La primera semana del juicio al exministro de Transportes José Luis Ábalos ha estado marcada por el juego de la pelota, un balón que quema que se pasan unos a otros como si de una granada a punto de estallar se tratase. Esa pelota tenía dos nombres propios: Jéssica Rodríguez y Claudia Montes y más que ellas quién las contrató en empresas públicas, quién hizo el proceso de selección, quién decidió que eran aptas para el puesto, quién firmó sus altos, quiénes eran sus jefes, quiénes las controlaban. Nadie sabe nada, solo meras referencias pero como bien marca el juego, “yo no fui, fue otro”.
Aparte de estos casos concretos, estas tres primeras sesiones de la vista que se están celebrando en el Tribunal Supremo han constatado el descontrol y manoseo que existe dentro de la administración pública. Para justificar que nadie sabía, por ejemplo, a qué se dedicaba Rodríguez –examante de Ábalos– o que ni siquiera acudía a supuesto de trabajo oa fichar, el alegato de varios testigos –altos responsables de las empresas públicas en cuestión– es el alto volumen de trabajadores con el que cuentan las compañías.
Ineco cuenta con 6.000 trabajadores y Tragsatec –las dos empresas públicas para las que trabajó Rodríguez– con más de 14.000 empleados. En los últimos años, es cierto que el número de puestos se ha incrementado exponencialmente debido a la inyección de fondos europeos. La impresión que han ofrecido los testificales de esta semana es el descontrol y la elefantiasis de una administración, con enchufismo, nepotismo, cargos a dedo que después quedan diluidos en esos gigantes empresariales públicos.
Para acceder a estas empresas públicas, dependientes del Ministerio de Transportes, hay que pasar un proceso de selección, tener una formación dependiendo del puesto al que se opte. Esto, excepto si era la “sobrina” del ministro, el hermano del asesor del ministro, amigo de alguno de ellos o militante próximo del partido.
En el caso de Jéssica Rodríguez, se sabe, después de la tanda de testificales, que fue Ábalos quien movió el primer hilo para que pudiera tener un contrato y así cotizar sin necesidad de trabajar en 2019.
Para formalizar el puesto había que maquillar un proceso. La primera prueba se la hizo Koldo García, asesor y mano derecha del ministro, con “otro señor”. La responsable del departamento de personal de Ineco, Ana Araceli Arigita, declaró que ella “agendó” una entrevista con Rodríguez para que otra persona la hiciera. Ella se desentendió y no se sabe si existió. Eso sí, este testigo defiende que “se cumplió el proceso de selección”. La propia joven declaró en su turno que estaba “sobradamente cualificada” para el puesto. ¿Cuál era ese puesto? Según la secretaria general de Ineco, Amparo Monterrey, consistía en hacer trabajos administrativos para Joseba García, hermano de Koldo, quien, según Rodríguez, no sabe muy bien que hacía porque tenía la oficina “muy limpia”. Sin embargo, el testigo reconoció que “desconoce cuáles eran esos trabajos”. García no la necesitaba y Rodríguez no tenía nada que hacer.
Y por eso, Monterrey defendió en juicio que “a ojos de Ineco ella estaba haciendo su trabajo”. Nadie se quejó. Y que nadie dijera lo contrario porque si no la joven llamaba a su ‘tío’ Ábalos a quejarse. Así lo relató Ignacio Zaldívar, excargo de Adif, quien declaró que la entonces presidenta de la empresa pública, Isabel Pardo de Vera le trasladó que “el ministro” Ábalos “la había llamado” porque Ineco “molestaba” a Jéssica.
En Ineco se le acabó el contrato y volvió a pasar un proceso de selección fantasma para Tragsatec. En este caso, la supervisora Virginia Barbancho pretendió que la joven trabajara y entonces le llamaron al orden para que dejara de “acosar” a la “sobrina” del ministro. El exdirector de Asesoría Jurídica reconoce ahora que pudieron existir irregularidades en la contratación aunque el proceso de selección fue normal aunque no se identifica quién lo llevó a cabo. Nadie sabía nada y por eso ahora el Tribunal Supremo deberá dilucidar si estas empresas fueron perjudicadas o cómplices.
“Se siguió un proceso normal”
Todo fue muy normal. Koldo García llama a un directivo, pide que mire un currículum ya partir de ahí se inicia un “proceso normal”, aunque después nadie sabe cómo fue ni quien participó. Así pasó con una amiga del exministro José Luis Ábalos, Claudia Montes. Quien fuera presidente de Renfe Isaías Táboas lo relató de esta forma. García le llamó, le envió el currículum de Montes, él lo pasó al departamento de recursos humanos y ya no supo más. La mujer acabó contratada en Logirail. Su entonces director gerente, no sabía de su existencia, no puso nada de esta contratación. La responsabilidad venía de recursos. Humanos, un agujero negro donde ya no se obtiene respuesta. En una empresa de miles de empleados nadie sabía nada.
En su caso, la primera noticia sobre esta mujer fue un aviso de que no apareció por su puesto. El expediente nunca se llegó a abrir.




