Una taza gigante, hasta la tapa de fideos de ramen ahogados en salsa.
Seis colombinas de pollo frito.
Diez palitos de queso apanado.
pepitas, embutidos y papas fritas.
Una cámara grabando.
Frente a la mesa llena, una persona intenta ingerir la mayor cantidad de comida posible, cargando el cubierto con bocados que exceden el límite de su propia boca. Los micrófonos tienen que estar bien cerca para que se escuche el crujido de los fritos al masticar y la viscosidad de las salsas al succionar el ramen. Cuantos más restos de comida quedan en los labios, más llamativo es el video.
Cuando el consumo de estos videos se vuelve compulsivo se debe buscar ayuda profesional. Foto:@singni_asmr
Del otro lado de la pantalla, miles de espectadores reaccionan: “¡Eso se ve increíble!”, “¿De verdad se come todo eso?”, “¿Cómo es que come tanto y no engorda?”, “Recuérdenme no comer”.
Eso es un mukbang: la tendencia a grabarse comiendo cantidades gigantes de comida, que normalmente una persona no podría consumir. El origen de esta práctica viene de Corea del Sur, de la combinación de las palabras coreanas «comer» (meokneun) y «transmisión» (canción de explosión). En sus inicios, el mukbang Surgió como una forma de acompañar a quienes comían solos, generando conversaciones en tiempo real con la audiencia alrededor de la comida. La cantidad de comida no era tan importante como lo era la interacción con las personas.
Cuando las plataformas comenzaron a premiar el impacto visual y sonoro de este tipo de contenido, los creadores descubrieron que el exceso retenía más audiencia y podía ser más rentable. Los mukbangs se han extendido al resto del mundo gracias a redes sociales como TikTok, Youtube e Instagram y aunque para muchos puede ser entretenimiento, este tipo de contenido hoy en día convive con la forma en la que los espectadores se relacionan con la comida y con su cuerpo.
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EL TIEMPO habló con dos expertos, el psicólogo Julián Andrés Gutiérrez y la psicóloga especializada en trastornos de la conducta alimentaria María Camila Casas, para entender qué hay detrás de esta tendencia y cómo se relaciona con problemas en la conducta alimentaria.
Más comida, más me gusta, más gratificación instantánea
La comida que suele aparecer en estos videos no es considerada por la sociedad como saludable. Foto:Imágenes de iStock
¿Por qué miles de personas se sienten atraídas por ver a alguien comer hasta que no puede más? Según Gutiérrez, las personas en redes sociales siempre están buscando validación.
«Los ecosistemas digitales siguen construyendo identidad y gestionando emociones en un entorno hiperconectado. Hay una necesidad de conectarse socialmente, de intercambiar e interactuar, entonces se crean grupos temáticos con intereses o problemas comunes, en donde se validan este tipo de prácticas, y además hay un refuerzo a través de los gustos, que generan dopamina y que distorsionan la realidad por la emoción de sentirse observado y aceptado.”, afirma el psicólogo.
Además de eso, María Salas también dice que la popularidad de estos videos tiene que ver con el hecho de que las comidas que suelen aparecer en estos videos no están consideradas por la sociedad como saludables.
«La gente come hamburguesas, perros calientes, pizzas, helados, postres. Todo eso genera ruido en la sociedad y es llamativo, porque ver un video de alguien que se come 100 hamburguesas en un tiempo record genera morbo y la vez, como son comidas que nos han restringido tanto, termina generando placer en la audiencia porque mucha gente, en algún punto, quisiera hacerlo también”, explica Salas.
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A este fenómeno, los expertos lo llaman placer vicario: sentir gusto de manera indirecta a través de las experiencias, la imaginación o las sensaciones de otros.
Para Gutiérrez, muchos de los usuarios que consumen este tipo de contenido fantasean con ser quienes comen esas cantidades de comida. Casas explica que, al ver estos videos, el cerebro segrega sustancias como dopamina y serotonina. «Eso hace que el cuerpo se sienta bien. Por un lado, algunas personas pueden calmar su propia hambre viendo cómo otro viene en exceso y por el otro, está el placer visual de observar a alguien consumir alimentos que suelen estar socialmente castigados.”, comenta la psicóloga.
Es ahí donde este tipo de contenido deja de ser un simple entretenimiento y empieza a tocar zonas más delicadas. “Quienes hacen estos videos pueden no ser conscientes del impacto que este contenido está teniendo en la salud mental de muchas personas”, advierte.
El público silencioso de los mukbangs.
Ver a otros comer grandes cantidades puede intensificar la autocrítica y la dismorfia. Foto:
En TikTok, al buscar la palabra “Mukbang”los videos que aparecen no bajan del millón de vistas y hasta los novecientos mil gustos. No todas las personas que llegan a ellos tienen algún trastorno de la conducta alimentaria (TCA), muchos tienen curiosidad o lo ven como una forma de entretenimiento. Sin embargo, detrás de estas cifras hay una audiencia diversa con motivaciones que van desde buscar algo de compañía hasta reforzar una conducta dañina.
Según María Salas, para quienes sí tienen un trastorno con la comida o incluso algunos indicios, estos videos pueden ser “una espada de doble filo”: “Si nos vamos a los trastornos más compulsivos, como el trastorno por atracón o la bulimia, el mukbang puede ser una manera de frenar la ansiedad por el atracón. Cuando alguien siente un impulso intenso por comer de manera descontrolada, ver que otra persona lo hace en pantalla puede generar una sensación de alivio, como si esa necesidad ya hubiera sido satisfecha por otro”explica.
El castigo
Casas añade que, en los trastornos donde hay atracones y purgas, el mukbang puede cumplir una función distinta: la del castigo. “Algunas personas ven estos videos para sentirse mal consigo mismas.existe una distorsión en la percepción de las porciones y la sensación de haber comido ‘igual’ que la persona del video, lo que refuerza la culpa”, cuenta.
Ver a otros comer grandes cantidades puede intensificar esa autocrítica. “La persona se castiga por haber comido, se compara, se siente peor y eso termina reforzando la voz del trastorno”.
Aun así, tanto Casas como Gutiérrez dicen que los TCA son multifactoriales. “No se pueden explicar por una sola causa”, aclara. “Si bien las redes sociales han tenido un impacto importante con la popularización de influenciadores, tendencias de comida y cuerpos idealizados, también influyen en las dinámicas familiares, la vulnerabilidad genética y otros factores individuales”.
Aún así, Casas dice que existe un aumento de los trastornos de la conducta alimentaria y que eso ha coincidido con una mayor demanda de contenidos como el mukbang. “Es un círculo que se retroalimenta y sigue expandiéndose”.
Cambiar el algoritmo
“Yo siempre les digo a mis pacientes que revisan cómo se sienten después de haber entrado a sus redes. Si después de ver contenido alguien se queda rumiando ideas como “no soy suficiente”, “mi vida no es suficiente” o pensando en todo lo que debería cambiar de sí mismo, es una señal de alerta”explica Casas.
Para la psicóloga, ese malestar significa que el contenido está afectando de forma negativa el bienestar emocional. “Revisar cómo me siento después de usar redes y empezar a filtrar a quién sigo es una forma de autocuidado”, añade.
Julián Gutiérrez agrega que hay que diversificar los contenidos que consumimos, dejar de seguir cuentas que promuevan “cuerpos perfectos” o dietas extremaso que al contrario, promuevan una alimentación poco saludable. “Hay que nutrir el algoritmo conscientemente y además limitar el tiempo de exposición a redes”.
Cuando el consumo de estos videos se vuelve compulsivo, se realiza a escondidas o se usa para gestionar emociones, se debe buscar ayuda profesional. “Identificar estas señales de alerta es importante para evitar que la conducta se convierta en un trastorno grave o en una recaída”concluye la psicóloga Salas.
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