“A don Abelardo no le conviene que se sepa que fue defensor de Alex Saab, el súper ministro colombo-venezolano”: Héctor Abad Faciolince.
Foto: Mauricio Alvarado Lozada
Currículum e información rápida
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
El pasado de este Don que se presenta como “Defensor de la Patria”, la memoria de su trayectoria política, profesional y familiar, se han borrado o maquillado en los portales de Internet. La página de Wikipedia en español de Abelardo de la Espriella desapareció de repente hace unos meses. ¿Por qué? Pues porque era allí donde se podía averiguar su verdadera trayectoria de negocios jurídicos, su defensa de estafadores, bandidos y mafiosos. Lo único que no ha desaparecido de la red es su típica pinta de Don siciliano pues con ella disfraza de dignidad y de apretada elegancia (el chaleco, la seda, la gomina, el traje a rayas), un cierto olor a podrido que se disimula con perfume, corbatas y zapatos brillantes.
A don Abelardo no le conviene que se sepa que fue defensor de Alex Saab, el súper ministro colombo-venezolano (en el gobierno de Maduro) lavador de cientos de millones de dólares de oscura procedencia, condenado en Estados Unidos y luego intercambiado por diez presos gringos en Venezuela durante el gobierno de Biden. Tampoco quiere que se sepa que defendió al gran estafador David Murcia Guzmán (DMG), el mismo que dejó en la inopia a miles de colombianos gracias a su fraudulenta pirámide financiera. Don Abelardo recibió de DMG cientos de millones de pesos para que hiciera lobby de él en el Congreso de la República.
Y mucho menos conveniente para don Abelardo es que se separa que su padre y tocayo, Abelardo de la Espriella Juris, fue presidente de la Fundación Iniciativas por la Paz (FIPAZ) que, según reveló hace años Verdad Abiertaera una “organización afín a las autodefensas” y llegó a cumplir el papel de “brazo ideológico” de los paramilitares, según declaraciones de “Iván Roberto Gaviria Duque, alias Ernesto BáezEurídice Cortés alias Diana y Hebert Veloza García alias S.S”. Como se ve, entre los asuntos desaparecidos de Wikipedia del candidato de la extrema derecha colombiana, hay temas de negocios o afinidades con un famoso estafador y con reconocidos corruptos o violentos tanto del chavismo venezolano como del paramilitarismo colombiano. Es decir que en el CV de don Abelardo, y en el terreno de lo que es, como mínimo, problemático y dudoso, hay para dar y convidar.
Lo anterior hace más que comprensible que se haya fabricado, borrándolo todo, una especie de amnesia en la red sobre el complejo pasado de don Abelardo. En general son quienes se avergüenzan los que quieren esconder y que se olvidan su pasado innombrable. Ese olvido les conviene.
Todo esto hace que no haya mejor antagonista para el actual gobierno que graduar de contrincante de Cepeda a un abogado de labios incendiarios, extremismo declarado y pergaminos tan turbios. Que pretende convertirse en adalid contra la corrupción a una persona con un pasado como el que se vislumbra en lo que se quiere ocultar, es decir, con tanta cercanía a lo corrupto, es un ejemplo claro de perfecta contradicción. O que se presenta como patriota alguien que ha sido tan dañino para sus compatriotas.
No soy de esos fanáticos que piensan que en la derecha todo es ignominia y corrupción. Ha habido y hay conservadores absolutamente decentes en Colombia, así uno no esté de acuerdo con su ideología. Ese desacuerdo no los vuelve corruptos ni los convierte en candidatos impresentables. Ojalá la derecha sea capaz de presentar un candidato o una candidata a la altura. Otra cosa es alguien que se ha subido al segundo lugar en las encuestas abandonando un discurso violento y de mano dura implacable contra la inseguridad y la corrupción. ¿Un defensor de delincuentes tiene derecho a portar las banderas patrióticas contra el delito? No, al contrario. Un así, ya lo dicen las encuestas, es el perfecto contrincante para perder candidato con Cepeda, o sea para que siga el desorden corrupto del petrismo.
Al menos ya en el centro hay un tipo limpio, capaz, moderado e incorruptible. Todos sabemos quién es. Esa esperanza nos queda.



