<!(CDATA(Definirse hoy como europeísta –como defensor de un modelo político y social basado en la soberanía compartida, el Estado de bienestar y el imperio del derecho– se ha convertido en un acto de rebeldía. Durante décadas, el europeísmo fue una convicción transversal. Representaba la superación de los nacionalismos que llevaron al continente al suicidio colectivo entre 1914 y 1945. Hoy, sin embargo, ese edificio histórico se encuentra amenazado como no lo había estado en generaciones. Y no solo desde fuera.
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