Mientras diferentes países de todo el mundo están viendo cómo regular (o prohibir) el uso de las redes sociales por parte de los menores, hay otra práctica que está generando un gran debate: el compartir. O lo que es lo mismo, la costumbre de muchos padres de compartir la vida de sus hijos en redes sociales.
Personalmente, como madre que soy, lo tengo muy claro: no voy a exponer a mis dos niños en Instagram, Facebook o TikTok. Pero al mismo tiempo reconozco que uso esas plataformas para ver cómo crecen y cómo están los hijos de mis amigas, que presumen de ellos con orgullo. Y tú, ¿de qué estás lado?
Se acabó el compartir para mí
Basta con seguir a personas que son padres para comprobar cómo muchos de ellos presumen constantemente de sus hijos en redes sociales. Esta práctica, que se conoce como compartir (dichosa manía de ponerle un término anglosajón a todo), tiene tantos partidarios como detractores, como casi todo lo relacionado con los menores.

Estudio Antoni Shkraba (Pexels)
En un lado, están esos papás y mamás orgullosos (muchos de ellos, famosos) que compartir instantáneas y vídeos de los menores para mostrar lo guapos, graciosos, listos y adorables que son. En el otro lado, tenemos a quienes protegen a toda costa la identidad de sus hijos y no publican ninguna imagen suya. Y en el medio, esos progenitores que comparten algunas escenas de su vida personal sin mostrar el rostro de los niños.

Yo estoy en este último grupo, pero conozco muchísimos padres que están dentro del primero. Reconozco que sí he compartido alguna que otra imagen de mi hijo mayor (no demasiadas) en ocasiones especiales como cumpleaños, reuniones familiares, festejos o Navidad. Pero con la llegada de la pequeña, cambié radicalmente de opinión y ya no publico nada de ninguno de los dos, ni siquiera en los estados de WhatsApp.
Uno de los motivos Tiene que ver con proteger su intimidad. Soy su madre, sí, pero no la dueña de su imagen y su privacidad. A lo mejor a los niños no les hace gracia que les vea la gente comiendo, durmiendo, con dientes a medio crecer, aprendiendo a andar, con ropa ridícula, haciendo el tonto, etc. No es justo que lleguen a los 18 años con un rastro digital infinito.


Imagen: Carlito (Pixabay)
La otra razón de mi cambio de actitud (la principal, diría yo) es que, aunque tenga mis perfiles privados, nunca se sabe en manos de quién puede acabar una foto o un vídeo de mis hijos. Y qué puedes hacer con esas imágenes ahora que, gracias a la IA, es tan fácil manipularlas. Según un estudio de Perpesctus Globalsólo hacen falta 20 imágenes para generar un profundo en vídeo de un niño y, de media, los padres publican 63 fotos de sus hijos al mes.
El 50% de las imágenes de menores compartidas en foros criminales provienen de publicaciones hechas por sus propios padres.
Tampoco era consciente de la cantidad de información que puede transmitir una imagendesde el colegio hasta nuestra casa, pasando por su nombre y apellidos, sus horarios, sus rutinas, el parque al que les llevas, la fecha de su cumpleaños, dónde viven sus abuelos…
Campañas como la de Comisión de Protección de Datos (DPC) ilustran muy bien esta idea, pero también hay informes que arrojan un dato demoledor: el 50% de las fotos y vídeos de menores Los compartidos en foros criminales provienen de publicaciones hechas por sus propios padres.
Todo esto me hizo reflexionar y decidir no volver a publicar el rostro de mis hijos o detalles que ayuden a localizarlos. Si salen en alguna foto, siempre es de espaldas o con la cara tapada por un emojis. Dicho esto, y aunque no lo comparto, respeto a quien sí lo hace. De hecho, tengo muchas amigas que publican a diario fotos de sus pequeños ya mí me encanta verlas para comprobar cómo van creciendo a lo largo del tiempo y cómo disfrutan en ocasiones especiales.
Es más, muchas veces, si no fuera por las redes sociales, no sabría nada de sus vidas. Supongo que es algo que nos pasa a todos con muchos conocidos, tanto con adultos como con niños. Pero yo lo tengo claro: quien quiera ver a mis hijos y saber cómo están, que llame o que venga a visitarlos. El resto no tiene por qué acceder a su intimidad.
Imagen de portada | Tima Miroshnichenko (Pexels)
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