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Después del aumento de las tensiones en el Medio Oriente, una zona crucial para la provisión mundial de gas y petróleo, el Gobierno comenzará el monitoreo constantemente de cómo avanza el mercado energético global.
El Ministerio de Minas y Energía observará en tiempo real las consecuencias que los sucesos internacionales puedan tener en la estabilidad del sistema energético de la nación, el suministro de gas y el abastecimiento de combustible.
En las semanas más recientes, los mercados de petróleo se han visto tensionados debido al conflicto bélico entre Irán, Israel y Estados Unidos. El crudo Brent, el cual es una referencia mundial, sobrepasó temporalmente los USD 100 por barril debido a la amenaza de que el abastecimiento global se interrumpa.
El estrecho de Ormuz, el pasaje marítimo por donde pasa cerca de una quinta parte del petróleo que consume el mundo, es la principal fuente de inquietud. Por lo general, cualquier amenaza a esa ruta (ya sean asaltos a barcos o bloqueos logísticos) incrementa el valor del petróleo y, por ende, los costos energéticos globales. Hoy, el nodo permanece cerrado por Irán.
La coyuntura llega en un momento particular para el país. En febrero, Colombia fue admitida como miembro permanente de la Agencia Internacional de Energía (AIE), una organización que coordina la respuesta energética de sus países miembros ante la crisis de suministro.
La adhesión implica compromisos concretos. Entre ellos, participar en estrategias colectivas para garantizar que los países cuenten con energía suficiente en escenarios de escasez o volatilidad extrema.
La propia AIE activó recientemente una de esas herramientas: la liberación de reservas estratégicas de petróleo para intentar calmar la tensión en los mercados. Los 32 países miembros acordaron poner en circulación 400 millones de barriles, la mayor liberación de reservas de la historia, para evitar que la guerra dispare aún más los precios.
Sin embargo, el efecto ha sido limitado. “La liberación de reservas por parte de la AIE equivale a apuntar con una manguera de jardín hacia el incendio de una refinería”, dijo el experto Stephen Innes para Bloomberg.
La AIE ha señalado que la guerra ha afectado alrededor del 7,5 % de la producción petrolera mundial.
Por eso el monitoreo no solo tiene un componente energético, sino también económico.
Un incremento prolongado del precio del petróleo impacta directamente en la inflación, en los costos logísticos del transporte de carga y en el precio final de bienes básicos. En Colombia, por ejemplo, el transporte puede representar hasta el 44,5% del costo logístico de un producto, según Analdex.
Diversificación energética como escudo
Más allá de la coyuntura inmediata, el Gobierno insiste en que la estrategia de fondo es reducir la vulnerabilidad del país frente a estos choques externos.
La apuesta pasa por diversificar la matriz energética y avanzar en la incorporación de fuentes más limpias y sostenibles. El objetivo es que el sistema energético dependa cada vez menos de combustibles fósiles sujetos a los vaivenes geopolíticos.
El Gobierno también reiteró su respaldo a los esfuerzos multilaterales para preservar la estabilidad del mercado energético internacional.
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