La presión popular ha surtido efecto. La FIFA ha dado marcha atrás en su política de precios para el Mundial de 2026 tras una oleada de críticas por el coste desorbitado de las entradas. El organismo rector del fútbol mundial ha anunciado la puesta a la venta de un nuevo cupo de localidades a precio reducido, una decisión que, aunque limitada en alcance, supone un triunfo simbólico para los aficionados y los colectivos que han alzado la voz contra lo que consideraban una deriva elitista del fútbol.
Según ha trascendido, la FIFA garantizará un número no especificado de entradas a un precio aproximado de 50 euros. Una cifra muy inferior a los precios inicialmente anunciados, que habían provocado indignación generalizada en redes sociales y asociaciones de aficionados.
El contraste es contundente. Las entradas más baratas para el partido inaugural del torneo alcanzaban los 200 euros, mientras que el asiento más económico para la final superaba los 4.000un coste completamente fuera del alcance de la mayoría de seguidores. Para muchos, estas tarifas representaban la confirmación de un Mundial pensado más para el turismo de lujo y los patrocinadores que para el hincha tradicional que acompañan a su selección desde la grada.
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Una reacción colectiva
La reacción no se hizo esperar. Federaciones nacionales, asociaciones de aficionados y organismos intermedios trasladaron su malestar a la FIFA, alertando del riesgo de vaciar de contenido popular a un torneo que siempre ha presumido de ser una celebración global. Entre las federaciones implicadas en las conversaciones se encontraban la Federación Inglesa (FA) y la federación alemana, dos voces influyentes dentro del panorama futbolístico internacional.
Finalmente, el máximo organismo del fútbol optó por rectificar, al menos parcialmente. En un comunicado oficial, un portavoz de la FIFA explicó: “Los fanáticos de las selecciones nacionales que se han clasificado para la Copa Mundial de la FIFA 2026™ se beneficiarán de un nivel de precios de entradas específicasque ha sido diseñado para que seguir a sus equipos en el escenario más importante del fútbol sea más asequible”. Un mensaje cuidadosamente medido, que reconoce implícitamente la desconexión inicial entre la política de precios y la realidad económica de muchos seguidores.
La decisión llega en un contexto especialmente delicado para la FIFA. El Mundial de 2026, que se celebrará en Estados Unidos, Canadá y México, será el primero con 48 selecciones y 104 partidos, un formato ampliado que promete ingresos récord pero que también ha generado dudas sobre la experiencia del aficionado. El temor a estadios con grados fríos, ocupados mayoritariamente por espectadores ocasionales o clientes corporativos, ha sido una constante en el debate.



