Un grupo de investigadores del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) de España identificó un mecanismo biológico inesperado que vincula al sistema inmunológico del cerebro con la fertilidad. El trabajo, publicado el 12 de marzo de 2026 en la revista Cienciarevela que ciertas células defensivas del sistema nervioso central influyen en el inicio de la maduración sexual.
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La investigación fue dirigida por la científica Eva González Suárez y el investigador Alejandro Collado Solé. Este estudio se desarrolló principalmente con modelos de investigacion en animales.
Durante la investigación, el equipo detectó que la microglíaque es un tipo de célula inmunológica del cerebro, interactúa con las neuronas responsables de activar la cascada hormonal que produce la pubertad y al desarrollo de los órganos reproductivos.
Eva González Suárez y Alejandro Collado Solé Foto:CNIO
Según explica el comunicado del CNIO, este proceso está relacionado con la proteína «RANK», conocida por su papel en la remodelación ósea y el desarrollo mamario. Sin embargo, este nuevo trabajo amplía su relevancia biológica al demostrar que también participa en el control de la fertilidad.
Este es el papel de las defensas del cerebro en la fertilidad.
Según el CNIO, el punto de partida del proceso reproductivo se encuentra en el eje hipotálamo-hipófiso-gonadal, una región cerebral que regula múltiples funciones hormonales. Allí, las neuronas liberadoras de hormonas «gonadotropinas» activan la hipófisis y desencadenan la producción de otras señales químicas que estimulan el desarrollo de ovarios o testículos.
Hasta ahora se pensaba que ese mecanismo estaba regulado principalmente por neuronas. No obstante, el nuevo estudio incorpora a la microglía como un actor clave dentro de este sistema. Estas células funcionan como el “servicio de limpieza” del cerebro, eliminando residuos y posibles amenazas dentro del sistema nervioso.
Células de la microglía (verde) interactuando con neuronas GnRH (rojo) en ratones del grupo. Foto:AINC
“El hecho de encontrar células que no son neuronassino celulas inmunitariasregulando la fertilidad ya es importante”, señaló la investigadora Eva González-Suárez en el comunicado oficial del CNIO.
Los experimentos mostraron que la microglía regula la actividad de las neuronas que liberan. la hormona GnRH a través de la proteína RANGO. Cuando los científicos eliminaron esta proteína en los modelos animales, se produjo una alteración profunda en la función reproductiva.
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Los animales que carecían de RANK antes de la pubertad no desarrollaron la maduración sexual y presentado niveles muy bajos de hormonas. En los ejemplares adultos, la eliminación de esta proteína provocó infertilidad en aproximadamente un mes.
Posibles implicaciones para entender la infertilidad
Además de estudiar este fenómeno en animales, los científicos analizaron muestras de pacientes con hipogonadismo hipogonadotrópico congénito, un síndrome poco frecuente caracterizado por ausencia o retraso de la pubertad.
El equipo detectó mutaciones en el gen responsable de producir la proteína RANK en algunos de estos pacientes. Este hallazgo sugiere que, en efecto, la proteína podría desempeñar un papel relevante en ciertos casos de infertilidad humana cuya causa genética aún no estaba clara.
Los científicos analizaron muestras de pacientes con una enfermedad congénita. Foto:stock
“Estos resultados muestran que RANGO podría ser una diana terapéutica para las alteraciones endocrinas y los síndromes que afectan a la fertilidad”, señalan los autores del estudio en el artículo publicado en Ciencia.
La investigación también abre nuevas preguntas para la biología y la medicina. Eva González mencionó que el papel de la microglía podría extenderse a otros sistemas regulados por el hipotálamo. “El papel de la microglía como regulador de la función de las neuronas ‘reproductoras’ es nuevo, y esa regulación asociada a RANK puede ocurrir en otros ejes”, explicó la científica.
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Esto significa que, en el futuro, el uso de estas investigaciones podría relacionarse con procesos como el control del apetito, el estréasí incluso ciertos enfermedades neurológicas.
Aunque todavía se requieren más estudios para confirmarlo, el descubrimiento refuerza la idea de que el cerebro y el sistema inmunológico trabajan de forma más integrada de lo que se pensaba para la regulación de los organismos.
Juan Sebastián Liévano Aldana
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