El cambio de clasificación del mercado cambiario de flotación administrada a libre flotación, que constituye un hito histórico, ha sido asumido con una actitud de compromiso por algunos y con aprehensión por otros.
Es natural que así sea, pues después de siglos de control cambiario y de años de flotación administrada -o sucia, como también se le suele conocer- y ante el peso de pasados desatinos fiscales, es normal una reacción anclada más en el apego a la tradición que en una evaluación de la madurez alcanzada por el mercado y la gestión fiscal.
Es obvio que la mejor respuesta no es, ante el salto institucional, esquivar riesgos, sino afrontarlos con responsabilidad.
Y el país ha dado muestras de que se está preparando para que el mercado dé una respuesta madura ante el reconocimiento por su avance institucional.
El propio comportamiento del mercado cambiario lo confirma. A pesar de que se producen al mínimo las intervenciones del Banco Central en el mercado, según reconoció el FMI, la tasa va a cerrar el año por debajo de lo previsto en el informe Marco Macroeconómico, que es la que se usa para la elaboración del presupuesto del gobierno. La tasa promedio anual proyectada en ese informe era de 63.11 pesos por dólar y el promedio de la tasa de referencia de venta del 2 de enero al 8 de diciembre de 2025 fue de 61.90 pesos por dólar, y se espera que cierre el año un poco más baja.
Menos intervenciones no significan, de ninguna manera, que en caso de que se produzcan movimientos bruscos o perturbadores en el tipo de cambio, el Banco Central renuncie a intervenir.
No, reforzará su rol de guía del mercado, aunque deje de servir de tutela. En el marco de un mercado institucionalmente robusto, donde se producirán intervenciones puntuales, la presencia del Banco Central se haría más efectiva. Porque, como enseña la sabiduría, cuando el martillo se usa a diario, incluso el clavo deja de temerle.
Los avances institucionales en la gestión fiscal también deberán colocar al país en mejor posición para enfrentar los desafíos.



