Las partículas más pequeñas del aire contaminado suelen pasar inadvertidas. No se ven, no se huelen con facilidad y, sin embargo, podrían estar dejando huellas profundas en el organismo. Un nuevo estudio realizado en Canadá sugiere que la exposición a la contaminación del aire está asociada con cambios en el sistema inmunológico que suelen preceder al desarrollo de enfermedades autoinmunesampliando el foco de riesgo más allá de los conocidos Daños al corazón y los pulmones..
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Investigadores de la Universidad McGill analizaron datos de Ontario, la provincia más poblada del país, y Se encontró una asociación entre la presencia de partículas finas en el aire y niveles elevados de un biomarcador relacionado con enfermedades autoinmunes, como el lupus eritematoso sistémico.. El hallazgo se suma a una evidencia emergente que apunta a que la calidad del aire puede influir en procesos biológicos complejos en todo el cuerpo.
“Estos resultados nos señalan una nueva dirección para comprender cómo la contaminación del aire podría desencadenar cambios en el sistema inmunológico que están asociados con la enfermedad autoinmune”, explicó la doctora Sasha Bernatsky, profesora James McGill de Medicina y miembro del Centro McGill para el Cambio Climático y la Salud, así como de la División de Reumatología y del Centro de Investigación y Evaluación de Resultados. “Sabemos que algunos factores genéticos influyen en la enfermedad autoinmune, pero no cuentan toda la historia”.
Lo que revelan las partículas finas
El estudio se centró en las llamadas. partículas finas o PM2.5diminutos contaminantes lo suficientemente pequeños como para penetrar profundamente en el organismo. Según Bernatsky, su tamaño les permite algo más inquietante que llegar a los pulmones: “Estas partículas finas de la contaminación del aire son lo bastante pequeñas como para alcanzar el torrente sanguíneo, lo que potencialmente afecta a todo el cuerpo”.
El estudio se centró en las llamadas partículas finas o PM2.5. Foto:iStock
Para llegar a estas conclusiones, el equipo analizó muestras de sangre de más de 3.500 personas inscritas en CanPath, un registro nacional que reúne a más de 400.000 participantes de Quebec, Ontario y otras provincias canadienses. Al comparar los niveles de contaminación entre distintos códigos postales de Ontario, los investigadores observaron que los niveles elevados de anticuerpos antinucleares (ANA) —un biomarcador frecuentemente asociado con enfermedades autoinmunes— eran más comunes entre quienes vivían en zonas con mayores concentraciones de PM2.5.
El hallazgo refuerza la idea de que la contaminación del aire no es solo un problema respiratorio o cardiovascular. Cada vez hay más indicios de que su impacto se extiende a sistemas menos visibles, como el inmunológico, con consecuencias que podrían manifestarse años después.
Un riesgo que no se limita a las ciudades.
Bernatsky subraya que la contaminación del aire no debe entenderse únicamente como un fenómeno urbano. “La contaminación del aire suele verse como un problema urbano causado por el tráfico, pero las zonas rurales y suburbanas también experimentan mala calidad del aire”, afirmó, al señalar el humo de los incendios forestales como una posible clave contribuyente.
En Canadá existen estándares nacionales para las PM2.5 y, según los investigadores, entre los responsables de políticas públicas crece la conciencia sobre la necesidad de limitar la exposición. Aún así, el estudio plantea una advertencia clara. “Aunque la calidad del aire en general es mejor en Canadá que en muchos otros países, las investigaciones sugieren que no existe un nivel seguro, por lo que los responsables políticos canadienses necesitan investigaciones como la nuestra”, señaló Bernatsky.
El riesgo, además, no se distribuye de manera uniforme. Las comunidades de menores ingresos a menudo se encuentran más cerca de fuentes industriales o grandes vías de tráfico. Al mismo tiempo, las enfermedades autoinmunes como el lupus afectan de forma desproporcionada a mujeres y poblaciones no blancas, incluidos los pueblos indígenas.
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Los autores recuerdan que este no es un hallazgo aislado. En un estudio realizado en Quebec en 2017, también liderado por Bernatsky, se observó que vivir cerca de fuentes industriales de partículas finas elevaba marcadores sanguíneos vinculados con la artritis reumatoide. El próximo paso del equipo será analizar datos de la Columbia Británica, en busca de patrones similares.
El estudio, titulado “Contaminación del aire por partículas finas y anticuerpos antinucleares”, fue publicado en la revista Reumatología y contó con el apoyo de los Institutos Canadienses de Investigación en Salud. La supervisión metodológica estuvo a cargo de la doctora Audrey Smargiassi, de la Universidad de Montreal.
REDACCIÓN SALUD



