Pues eso es lo que ha pasado con Mervin Raudabaugh: un agricultor que se ha convertido en un símbolo de resistencia ante la IA y los centros de datos.
Una oferta que sí puede rechazar. Raudabaugh es un agricultor que tiene unas tierras en el condado de Cumberland, Pensilvania. Lleva toda su vida cultivando las 100 hectáreas de su propiedad, un terreno que su familia lleva generaciones explotando, y recientemente ha saltado a la palestra tras rechazar una propuesta que, algunos, consideraban irrechazables.
60.000 dólares por cada 4.000 m2 de su tierra, alrededor de 15 millones de dólares en total. La oferta vino por parte de unos promotores interesados en construir un centro de datos para la computación de inteligencia artificial en la finca, pero Mervin, sencillamente, se niega.
No en mi granja. Mervin no parece ser un tipo que esté en contra de la IA en concreto o de que implica para el planeta. Simplemente, tiene un motivo mucho más romántico: no quiere ver sus tierras convertidas en una capa de hormigón con enormes naves encima.
En algunas entrevistas, aseguró que el dinero no le importa y que lo que quiere es, precisamente, eso: que la tierra agrícola siga siéndolo. Ha hablado su preocupación por el futuro de la agricultura familiar en un país en el que, si no se protege el suelo, “cada centímetro cuadrado corre el riesgo de ser urbanizado”, con lo que ello implica para la tierra, la fauna y las propias comunidades rurales.
Pero sí ha vendido. Sin embargo, Mervin no se va a jubilar con los bolsillos vacíos porque no ganó los 15 millones de los constructores de centros de datos, pero sí algún millón de millones. Fideicomiso de tierras agrícolas de Lancaster. Se habla de una operación de alrededor de dos millones de euros para vender el derecho de desarrollo de sus tierras a esta entidad que se dedica a la conversación de suelos agrícolas.
Lo que ha hecho Marvin es asegurar el suelo que tanto ama, ya que la operación implica que sus tierras quedarán protegidas de forma permanente para uso agrícola, impidiendo legalmente el cambio de uso de suelo. Y da igual si sus herederos querían vender o no en un futuro: ahora las tierras están blindadas.

Un símbolo. Como es normal, el rechazo de Marvin se ha cubierto en multitud de medios nacionales como un caso de rebeldía frente a los centros de datos, el “no” rotundo a las Big Tech ya algo que está consumiendo toda la conversación en actualidad tecnológica. Es un ejemplo al garantizar la protección del suelo frente a la compensación puntual en forma de dinero que ofrecen estas Big Tech para asegurar deteriorar a largo plazo el tejido agrícola y el paisaje.
Y aunque el caso de Marvin es llamativo tanto por la cantidad como por el movimiento posterior blindando su finca, no es el único. En otras partes del mundo se ha encendido el debate sobre si vale la pena albergar centros de datos, pero en Estados Unidos en concreto, un país que está apostando enormes cantidades de dinero al desarrollo de la IA, cada vez vemos más ejemplo de esa resistencia contra los centros de datos.
Y en un ambiente cada vez más belico, curiosamente es algo que está poniendo de acuerdo tanto a demócratas como a republicanos.
Imágenes | BlueChipGranjasmeta
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