La reducción de las tasas de interés ha venido acompañado de una ampliación del diferencial o margen de intermediación, ya que las tasas pasivas de los bancos múltiples bajaron aproximadamente 38% en términos relativos (pasaron de 9.63% en mayo pasado a 5.93% este enero), mientras que la reducción de las tasas activas fue de solo 9.3% (bajaron de 14.99% a 13.59% en el mismo período).
Dicho de otra manera, en términos proporcionales, la caída de las pasivas fue cuatro veces alcalde que la de las activas.
Visto desde otro ángulo, el costo del dinero para los bancos descendió casi un 40 %, pero el costo del crédito para los clientes disminuyó en menos de un 10 %, lo que constituye una diferencia estructural significativa.
Se trata de un spread más marcado que en el ciclo de la pandemia del COVID-19 y que en el ciclo 2022-2023. En ese período, la tasa de política monetaria aumentó, lo que condujo a un incremento rápido de las tasas activas y gradual de las tasas pasivas, lo que amplió el diferencial, aunque levemente.
El cambio en el último ciclo podría estar sugiriendo mayor prudencia en las instituciones bancarias, un ajuste más guiado por el mercado que por programas dirigidos y una posible recomposición hacia segmentos de mayor tasa, como el consumo.




