«Nos toca a las izquierdas soberanistas crear esa izquierda plurinacional que durante tantos años se ha pedido. A la izquierda del PSOE no hay nada. Si no nos ponemos de acuerdo, nos matarán por separado». Gabriel Rufián, portavoz de Esquerra Republicana, verbalizó hace nueve meses que hay un electorado progresista “huérfano” al que satisfacer con un artefacto que encabecen las fuerzas periféricas. Su propuesta ha sacudido el tablero político del espectro izquierdo y ha provocado el rechazo de las direcciones de las formaciones a las que interpela, incluida la suya. Esto ha tenido efectos en el partido y tensado las costuras del grupo parlamentario.
Sin apoyo orgánico, Rufián ha persistido en esta fórmula y remite a los expertos a que hallen cómo “maximizar” resultados para –sin una izquierda atomizada– plantar cara a una mayoría del PP y Vox que, en caso contrario, ve segura. En su entorno dan por sentado que, si bien la dirección de los partidos lo descarta, su “convicción” apela a un reclamo social.
Esa insistencia choca con la hoja de ruta de ERC. Públicamente la dirección considera natural que su portavoz en el Congreso difunda esta idea en actos públicos. Pero internamente estas actividades generan incomodidad y, entre otras cosas, han erosionado la relación con Oriol Junqueras.
Hace tiempo que el clima en las filas republicanas del Congreso, que preside Rufián, se ha enturbiado. Fuentes familiarizadas relatan su nula relación con varios diputados y técnicos del grupo. Estas fuentes señalan que el clima se enrareció en abril del 2024, cuando Gabriel Rufián avanzó su retorno tras el permiso de paternidad. Una información de un diario madrileño apuntaba que el grupo había perdido visibilidad en su ausencia. Aquello se sentó muy mal. Protagonismo demasiado. Empezó a reinar la desconfianza que ha ido a más cuando ha abierto el debate sobre el futuro de la izquierda.
Son varias las personas que indican que Rufián no comparte con los suyos ni con la dirección de sus intervenciones y lo ven alejado del rol de jefe de la sala de máquinas republicana. “No lleva la camiseta de ERC, lleva la del ‘rufianismo’”, afirma una voz del partido.
Pero hay dos hechos que han hecho mella en ERC. Con la crisis de Rodalies, Oriol Junqueras, el grupo en el Parlament y el Senado pidieron la dimisión del ministro Óscar Puente. En el Congreso, Rufián nunca la ha pedido pese a ser una directriz del partido. Tampoco gustó la intervención por la comparecencia de Pedro Sánchez sobre la guerra en Oriente Medio. No pasó inadvertido que no mencionó al partido ni a Catalunya.
Por otro lado, estas fuentes aseguran que nunca avisó al grupo de los actos con Emilio Delgado (del 18 de febrero) ni con Irene Montero. Consultado por este diario sobre ello, el entorno de Rufián opta por no hablar de las cuitas internas y se limita a precisar que el equipo de Madrid es “excelente”.
Por su parte, de puertas hacia fuera la dirección ha defendido que puede repetir como candidato, puesto que se le considera “un gran activo” del partido. Pero a su vez, incluso Junqueras desautoriza su iniciativa. Este lunes, el presidente de los republicanos fue tajante: “Fui a la cárcel por Catalunya, no para que Ada Colau sea diputada de ERC”. Y añadió un: “Se entiende, ¿no?”. La exalcaldesa de Barcelona afeó las palabras a Junqueras y replicó: “No necesito que me bendiga”. Gabriel Rufián republicó en su perfil de X una noticia con la respuesta de Colau.
El entorno del diputado republicano niega un pulso con la dirección, otros vaticinan que todo acabará “mal o muy mal”
Hay dudas sobre el alcance de esta situación. Son Múltiples las voces que ya creen que acabará “mal o muy mal”. Otros muestran más cautela y piensan que habrá un momento en el que “transigirá”. Detrás del paraguas que abandona para la izquierda, hay quien argumenta que el verdadero propósito de Rufián es lograr más autonomía y poder elegir la próxima lista republicana al Congreso y su estructura técnica. Sus allegados los desmienten mientras la dirección, que se receta cautela e ir con pies de plomo, no contempla ceder en este punto.
A la espera de sus próximos pasos, y pese al desacato, ERC no pierde de vista que Rufián goza de gran popularidad. El CIS lo sitúa como el cuarto líder preferido como presidente del Gobierno español y tiene una buena valoración en el CEO.
En su entorno alejan cualquier atisbo de ruptura. Recuerdan que “se siente y es de Esquerra Republicana”. Quitan peso a las discrepancias y deslizan que él “jamás ha pedido a ningún partido que renuncie a nada ni a sus siglas”. Además, destaca que la decisión sobre una candidatura como la que propugna “depende de los partidos y sus militancias”, y que eso no está en duda.
En cualquier caso, la figura de Rufián se enfrenta a personas en la dirección y próximas a la misma que ven una “colisión” entre su discurso y la estrategia del partido. Esquerra Republicana pretende ocupar un espacio que va desde la izquierda hasta el centro y no perder de vista el discurso nacional. Eso difieren, entienden, de la propuesta de su líder en Madrid porque la formación quedaría adscrita a la izquierda del socialismo: “No somos el hermano pequeño del PSC”. Nadie tiene un pronóstico claro sobre el desenlace. Hay escenarios que ya no son impensables.



