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Vivimos en una época en la que muchas personas citan a Jesús con absoluta seguridad, aunque en realidad jamás han leído con detenimiento los Evangelios. En redes sociales, discursos públicos e incluso en algunas predicaciones religiosas, es frecuente escuchar frases que se atribuyen a Jesucristo como si formaran parte de su enseñanza.
El problema es que muchas de esas frases nunca salieron de la boca del Nazareno.
La cultura moderna ha creado un fenómeno curioso: un Jesús que dice exactamente lo que el mundo quiere escuchar.
Una de las frases más populares es: “Ayúdate que yo te ayudaráé”. Millones de personas creen sinceramente que esa expresión aparece en la Biblia o que fue pronunciada por Jesús.
Sin embargo, esa frase no aparece en ningún libro de las Escrituras.
El mensaje de Jesús no consistía en confiar en las propias fuerzas humanas para luego recibir ayuda divina. El mensaje central del Evangelio es mucho más profundo.
Jesús enseñó la dependencia total de Dios.
“Separados de mí nada podéis hacer.” Juan 15:5
Otra frase muy repetida es la siguiente: “El dinero es la raíz de todos los males”. Muchas personas atribuyen esta expresión directamente a Jesucristo.
Pero Jesús nunca dijo esas palabras.
La frase aparece en una carta del apóstol Pablo y está formulada de una manera diferente.
“Porque raíz de todos los males es el amor al dinero”. 1 Timoteo 6:10
La diferencia es enorme. El problema no es el dinero en sí mismo, sino el amor desordenado por él.
Otra frase frecuentemente citada es: “No juzgues a nadie”. Con esta expresión muchas personas pretenden eliminar cualquier tipo de evaluación moral.
Sin embargo, el texto bíblico dice algo distinto.
«No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados.»
Mateo 7:1-2
Jesús no estaba prohibiendo el discernimiento moral. Estaba denunciando la hipocresía.
De hecho, en el mismo discurso Jesús advirtió sobre los falsos profetas.
“Guardaos de los falsos profetas”. Mateo 7:15
Para reconocer a un falso profeta es necesario evaluar su conducta y su enseñanza.
Otra idea muy extendida afirma que Jesús nunca habló del castigo eterno y que su mensaje fue exclusivamente de amor y aceptación.
Pero los Evangelios muestran algo muy distinto.
Jesús habló con claridad sobre el juicio final.
“E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna”. Mateo 25:46
Lejos de evitar el tema, Jesús lo presentó como una realidad espiritual inevitable.
También se repite con frecuencia la afirmación de que Jesús vino únicamente a traer paz y armonía.
Sin embargo, el propio Cristo declaró:
“No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada.” Mateo 10:34
Esta espada no es una espada militar, sino una espada espiritual. El mensaje del Evangelio divide las conciencias y obliga a cada persona a tomar una decisión.
El problema no es nuevo. Desde los primeros siglos del cristianismo existió la tentación de reinterpretar las palabras de Jesús para hacerlas más cómodas.
Pero el verdadero mensaje de Cristo no siempre es cómodo.
Jesús habló del arrepentimiento. Habló del juicio.
Habló de la necesidad de una transformación interior.
Cuando se leen los Evangelios con atención se descubre que muchas de las frases que hoy se le atribuyen simplemente no aparecen en sus enseñanzas.
La cultura ha creado un Jesús que nunca confronta, nunca exige y nunca incomoda.
Pero ese Jesús no es el que aparece en las páginas del Nuevo Testamento.
El verdadero Jesús desafía nuestras ideas, confronta nuestras convicciones y llama a una transformación profunda del corazón.
Por eso, en medio de tantas interpretaciones modernas, quizás sea necesario recordar algo muy simple.
Muchas de las frases que hoy circulan en nombre de Cristo tienen un problema fundamental.
Jesús no dijo eso.
Por Javier Dotel
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