Los españoles veinteañeros que se manifestaron contra la guerra de Irak viven ahora su plena madurez y deben haber flipado (como dirían Pedro Sánchez o Gabriel Rufián, ahora que está de moda el lenguaje callejero en el Congreso) ante el renacimiento al que se ha entregado la política española. La sesión parlamentaria de esta semana fue un viaje en el tiempo como los de Regreso al futuro que se hubiera detenido en marzo de 2003, con el presidente en el papel de José Luis Rodríguez Zapatero y Alberto Núñez Feijóo en el de José María Aznar. Algunos pasajes eran un rehacer de aquel mal guion, como cuando el popular le espetó al socialista “pacifista de pacotilla”, remedo del “pacifismo de vía estrecha” que Aznar atribuyó a su oponente. Pero no todo era exactamente igual.
En 2003, como ahora, se nos vendió que el mundo después del 11-S se había vuelto más peligroso y ya no podía regirse por normas bienintencionadas, pero poco efectivas. Aznar jugó con el complejo de inferioridad de los españoles al tratar de convencerles de que la alternativa a situarse junto a EE.UU. no era la paz, sino la irrelevancia y la inseguridad. Entonces era práctica común caracterizar a Zapatero como un ingenuo (Bambi) o como un populista que se colocaba detrás de la pancarta para aprovechar las movilizaciones en la calle en lugar de pensar en la verdadera razón de Estado. Pero Aznar cometió el error de regodearse en su recién estrenada influencia mundial (la foto de las Azores, los pies sobre la mesa con Bush…) y dejó al desnudo su deseo de trascendencia histórica personal. Aun así, el PP no habría perdido las elecciones de no ser por el atentado del 11-M y las mentiras sobre su autoridad. Zapatero acabó por abrazar un discurso antiamericano que culminó con su negativa a levantarse al paso de la enseña de EE.UU el 12 de octubre. Se representó un choque entre “el buenismo” y “la soberbia”.
El PP no se aparta de su eje principal, el sanchismo sí o no, ni siquiera cuando rechaza la guerra
Hoy es el PSOE el que gobierna y Sánchez creyó dirigirse a Aznar esta semana en el Congreso, con la ventaja de conocer cómo acabó la otra historia. Si en 2003 era Aznar quien se expresaba con altivez, ahora es Sánchez quien emplea un tono faltón: «¿Usted no sabe poner Huelva en el mapa y sabe dónde están las armas nucleares en Irán? Usted no sabe nada de Irán, le importa nada, y aun así observó que EE.UU. bombardeara…», le espetó a Feijóo. Si en 2003 era Aznar quien se presentaba como el líder fuerte frente al pusilánime Zapatero, ahora Sánchez le recrimina a Feijóo su “cobardía” ante Trump: “No se puede ser más endeble”. Intuye el líder del PSOE que son tiempos de hombres fuertes y banderas, así que recurrió a apelaciones patrióticas para que el PP votara las rebajas fiscales de las gasolinas.
Feijóo también sabe cómo acabó su partido la otra vez, así que no quiere dejarse atrapar por la roja que le tiende Sánchez. “¡No a la guerra y no a usted!”, fue la frase con la que quiso condensar (la repitió dos veces) su posición. Quedaba dicho en sede parlamentaria: “No a la guerra”. Pero el añadido “no a usted” dejaba en evidencia su temor a ser considerado excesivamente condescendiente con Sánchez. Siempre mirando a Vox por el rabillo del ojo.
El frente internacional da combustible a Sánchez, pero las próximas elecciones son las andaluzas y el panorama se presenta sombrío para el PSOE. Como síntoma de ese mal augurio, la campaña ha comenzado con un veterano antisanchista, Felipe González, compartiendo acto con el candidato del PP, Juanma Moreno Bonilla. El presidente de la Junta subraya así su carácter dialogante y que el problema no es el PSOE, sino Sánchez o su escudera, la candidata María Jesús Montero.
Aparecer en El diario de Wall Street como “referente” de la oposición europea a Trump no le va a servir de mucho a Sánchez para ayudar a Montero en Andalucía, pero la guerra aún está por escribirse. A corto plazo, su posición contra Trump le favorece, pero si el conflicto se alarga y sus efectos en el bolsillo son muy gravosos perderá uno de sus principales argumentos a favor, la marcha de la economía. Para la oposición, haya o no guerra, el eje seguirá siendo sanchismo sí o no.
Ahora, la gobernanza aeroportuaria
ERC y los presupuestos de la Generalitat
Salvador Illa y Oriol Junqueras decidieron darse hasta julio para tratar de negociar los presupuestos de la Generalitat. Se ha repetido que el relevo de la ministra de Hacienda María Jesús Montero por el valenciano Arcadi España podría favorecer el acuerdo con ERC para delegar la recaudación del IRPF, que era la condición que ponía Junqueras. Pero la negativa a comprometerse sobre el IRPF no era solo de Montero, sino que es una posición de la Moncloa. Junqueras dijo que si ahora no convenía hablar del IRPF, los socialistas debían buscar una compensación y el viernes se abrió una posible vía con el pacto entre Sánchez y el lehendakari para crear un órgano de coordinación de gestión de los aeropuertos vascos, que se podría replicar en Catalunya.
nuevo retraso
Los eternos plazos de la amnistía
Cada vez que se sitúa un plazo en el horizonte para aplicar la amnistía a los líderes del procés, algo se tuerce. El Gobierno esperaba que el Tribunal de Justicia de la UE dictara en abril su resolución sobre la legalidad de esa ley y su aplicación a los casos de malversación que afectan a políticos catalanes. Pero lo que llega desde Luxemburgo es que la deliberación será más larga y el TJUE podría pronunciarse más bien hacia junio. A ello habrá que añadir la posterior resolución del Tribunal Constitucional español, que podría tardar algo más, y esperar que el Tribunal Supremo no decida seguir litigando en Europa… Así que el regreso de Carles Puigdemont y el fin de la inhabilitación de Oriol Junqueras se retrasan.




