De manera sorprendente, ha pasado completamente desapercebida la excelente noticia de que FitchRatings, una de las tres principales agencias de notación, conjuntamente con Standards & Poors y Moody’s, acaba de reafirmar la calificación crediticia de República Dominicana en BB- con perspectiva positiva a diciembre 2025.
Esta positiva reafirmación llega en un momento crítico cuando, sin razones, muchos analistas empezaban a mostrar preocupación por la ralentización del ritmo de crecimiento de la economía dominicana que, de acuerdo a las últimas estadísticas publicadas por el Banco Central de la República Dominicana (BCRD), está luchando para alcanzar una tasa de crecimiento de tan solo 2.5% del producto interno bruto (PIB) al cierre de 2025, o sea apenas la mitad del crecimiento de 5% en el año 2024.
A pesar de lo anterior, Fitch justifica su apreciación positiva por los siguientes elementos:
• Una senda tradicional de crecimiento robusto, y efectivamente la base de datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) muestra que la economía dominicana ha acumulado un asombroso crecimiento real de 58.71% entre 2014 y 2024, considerablemente por encima del crecimiento de la región que alcanzó un 10% durante este mismo período y solamente superado a nivel continental por el caso excepcional de Guyana por el extraordinario boom petrolero que está viviendo.
• Una oferta exportadora muy diversificada, que ha permitido un crecimiento muy sostenido del valor exportado: entre 2019 y 2025, las exportaciones de bienes y servicios habrán acumulado un crecimiento del 46,3% al pasar de US$ 20.509,2 millones (2019) a US$ 30.000 millones (2025), dentro de los cuales destacan los ingresos por turismo que se dispararon de US$ 7.471,5 millones. (2019) a US$11,200.0 millones (2025) equivalente a un crecimiento de 49.9%.
• El importante crecimiento del PIB per cápita que pasó de US$6.788,23 (2014) a US$11.541,46 (2024), o sea un salto del 70% en un período de apenas diez años, lo que abre la posibilidad, según la CEPAL, de que el país dentro de menos de cinco años logre pertenecer al reducido club de los países de ingresos altos (solamente son cuatro actualmente).
• No menos importante, unos indicadores sociales y de gobernanza que empiezan a comparar favorablemente vs. los países pares; en este sentido, no puede haber ejemplo sino el marcado descenso en los indicadores de pobreza monetaria, la cual cayó a un mínimo histórico de 16.5% en el segundo trimestre de 2025, gracias a la espectacular recuperación de la economía pospandemia y los importantes ajustes salariales desde 2020; Mientras en el tema de gobernanza, Fitch saluda la aprobación y entrada en vigencia de la Ley de Responsabilidad Fiscal.
Ahora bien, Fitch advierte que la calificación actual se ve limitada por factores todavía negativos, pero que, de ser atendidos a través de la reapertura de agenda de reformas estructurales, se abriría la posibilidad a la República Dominicana de alcanzar el sagrado graal del grado de inversión (¿de aquí a 2028?):
• Una base de ingresos todavía limitada: a pesar de la ocurrencia recurrente de ingresos extraordinarios, tales como los RD$45,287.9 millones de la negociación con Aeropuertos Dominicanos Siglo XXI (Aerodom) en 2024, la presión tributaria alcanzó un 16.4% del PIB (2024) pero se proyecta cierre en torno a un 16.25% en 2025; si bien se tratan de números por encima de la presión tributaria precovid (14.45% en 2019), estos indicadores se encuentran muy inferiores al promedio regional de 16 países estimado por la CEPAL en torno al 18.6% en 2024.
• Las enormes pérdidas del sector eléctrico (que se han descrito con muchos detalles en este mismo espacio en las pasadas semanas) que en 2024, al superar los RD$100,000 millones, representaron el 44.1% del déficit fiscal total (frente a 33.9% en el año 2023); resulta obvio que en ausencia de mejoras significativas en este indicador, no habría ninguna posibilidad de revisión alza de la calificación de riesgo del país;
• El peso muy elevado de la carga de pago de intereses de la deuda que, de acuerdo al proyecto de ley de presupuesto 2026, se llevaría unos RD$363,000 millones (incluyendo los compromisos del gobierno central con el BCRD), lo que equivale a decir que, en 2026, no solamente este pago de intereses superaría el gasto en educación (RD$328,000 millones), sino que se tragaría en torno al 27% de los ingresos proyectados.
• Finalmente, Fitch destaca la importante dependencia a los financiamientos externos, y más especialmente a través de las emisiones de bonos soberanos; de hecho, de acuerdo a las estadísticas oficiales de la Dirección General de Crédito Público, mientras la deuda total del Sector Público No Financiero (SPNF) creció 70.7% al pasar de US$35,942.5 millones (a 12-2019) a US$61,360.2 millones (a 10-2025), la deuda externa con bonos soberanos habrá crecido en 113.1% al pasar de US$16,511.1 millones (a 12-2019) a US$ 35.177,1 millones (a 10-2025).
En cuanto a expectativas, Fitch justifica su apreciación positiva por el hecho de que anticipa un pronto retorno a un crecimiento sostenido de la economía, al estimar que, luego de un crecimiento de 2.5% del PIB en 2025 (puede parecer generosa esta proyección de Fitch dado que el PIB acumulado hasta octubre apenas llega a 2%), la economía dominicana crecería en +4% en 2026 y 4.5% en 2027; Ahora bien, es importante señalar que la perspectiva de rebote esbozada por Fitch queda debajo de las proyecciones oficiales contenidas en el proyecto de ley de presupuesto 2026 que vaticinan un crecimiento de 4.5% y 5% para 2026 y 2027, respectivamente.
Del mismo modo, Fitch anticipa de forma optimista que la economía dominicana tiene el potencial de estabilizar la razón deuda/PIB a mediano plazo gracias a una disciplina fiscal producto de mejoras institucionales y la posible ampliación de la base de ingresos; a pesar de este relativo optimismo de Fitch, las proyecciones contenidas en el informe explicativo al presupuesto 2026 indican, al contrario, que la deuda alcanzaría un 49.2% del PIB proyectado para 2026 luego de un nivel mínimo poscovid de 45.4% (2023), lo que compara todavía muy negativamente con el nivel de 40.2% en 2019.
En resumidas cuentas, es muy favorable para República Dominicana que agencias del nivel de Fitch siguen mirando a la economía dominicana de manera tan optimista; ahora bien, Fitch indica con claridad extrema (de hecho, al igual que el Fondo Monetario Internacional -FMI- en su último informe anual sobre el país) que se requieren reformas estructurales ineludibles para poder mejorar la calificación actual. Esto requiere mucha voluntad política, tanto desde el sector gobierno como también desde los partidos de oposición.
Y en esta materia, como en tantas otras de la economía dominicana, no habrá amor, sino pruebas de amor; tal como lo afirmaba Jorge Luis Borges: “El futuro no es lo que va a pasar, sino lo que vamos a hacer”.



