cuando Messi necesitó más que nunca de su Argentina natal nadie apostó a él. Ni el Estado, ni los clubes, ni los inversionistas. En una oración que repiten muchos dominicanos, «no le debía nada a ese país».
Sin embargo, Messi no actuó como esos ciudadanos que, amparados en las cosas materiales que entienden su país de origen no le dio, lo ponen como excusa para evadir los sacrificios que exige al atleta poner a un lado sus intereses y fundarse en ese uniforme que vale por toda una nación.
Tenía 10 años en 1997 cuando el endocrinólogo Diego Schwarzsteinen su rosario nataldescubrió que sufría de una deficiencia de la hormona de crecimiento. Estaba frisado en 1,27 metros (4,1 pies) y necesitaba ampollas para lograr los 1,50 (4,9) que debía tener a su edad, que le permitiera una «caja» más resistente. Ya era un fenómeno, la Pulga que para neutralizarlo debían derribarlo.
era el año 2000Argentina atravesaba una de sus cíclicas crisis económicas (corralito bancario incluido), su padre estaba desempleado y la sanidad pública solo cubría la mitad de un tratamiento que costaba entre 900 y 1.300 dólares mensuales.
Paraca Messi alcanzar los 1.70 metros (5.5 pies) entre los 13 y 14 años, requería entre tres a cuatro años inyectándose hormonas a diario. Ni su club base, Newel´s Old Boys, ni River Plate quisieron incurrir en esa inversión. A Carlos Rexach le tomé dos minutos ver jugar, tras un tryout con el FC Barcelonapara que el club español asumiera el riesgo que le costó entre 35 mil y 45 mil dólares. Le cambió la historia al club y lo llevó a otra dimensión.
Messi nunca le sacó en cara a la Argentina que no se la jugaron por él, sus lágrimas al tener que abandonar el terreno en la final de la Copa América de 2024 es la fotografía que mejor describe el valor que tiene vestirse la albiceleste.
Españaque lo acogió de niño y le brindó oportunidades como nadie, trató de seducirlo para su selección. igual italiade donde son originarios sus abuelos. Messi lo tuvo claro. Como dijo Jaime David Fernández Mirabal a los medallistas dominicanos de los Juegos Panamericanos de 2015… «representar a tu país no tiene precio».



