Hoy es 31 de diciembre. San Silvestre. Fin de año. Y día tradicional de los grandes especiales televisivos de música, humor, variedades... Espectáculo, en suma. En la Televisión Española tradicional fueron una seña de identidad que luego reconocieron las privadas. Esa generación ahora tan discutida llamada los ‘boomers’ (Quienes tuvimos 20 años en los 80) los tuvieron como referencia en su infancia y adolescencia. Esos programas -y otros- tuvieron un nombre propio: Valerio Lázarov, creador, realizador y creador de una estética propia e inconfundible. Pero es menos conocido que esa gran explosión findeanuaTuvo un antecedente casi oculto en la historia… y que tenía que ver con el fútbol. Mucho. Y bien lo podemos recordar en esta noche de Especiales Televisivos.
el 14 de febrero de 1969 Televisión Española ganó una Niña de Plata en el Festival de Televisión de Montecarlo en el apartado de Mejor Guión Original. Por un programa llamado ‘El Irreal Madrid’ (en este enlace pueden verlo). Que fue lo primero que había hecho en España un joven realizador casi recién llegado de Rumania al que aún conocía por Valeriu Lazarov.
Servidor de ustedes que suele llamar la España Surrealista al periodo que va de 1965 a 1975, y que podría extenderse incluso hasta 1982cuando el Mundial de Fútbol y el triunfo electoral del PSOE de Felipe González introdujeron a España de algún modo en la modernidad que se confirmaría en 1992 con la Expo y los Juegos Olímpicos (la ironía que pueda haber este comentario, la ponen y la quitan ustedes, que no lo voy yo a hacer todo).
Aquella España Surrealista, magistralmente retratada -claro- en el Espectáculo Celtiberia de Luis Carandell (1970) se debate entre unos coletazos que parecían últimos del tradicionalismo que quiso salvar el franquismo en 1936 y los primeros balbuceos de una modernidad mirada, según cada quien, con aprensión y sospecha, o con esperanza. Al calor del ejemplo del turismo y el desarrollo económico que comenzó en 1959-60 (el verdadero inicio de la Transición) en España se comenzaban a ver cosas como bikinis, pantalones vaqueros, melenas masculinas, músicas modernas, salas de cine de Arte y Ensayo y cosas no tan distintas de las que había en «el extranjero».
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Dijo Javier Tusell en su día que el franquismo fue, según épocas, la dictadura más dura de Europa y la más benévola y en aquellos años Surrealistas la corriente dictaba que se podía abrir un poco la mano en cuanto a costumbres y algunos detalles por el estilo, a cambio de que los poderes reales estuvieran en las manos en que debían estar. Detalle revelador fue que el Ministerio que se ocupaba de las cosas de la Prensa fuera del de Información y Turismo: una mejor imagen internacional redundaría, según acertado cálculo, en el desarrollo de lo que todavía es la gran industria nacional. Llegó así la Ley Fraga de 1966, que abría un poco la mano de la censura (a cuenta de multas, secuestros de publicaciones y cosas así) y de su traducción en la televisión da idea un dicho de la época: «Con Salgado, todo tapado. Con Fraga, hasta la braga». Arias Salgado había sido el ministro en los primeros tiempos de la televisión en España: cuando si alguna estrella internacional iba con los hombros desnudos, se le ponía un chal. Con Fraga en el cargo se empezaron a ver más piernas desnudas que las de los futbolistas. Hoy se hablaría de machismo. Entonces era apertura. Pero dejamos ese tema, que nos liamos.
El caso es que la televisión era una herramienta fundamental en los empeños del poder político de aquellos años por ‘vender’ al exterior una imagen del país homologable a la europea: la de un país moderno y desarrollado. Una de las vías Fue presentar en festivales internacionales programas equiparables, en fondo, forma y realización técnica, a los más reputadas cadenas internacionales. Se podía, porque se contaba con una excelente generación y cantera de profesionales. No les citaré más que a Chicho Ibáñez Serrador, Antonio Mercero (si por edad no les conocen, busquen por ahí)… o Valerio Lázarov.

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Otra de las paradojas de aquellos años del Surrealismo era que el régimen, anticomunista a machamartillo, vivía una suerte de idilio clandestino con los países del otro lado del Telón de Acero. Por ejemplo, no eran pocas las selecciones nacionales que hacían ‘stages’ en Rumania o Yugoslavia después de aquel primer viaje de una selección española (la de balonmano) al Infierno Comunista (la RDA) en los años 50 (y allí fue un periodista de MARCA como espía de El Pardo haciéndose pasar por jugador, pero eso es otra historia que ya contaremos). Tampoco eran pocos los técnicos checos o polacos que venían a impartir ‘clinics’ a España mientras en TVE se emitían series, sobre todo infantil y juvenil, cheques y polacas (si alguna vez juraron por el bombín de Pan Tau sabrán de qué les hablo).
En ese contexto llegó a España Valeriu Lázarov. En el Festival de Montecarlo del que hemos hablado había sido cosechado ya varios premios, deslumbró a los representantes de Televisión Española, y convencieron al recién llegado al poder en Rumania Nicolae Ceaucescu (su amistad con Santiago Carrillo y otras cosas que pudieron pasar a través de ella las ha tratado ya otra gente) para que se lo cediera a la del veterano Francisco Franco.
Y Valeriu, de 33 años a la sazón, llegó a España. En una entrevista cuya referencia no conserva leí que de España no conocía nada, salvo el arte que había estudiado: el de Dalí, Picasso, Goya y Juan Gris. Y el fútbol, el Real Madrid que en aquel 1968 había ganado seis Copas de Europa. Así que pensé en hacer una televisión que adaptase los principios artísticos citados y, como primer programa, uno sobre fútbol al que, por otra parte, era un gran aficionado (fue hasta su fallecimiento uno de los seguidores VIP del Atlético de Madrid).

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Para aquel primer programa trabajó junto a un equipo con personas tan dotadas de genio e ingenio como Augustó Algueró o Alfredo Amestoy (inclinarse sobre ellos). Lo hicieron hablar sobre el fútbol pero, atención, de un modo sumamente iconoclasta: poniendo el foco sobre las actitudes de los forofos y su necesidad de ‘organización científica’. Por ello se creó el Laboratorio del IrrealMadrid, dedicado al perfeccionamiento y organización de los hinchas del club.
En el mismo había una Jefa de Gritos, un Jefe de Ideas Geniales, Salas de Educación del Gesto, corales para enseñar a cantar armoniosamente «Hala Madrid» y otros cargos por el estilocon frases en el guión con tremenda carga subversiva. Por ejemplo, en aquellos años de Premios Nacionales de Natalidad se decía: «La llegada de un gol debe ser para un buen hincha como la llegada del primer hijo. Y como la del sexto o el séptimo para el hincha contrario». O hablar de «el seno del club» Mientras la vedette Irán Eory extraía flores de su sujetador. Dos modelos en bikini «para despistar al contrario, porque deja líneas sin cubrir». Claro que según cuentan, no se elegía para censurar al mejor de cada casa y escribiendo entre líneas se podía a veces decir algo. Y claro, esto era un musical sobre fútbol, y para el extranjero…
En fin. El programa ES GENIAL. Escenario blanco blanquísimo. Una parte de comedia y otra musical Actuaciones de populares de la época como Irán Eory, Lola Gaos, Claudia Gravy, Emilio Laguna, Elisa Montés, Luis Morris, Antonio Ozores, Ángel Picazo o María Luisa San José (Elizabeth Taylor, Claudia Cardinale, Jerry Lewis y Louis de Funes estaban también anunciados pero sus planes se debieron descartar, aunque se agradecía su colaboración). Las actuaciones musicales, a cargo de Karina, los Bravos, Massiel, Peret o Miguel Ríos entre otros. Y mucho zoom y cambio abrupto de plano: la firma de Valerio Lazarov, que se convirtió en realizador estrella en España e Italia durante el siguiente cuarto de siglo.

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Quien recuerde la televisión española de los años 70 y primeros 80 seguro que no habrá borrado, ni podido borrar, de su memoria aquellos Zooms de Valerio Lazarov. Esos planos acelerados, ese movimiento constante, el uso de la coreografía, los escenarios vertiginosos y minimalistas que, en efecto, te hacían pensar que Estabas dentro de un cuadro de Dalí. No falta quien dice que los productos lisérgicos no triunfaron mucho en España porque ya estaban los zoom de Valerio Lazarov. Tras crear alguna escuela -por difícil que sea imitar a un genio-, Valerio se fue a Italia reclamado por berlusconi. Volvio, para implantar Tele 5, a finales, de los años 80. Falleció en 2009, a los 73 años.
El programa, eso sí, no triunfó mucho en España. ¿Por qué? pues Quizás porque al club no le llegó demasiada gracia.. Recordemos que en la presidencia estaba don Santiago Bernabéu, que pese a ser un señor bastante más abierto que lo que le pinta la leyenda (alguno se quedaría de piedra si leyera su opinión sobre la II República, por ejemplo. O que dos personas que le causaron una gran impresión fueron Ramón y Cajal y Pablo Iglesias -el original, claro-). Pero era un señor de orden de la primera mitad del siglo XX español y algunas cosas le eran difíciles de tragar. El reportaje aquel sobre el Real Madrid ‘Ye Yé’ que realizó el diario El Alcázar, el de los futbolistas con pelucas puestas, le sentó como un tiro. Y esto, pues imagínense…
En fin. El Irreal Madrid jugó su único partido en España el 1 de febrero de 1969, a las 10:20 de la noche por la Primera Cadena de TVE. Ha quedado en los Archivos de RTVE. Les garantizo que verlo es una experiencia atractiva e inenarrable. De quedarse patidifuso que era, en realidad, lo que don Valerio pretendía. Se lo recomiendo, de verdad, y más en esta noche de especiales. ES UN PROGRAMÓN CON TODAS LAS MAYÚSCULAS



