Entre 2018 y 2019, Colombia vivió uno de los episodios más exigentes para su sistema de salud pública desde que había sido certificado como país libre de sarampión. No se trató de un brote común, sino de una situación que puso a prueba la capacidad del Estado para sostener un logro histórico en un contexto regional adverso, marcado por la reaparición del virus en varios países del continente. La historia cobra sentido porque recientemente un posible nuevo caso de sarampión es estudiado por las autoridades ante un resurgimiento global de la enfermedad.
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Los casos importados y la respuesta al sarampión
El primer caso en ascenso las alertas en marzo de 2018. Un niño procedente de Venezuela fue confirmado como portador del virus. La clasificación fue clara desde el inicio: se trataba de un caso importado. A partir de ese momento, la respuesta institucional fue inmediata. El Instituto Nacional de Salud (INS), que ya había activado un esquema de vigilancia intensificada, confirmó el diagnóstico en tiempo récord y puso en marcha una estrategia integral para evitar la propagación del virus.
Esa respuesta se apoyó en varios frentes simultáneos. Por un lado, el INS reforzó las capacidades de vigilancia y reacción de los territorios y activó un plan de actualización de los laboratorios del país. En cuestión de 18 meses Colombia no enfrentaba un solo brote sólido, sino Múltiples importaciones del virus desde Venezuela y también desde Brasil, cada una con cadenas de transmisión distintas.
Médicos y laboratorios actuaron de forma coordinada para evitar la propagación del virus. Foto:Getty Images/iStockphoto
Por eso, cada caso identificado fue rastreado de manera exhaustiva: se identifican contactos, se siguen posibles cadenas de transmisión y se aplican cercos sanitarios. Los equipos de epidemiología de campo realizaron búsquedas activas comunitarias y vacunaciones de bloqueo en círculos alrededor de cada foco detectado, con el objetivo de cortar cualquier posibilidad de expansión.
Un elemento central de la estrategia fue el uso del mapeo de casos y los estudios de genómica viral. Antes de la pandemia de covid-19, este tipo de análisis no era frecuente, pero durante el brote de sarampión se convirtió en una herramienta clave. Los estudios permitieron establecer el origen de cada caso. Cada una de esas importaciones dio lugar a cadenas de transmisión distintas, que fueron identificadas y contenidas oportunamente.
La evidencia científica fue decisiva para sustentar la postura del país. Gracias a los análisis epidemiológicos y de laboratorio, se demostró que no existía circulación endémica del virus en el territorio nacional. Todos los casos registrados fueron importados o secundarios a cadenas conocidas, lo que permitió afirmar que el estatus de país libre de sarampión se mantenía intacto.
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La respuesta no se limitó a los laboratorios y a los equipos de campo. Los médicos del país fueron actualizados de manera urgente para reconocer, notificar y manejar casos de sarampión, una enfermedad que muchos nunca habían visto en su práctica clínica debido a que hacía años había sido eliminada. Esa actualización resultó clave para garantizar la detección temprana y la notificación oportuna.
Una jornada de vacunación desplegada con celeridad fue también clave. Foto:secretaria de salud
Mientras Colombia enfrentaba este reto, otros países no lograron resistir la presión del virus. Durante ese mismo período, Venezuela, Brasil y Estados Unidos perdieron su certificación como países libres de sarampión, tras transmisión sostenida del registrador durante más de doce meses. Colombia, en cambio, logró contener cada foco y sostener su condición sanitaria.
El momento decisivo llegó en julio de 2019. Un grupo plural de expertos internacionales, convocados por la OPS/OMS, sometió al país a una evaluación técnica exhaustiva. La revisión incluyó datos epidemiológicos, resultados de laboratorio, genotipificación viral, coberturas de vacunación, mapas de localización de los focos importados y la capacidad real del sistema para interrumpir las cadenas de transmisión.
Estudios genómicos y análisis epidemiológicos demostraron que no hubo circulación endémica del virus. Foto:iStock
La evaluación se realizó en Cartagena. Allí, el entonces viceministro de Salud, Iván González, y la entonces directora del INS, Martha Ospina, enfrentaron un interrogatorio técnico que se extendió por más de ocho horas. Punto por punto, expusieron la estrategia aplicada y los resultados obtenidos. Al final, Colombia superó la prueba y fue el único país del grupo evaluado que conservó su certificación como territorio libre de sarampión.
El cierre simbólico de este proceso llegó en septiembre de 2019, cuando el entonces presidente Iván Duque recibió en Nueva York del Secretario General de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, el premio de la ‘Iniciativa contra el Sarampión y la Rubeola’, en las oficinas de Naciones Unidas.
Entrega del premio ‘Iniciativa contra el Sarampión y la Rubeola’. Foto:OMS
EDWIN CAICEDO
Periodista de Medio Ambiente y Salud
@CaicedoUcros
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