico.
La Vía Láctea alberga muchos púlsares, cada uno valioso por sus implicaciones científicas. Por ejemplo, el Púlsar del Cangrejo es el único cuyo remanente podemos asociar con una supernova registrada. También está PSR J0437–4715, uno de los más cercanos a la Tierra, ubicado a unos 510 años luz.




