Por: Virgilio Pou Fernández
Durante los últimos meses, se ha intensificado un conflicto que, sin lugar a duda, marca uno de los episodios más tensos y significativos del comercio internacional contemporáneo. Se trata de la guerra arancelaria entre Estados Unidos y China, una disputa que involucra a las dos economías más grandes del planeta y que ha redefinido, de manera abrupta, las reglas del comercio mundial.
La confrontación se profundizó con las declaraciones del entonces presidente estadounidense, Donald Trump, quien acusó a ciertos países -entre ellos China- de mantener tarifas abusivas que distorsionaban la competencia y afectaban el comercio multilateral. Esta narrativa alimentó una política exterior agresiva, orientada a corregir lo que Trump describió como un “desequilibrio injustificable” en las relaciones comerciales con China, país con el cual Estados Unidos mantenía su mayor déficit comercial. Según la Oficina del Censo de Estados Unidos (2018), el déficit comercial con China superó los US$375.000 millones en 2017.
En ese contexto, Washington exigió a Beijing mayor protección a los derechos de propiedad intelectual, menos restricciones a las empresas estadounidenses, incremento de importaciones procedentes de EE.UU. UU. y no manipular el tipo de cambio. Ante la falta de avances sustantivos, Estados Unidos procedió a imponer aranceles sobre cientos de millas de millones de dólares en productos chinos; China respondió de manera recíproca. Según el Peterson Institute for International Economics (Bown & Kolb, 2021), para 2019 ambos países habían aplicado tarifas sobre más de US$450.000 millones en bienes.
Los efectos globales no tardaron en manifestarse. El Fondo Monetario Internacional (FMI, 2019) estimó que los aranceles elevaban los precios de los bienes importados y reducían el bienestar de los hogares estadounidenses con un costo aproximado de US$830 por familia. Asimismo, la incertidumbre generó volatilidad financiera y afectó las cadenas de suministro a nivel mundial. La Unctad (2020) informó que la relocalización de manufactura derivada de esta guerra comercial alteró alrededor del 1,9% del comercio global en solo un año.
En un esfuerzo por frenar la escalada, ambos países retomaron conversaciones, que culminaron en un acuerdo firmado en Malasia. Dicho acuerdo incluyó una reducción de 10 puntos porcentuales en los aranceles estadounidenses a importaciones chinas aplicables desde el 10 de noviembre de 2025, así como la suspensión de nuevas tarifas. Uno de los elementos más estratégicos de la negociación fue el tema de las tierras raras, minerales críticos para la fabricación de tecnología avanzada. China accedió a levantar restricciones de exportación a cambio de la suspensión de nuevos aranceles.
Otros puntos destacados del acuerdo incluyen la reanudación de compras de soja estadounidense por parte de China y la cooperación bilateral para frenar el flujo de precursores utilizados en la producción de fentanilo.
Aterrizando un poco en el contexto local, la República Dominicana también ha sentido los efectos de la reciente ola de ajustes arancelarios impulsados por Estados Unidos. La Imposición de un arancel uniforme del 10% a un amplio listado de países generó presiones inmediatas sobre varias economías de la región, incluyendo República Dominicana. Sin embargo, de forma paralela, la actualización del “Ajuste arancelario potencial para socios alineados” mediante orden ejecutiva abrió una ventana estratégica: diversos productos dominicanos podrían calificar para ingresar al mercado estadounidense con arancel de 0% recíproco. Ciertamente, este escenario, lejos de ser un simple alivio coyuntural, constituye una oportunidad real y significativa para fortalecer la competitividad de nuestros sectores productivos ya la vez profundizar las relaciones comerciales bilaterales con Estados Unidos.
En definitiva, todo lo acontecido anteriormente supone una competencia estructural que trasciende los aranceles. La guerra arancelaria entre Estados Unidos y China ha demostrado que el conflicto no es simplemente comercial: es geoestratégico. Detrás de los aranceles se libra una competencia por la supremacía tecnológica, industrial y política del siglo XXI. En adelante, el comercio internacional deberá adaptarse a un entorno donde las reglas son más volátiles, la geopolítica pesa más que la eficiencia y la cooperación ceden espacio a la rivalidad.
Referencias
- Bown, C. y Kolb, M. (2021). Cronología de la guerra comercial de Trump: una guía actualizada. Instituto Peterson de Economía Internacional.
- Fondo Monetario Internacional. (2019). Perspectivas de la economía mundial: crisis manufacturera mundial y crecientes barreras comerciales.
- Unctad. (2020). Actualización sobre el comercio mundial.
- Oficina del Censo de EE. UU. (2018). Comercio de Bienes con China.
- Diario Libre Estados Unidos. 2025. “Estados Unidos eliminan aranceles a ciertos bienes producidos en la República Dominicana”.



