República Dominicana inicia el 2026 con un crecimiento económico debilitado y grandes desafíos estructurales. Tras cerrar el 2025 con una expansión cercana al 2 %, muy por debajo del promedio histórico de 4–5 %, los expertos advierten que el país necesita reformas profundas para recuperar el dinamismo y garantizar la estabilidad social.
contexto general
El 2025 estuvo marcado por una desaceleración en sectores clave como turismo y construcción.
Las altas tasas de interés internas (13–14 %) encarecieron el crédito y frenaron la inversión privada.
La inversión pública se reduce en el primer semestre, limitando el efecto multiplicador en la economía.
Factores externos mixtos: precios altos del oro y buenas exportaciones agrícolas, pero incertidumbre comercial y política monetaria restrictiva en EE.UU. UU.
Voces expertas
José Lois Malkún: «El crecimiento al 2% refleja desequilibrios en las variables fundamentales. El país necesita reordenar su sistema productivo para evitar que la economía siga orbitando en torno a un sol debilitado».

Magdalena Lizardo (analista): «La caída en la inversión pública y la dependencia de factores externos muestran la fragilidad del modelo. Es urgente diversificar y fortalecer la capacidad interna de crecimiento».
Antonio Ciriaco (académico): «La economía dominicana depende excesivamente de Estados Unidos. Sin un plan de reformas estructurales, seguiremos expuestos a los vaivenes externos ya la pérdida de dinamismo interno».
Retos para el 2026
Reactivar el turismo con estrategias de diversificación de mercados y mayor promoción internacional.
Impulsar la construcción mediante políticas de crédito más accesibles y programas de vivienda social.
Fortalecer la inversión pública en infraestructura y servicios básicos para dinamizar la economía.
Diversificar exportaciones y aprovechar los precios favorables de productos como oro y cacao.
Reformas estructurales en educación, innovación y productividad para reducir la dependencia externa.
El nuevo año plantea un escenario de cautela y oportunidad. Si bien los indicadores muestran debilidad, también existe margen para reorientar la política económica hacia un modelo más inclusivo y sostenible. El reto será transformar la desaceleración en impulso, con reformas que fortalezcan la resiliencia del país y garanticen bienestar para la población.



