La respuesta, sorprendentemente, no parece estar en mirar al cielo en busca de sol o viento, sino en perforar hacia abajo, a kilómetros bajo el subsuelo. La energía geotérmica ha dejado de ser un actor secundario para convertirse en la gran esperanza del sector. Pero en Europa, esta revolución tecnológica viene acompañada de un giro maestro.
Ha estado bajo nuestros pies. Históricamente, la generación de energía geotérmica se consideró viable casi exclusivamente en regiones volcánicas excepcionales, como Islandia o Indonesia. Depende de encontrar bolsas subterráneas que tuvieran, de forma natural, calor, agua y rocas permeables. Sin embargo, como explica el informe Tema candente: la energía geotérmica en Europa del grupo de expertos Emberlos avances tecnológicos de la última década han reescrito por completo este mapa.
La industria ha adaptado las técnicas de perforación profunda y de ingeniería de yacimientos del sector del petróleo y el gas, logrando reducir los costes de los pozos en aproximadamente un 40%. Ahora, los llamados Sistemas Geotérmicos Mejorados (EGS, por sus siglas en inglés) permiten inyectar fluidos para crear fisuras artificiales en roca seca y caliente, extraer ese calor y generar electricidad en la superficie, independientemente de la permeabilidad natural del terreno.
Números que cambian el tablero energético. El impacto de esta disrupción tecnológica es monumental. Según detalla el analista Pawel Czyzak en su hoja informativala energía geotérmica ya puede producirse a costes nivelados (LCoE) inferiores a los 100 €/MWh. Para ponerlo en perspectiva, el coste marginal de la electricidad generada por gas y carbón en Europa osciló entre los 90 y los 150 €/MWh durante 2025. La geotermia ya es económicamente competitiva.
En la Unión Europea, esta tecnología podría desarrollar unos 43 GW de capacidad comercialmente viables hoy mismo. Dado que las plantas geotérmicas operan ininterrumpidamente, esto se traduciría en unos 301 TWh de electricidad al año, el equivalente a reemplazar el 42% de toda la generación eléctrica con carbón y gas de la UE el año pasado. Los países con mayor potencial identificado bajo este umbral de rentabilidad son Hungría (con 28 GW), Polonia, Alemania y Francia.
La estrategia de la «Triple Victoria». La gran baza de Europa reside en la geografía y el urbanismo. Según apunta Czyzaklas zonas con mayor potencial geotérmico a 5.000 metros de profundidad coinciden sorprendentemente con los grandes nodos europeos de centros de datos —como París, Ámsterdam y Fráncfort— y con las redes de calefacción urbana planificadas (conocidas como calefacción urbana). El plan consiste en ubicar los centros de datos cerca de estas plantas geotérmicas. La planta alimenta la IA y, posteriormente, el calor residual que genera tanto la central como los propios servidores se inyecta en las redes de calefacción urbana.
Las instituciones ya están moviendo ficha. A finales de 2024, el Consejo y el Parlamento Europeo respaldaron la creación de una Alianza Geotérmica Europea para agilizar permisos y financiar el sector. En este escenario, España reclama un papel protagonista: la vicepresidenta Teresa Ribera (cuyo cargo ostenta ahora Sara Aagese) anunció una inyección de 100 millones de euros para diez proyectos de geotermia profunda. La mayoría se ubicarán en las Islas Canarias por su excepcional subsuelo volcánico, aunque la península ya cuenta con proyectos pioneros en marcha, como los pozos de 150 metros en el campus universitario de Vitoria o la instalación de 6,5 MW en la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia.
El laboratorio nórdico. Para entender cómo funciona la parte final de este plan —calentar hogares con datos— hay que mirar a Helsinki. La capital finlandesa ha encontrado en el calor residual de los servidores un aliado inesperado para descarbonizar sus inviernos. A través de la compañía energética Helen, la ciudad lleva años probando este modelo. Los resultados muestran que un solo centro de datos en Helsinki puede llegar a calentar hasta 20.000 viviendas. La instalación de Telia, por ejemplo, ya recupera el 90% del calor que emiten sus máquinas, dando abrigo a 14.000 apartamentos en la actualidad.
Este milagro térmico requiere dos elementos: una extensa red de tuberías urbanas (calefacción urbana) y enormes bombas de calor industriales que elevan la temperatura del agua residual hasta los 85-90 ºC necesarios para la red urbana. Europa, y especialmente los países nórdicos, lidera la adopción de estas bombas de calor, convirtiendo a Finlandia en un laboratorio en una escala real de lo que podría ser el futuro del continente.
El riesgo de perder el tren tecnológico. A pesar de lo prometedor del panorama, Europa se enfrenta a serios obstáculos. Tal y como comunica el informe de Emberel Viejo Continente inventó la electricidad geotérmica (la primera planta se inauguró en Larderello, Italia, en 1904), pero ahora corre el riesgo de ceder su liderazgo. Mientras Estados Unidos y Canadá escalan comercialmente gracias a agresivos incentivos fiscales (como la Ley de reducción de la inflación) ya la inversión privada de las Gran tecnologíaEuropa se ahoga en una maraña de permisos lentos y complejos, marcos de apoyo inconsistentes a nivel nacional y una falta de mitigación del riesgo financiero para las primeras fases de perforación.
Hasta el 64%. Si la UE no canaliza fondos de innovación y simplifica la burocracia, la cadena de suministro y la reducción de costes se consolidarán fuera de sus fronteras. De hecho, investigaciones estadounidenses citadas por Ember señalan que la geotermia podría cubrir de forma rentable hasta el 64% del aumento previsto en la demanda eléctrica de los centros de datos de EEUU para principios de la década de 2030.
El premio por hacer las cosas bien es la prosperidad económica. Como recuerda Czyzak calculando su experienciaIslandia en 1940 dependía en un 70% del carbón y era una de las economías más pobres de Occidente; hoy, gracias a una red eléctrica 100% limpia (30% geotérmica, 70% hidroeléctrica), atrajo a la industria del aluminio y se convirtió en el quinto país del mundo en PIB per cápita. La geotermia profunda podría ser ese mismo catalizador para países como Hungría o Eslovaquia en la era de la inteligencia artificial.
La paradoja terrestre de la nube. En su afán por no detener el progreso de sus algoritmos, gigantes como Google o Meta han comprendido que la solución no pasa solo por mirar al cielo a la espera de que brille el sol o sople el viento, sino por perforar hacia el centro del planeta.
Europa tiene ahora frente a sí la oportunidad no solo de subirse a esta ola, sino de perfeccionarla: transformar el problema térmico de la era digital en una arteria roja que alimente el intelecto de las máquinas y, al mismo tiempo, abregue a sus ciudadanos durante el invierno. Una revolución que, literalmente, se está gestando bajo nuestros pies.
Imagen | Freepik 1 y 2
Xataka | La Tierra lleva millones de años dando calor y ahora Google lo quiere para algo muy distinto a la calefacción



