El 18 de marzo de 2023, una lancha de vigilancia aduanera abordó un velero, Rothmans, que transportaba una “importante” y “muy elevada” cantidad de cocaína en la costa de las Islas Canarias. La embarcación fue detectada en una ruta “anómala” desde Cabo Verde hacia el Caribe, realizando paradas en zonas habituales de transbordo de estupefacientes y desconectando sus sistemas de localización para ocultar su posición.
Tras una alerta de la DEA sobre un encuentro con una “embarcación nodriza”, el patrullero Fulmar de la Agencia Tributaria interceptó la nave en aguas internacionales. Comenzó así una operación de abordaje rutinario, que se transformó rápidamente en un escenario de violencia y muerte en mitad del Atlántico.
Cuando los agentes intentaron abordar al velero, el condenado, Jiri Jokl, que se encontraba al timón, efectuó un “cambio brusco e inesperado de su rumbo” con el objetivo de impedir el abordaje, embistiendo directamente a la lancha policial. El impacto provocó que la embarcación de asalto perdiera la estabilidad y volcara, quedando en posición de “quilla al sol”.
Como consecuencia de esta maniobra intencionada, un agente aduanero quedó atrapado bajo el casco y falleció por anoxia anóxica, a pesar de las intensas maniobras para tratar de reanimarle. Tras el vuelco de la lancha, otro tripulante, Marcel Krejza, aprovechó la confusión para bajar a la bodega y disparar una bengala de salvamento sobre fardos de droga y bidones de combustible lo que ocasionó un “fuego virulento” y varias explosiones que consumieron el velero en pocos minutos antes de que se hundiera definitivamente.
Los agentes que lograron subir a bordo antes del desastre describieron haber visto “numerosos fardos blancos acumulados en varias filas”, identificables por su morfología como propios del tráfico de cocaína a gran escala. La droga no se pudo recuperar al quemarse en el incendio.
Ahora, el Supremo ratificó la sentencia condenatoria de instancia que determinaba que la tripulación, de origen checo, transportaba un cargamento masivo de cocaína que fue destruida deliberadamente en alto mar para borrar pruebas. “La fuerza convictiva deriva de la adecuada interrelación de todos los indicios concurrentes”, señala el fallo.
El Tribunal Supremo valida la condena por narcotráfico a pesar de la ausencia física de la droga, subrayando que el delito “no puede quedar impune cuando la destrucción del alijo es obra de los propios acusados”. Para el Tribunal, la “importante cantidad de cocaína” queda acreditada por la visión directa de los agentes especializados y la conducta postdelictiva de los reos, calificando el cargamento como de notoria importancia y extrema gravedad”.
Respecto al fallecimiento del agente, el fallo aplica la figura del dolo eventual, determinando que el timonel “aceptó la posibilidad de causar una muerte” al embestir violentamente a una embarcación mucho menor. El Supremo rechaza que se trate de un accidente fortuito por el mal estado de la mar, ya que las olas eran regulares y el viraje fue una “maniobra humana brusca”.
La novedad jurídica fundamental de esta sentencia es la condena por un delito de piratería. El Supremo establece doctrina al aclarar que este tipo penal no requiere necesariamente un móvil de lucro personal, sino que protege la seguridad de la navegación frente a ataques violentos. La sentencia sostiene que el ataque a la patrullera para proteger un cargamento ilícito encaja en el artículo 616 ter del Código Penal, ya que el legislador español buscó una tutela estricta frente a actos violentos en espacios de especial desprotección como el alto mar.
Así, los jueces condenaron a Jiri Jokl a un total de 30 años de prisión (20 por el concurso ideal de homicidio y piratería, más 10 por narcotráfico). Marcel Krejza y el resto de la tripulación han sido condenados a penas de hasta 16 años por su participación en el transporte de la droga y el incendio provocado. Con esta resolución, el Supremo envía un mensaje contundente contra el uso de la violencia en el mar, recordando que “el derecho penal no exige que el autor prevea en todos sus detalles el iter fisiopatológico exacto del desenlace” para ser responsable de una muerte.



