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Al Dr. Jimmy Barranco,
poeta y entrañable amigo.
PREÁMBULO
Desde que en diciembre de 1976 edité mi primer libro —el poemario «Pesada atmósfera»»— toda mi vida ha girado en torno al libro. Son ya 51 años de labor ininterrumpida; en aquel tiempo aún no cumplió los 21. Más de treinta obras publicadas entre 1980 y 2026 —auto editadas casi todas— constituyen una experiencia editorial que sustenta mi opinión sobre la situación de orfandad por la que atraviesan hoy los escritores dominicanos.
A esa penosa situación me he de referir tomando como referente comparativo a un país europeo donde los escritores son tratados con dignidad ejemplar: Noruega, donde la cultura está atravesada por el espíritu de igualdad y por el amor a la naturaleza, por la honestidad de su gente y un extraordinario respaldo gubernamental a las artes y las letras.
Basándome en datos extraídos de fuentes digitales confiables, analizo una realidad que, lejos de mejorar, parece haberse estancado en las carencias que ya señalaba en mi discurso «Víacrucis del autor y del libro dominicano», pronunciado en el acto de puesta en circulación de mi libro «El fantasma de Trujillo: antología de cuentos sobre el tirano y su Era», realizado en 2005 la Biblioteca Nacional «Pedro Henríquez Ureña»». En aquel entonces, denunciaba el drama de la ineditez y la falta de mecanismos estatales de apoyo a los escritores para la publicación de sus trabajos. Me cito a mí mismo:
«El tema relativo a la publicación de obras literarias como fórmula eficaz –y lógica- de desafío a la ineditez ha ocupado siempre un lugar preponderante en la vida cultural del país a través de toda su historia: desde el inicio de la actividad literaria en estas tierras colonizadas por los españoles –es decir, desde el siglo XVI, en que nacieron los primeros autores de ficción en la Isla-, ese histórico problema ha gravitado, como factor desmotivante, en el quehacer de los hombres y mujeres de letras, no tan sólo en la República Dominicana, sino también en el resto de los países latinoamericanos en los que el libro nunca ha sido asunto prioritario en la agenda de los gobernantes.
Posiblemente sea la República Dominicana uno de los países de la América Hispánica con mayor número de obras literarias inéditas, pues las múltiples e insalvables inconveniencias que el autor dominicano tiene que enfrentar para publicar son material suficiente para escribir más de un discurso quejumbroso.».
Hoy, el diagnóstico es el mismo: el Estado dominicano suele ofrecer aplausos o empleos nominales como parte de una maquinaria de clientelismo político, mientras que el Estado noruego firma contratos.
EL MODELO NORUEGO: LA LITERATURA COMO INFRAESTRUCTURA
El Ministerio de Cultura e Igualdad de Noruega no ve la literatura como un adorno, sino como infraestructura vital, igual que un acueducto. Cuatro columnas sostienen el oficio de escritor en esa gran nación:
- Derecho de préstamo público
Cada vez que una biblioteca presta un libro, el autor cobra. En 2016, este fondo repartió 11,6 millones de euros. Mientras que, en la patria que el Fran Maestro Eugenio María de Hostos adquirió como suya, una obra puede circular millas de veces en la Red de Bibliotecas Públicas —conforme a lo establecido en la Ley No. 502-05, sobre el Libro y Bibliotecas— sin que el autor reciba un solo peso: el Estado «subsidia» al lector, pero abandona al creador.
- Compra pública automática
El Consejo de las Artes noruego compró 1,000 ejemplares de cada novela nueva de autor nativo para distribuirlos en las bibliotecas. Mientras que, en la patria de la ejemplar educadora Salomé Ureña de Henríquez, el autor debe «tocar puertas» de oficinas gubernamentales, contando a veces con amigos en posiciones de poder, para que se le compren 20 ejemplares, a menudo supeditados a la visibilidad de un acto oficial.
- Becas sueldo vs. pluriempleo
El Estado noruego otorga hasta 25.000 euros anuales para que el autor se dedique exclusivamente a escribir. Mientras que, en la patria del insigne narrador Juan Bosch, el escritor es un pluriempleado por necesidad.
Es importante consignar aquí que el pluriempleo fragmenta la disciplina creativa y confisca el tiempo de calidad, obligando al autor a escribir desde el cansancio y en los márgenes de una jornada ajena. Esta dispersión de energías no solo ralentiza la producción literaria, sino que debilita el rigor intelectual al convertir el oficio en un acto de supervivencia y no en un ejercicio de pensamiento pleno.
- Compra de libros y archivos a escritores vivos
En Noruega, la Biblioteca Nacional compra archivos y bibliotecas de autores vivos para preservarlos, cumpliendo así con su objetivo principal: «preservar el pasado para el futuro», impidiendo que la memoria sea devorada por el olvido. Mientras que la patria de la ilustre Camila Henríquez Ureña, ¿cuántas bibliotecas de autores valiosos han terminado en puestos de venta de libros viejos o vendidos al mejor postor extranjero?
Otra pregunta retórica: ¿bajo cuáles penosas circunstancias la Biblioteca Nacional «Pedro Henríquez Ureña» y el Archivo General de la Nación adquirieron bibliotecas privadas, en la mayoría de los casos, de autores ya fallecidos?
Sobre ese tema procede hacer mención de mi artículo «El Estado dominicano también debería comprar bibliotecas privadas de autores vivos», publicado en mi columna del periódico «El Nuevo Diario» del 29 de julio de 2025. En los párrafos cuarto y quinto digo lo siguiente:
«Yo pienso que la decisión gubernamental de adquirir las bibliotecas de escritores fallecidos debería contemplar, también, la adquisición de bibliotecas privadas todavía en poder de los escritores vivos, pues en la República Dominicana, salvo contadas excepciones, cuando los autores mueren sus bibliotecas o las desarticulan los herederos, regalándolas sin criterio alguno o vendiéndolas “a granel” haciendo desaparecer colecciones bibliográficas de gran valor histórico-documental: tan solo con el fin de deshacerse de los libros porque ocupan espacios en la casa que objetos decorativos. podrían ocupar.
Además, por una cuestión de justicia, un escritor que ha pasado toda su vida construyendo un tesoro bibliográfico, tiene derecho —llegado a una situación de estrechez económica— a obtener los beneficios de la venta de su biblioteca, ya sea para resolver complicaciones de salud o para resolver sus problemas y angustias materiales o sencillamente porque ya le resulta incosteable su mantenimiento en el hogar. ¡O para adquirir una vivienda, lo cual siempre redunda en favor de una mayor estabilidad emocional y tranquilidad!»
LA CRUDA REALIDAD DEL AUTOR DOMINICANO
Las fuentes de ingresos de la mayoría de los escritores dominicanos no provienen del derecho de autor ni de ventas exitosas de sus libros, pues el país dominicano carece de los canales apropiados para una efectiva y eficaz comercialización con visión empresarial: no existen editoriales sólidas, ni distribuidoras, ni una red capilar de librerías.
El sustento del autor dominicano proviene de la docencia o del empleo asalariado, casi siempre en instituciones del Estado. Cuando logran emplearse en el sector privado, el sistema de explotación les consume la energía vital, dejándoles escaso margen para la creación. Luego lo invade, con los años, la frustración por no haber tenido el tiempo necesario para hacer, con la pasión temprana, lo que era su anhelo: escribir novelas, cuentos o poesía a plenitud.
Ante la falta de apoyo editorial y de patrocinio, el autor se ve empujado al abismo de la autoedición en detrimento, a veces, de su presupuesto familiar. Es un acto heroico, pero financieramente suicida, pues muchos deben apelar a préstamos personales que comprometen sus presupuestos de subsistencia para ver su obra impresa. El libro nace, entonces, de una deuda económica y de un sacrificio personal, en lugar de ser el fruto de una industria protegida.
¿A QUÉ ASPIRAMOS?
No pretendo que el Estado dominicano haga una copia exacta del modelo nórdico. Aspiro a que se tome conciencia de que el escritor no necesita lisonjas, sino valoración y apoyo estructural. Es urgente pasar de la cultura del «empleo como favor» a la del «contrato por creación» como un poderoso estímulo. Solo así el índice bibliográfico de nuestra nación dejará de ser un registro de sacrificios personales para convertirse en el verdadero índice cultural de un pueblo que respeta a sus hombres y mujeres de letras.
A todo eso aspira este apasionado bibliógrafo. Y sí: Noruega sería un buen paradigma para que el Estado dominicano transforme estructuralmente su relación con los escritores de la República Dominicana, sin que importe el lugar desde donde escriban y difundan sus creaciones literarias, pues la nación literaria es una sola y el apoyo debe ser democrático y descentralizado, con miradas hacia las comunidades del interior del país y hacia la diáspora.
FUENTES INSTITUCIONALES CONSULTADAS
- Consejo Europeo de Escritores (Consejo Europeo de Escritores). Organización que agrupa 52 asociaciones de escritores en 34 países y documenta políticas de derecho de préstamo y remuneración en Europa. (Consultado el 26 de abril de 2026).
- Gremio de Escritores de América Oeste (Sindicato de Guionistas de América, Oeste). Sindicato que representa a 20.000 guionistas de cine, TV y nuevos medios. (Consultado el 26 de abril de 2026).
- Unión de Escritores Húngaros. Caso histórico de cómo una unión de escritores pasó de herramienta estatal a voz de reforma, usando su publicación «Irodalmi Újság» para exigir cambios en los años 50. (Consultado el 26 de abril de 2026).
- Uniunea Scriitorilor din Republica Moldova (Unión de Escritores de la República de Moldavia). Ejemplo de estructura gremial activa en Europa del Este, con más de 200 miembros y elección democrática de directiva en 2021. (Consultado el 26 de abril de 2026).
Por miguel collado
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