Foto: Cuenta de X de Juan David Correa
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En la noche de este 21 de febrero, Astrid Liliana Angulo Cortés, directora del Museo Nacional de Colombia, falleció después de un largo proceso luchando por su salud. Según el comunicado difundido por su familia, “se fue tranquila, rodeada del amor de su familia y sostenida por esa red inmensa de afecto, oraciones y buena energía”.
Hacía casi dos años que Angulo había sido nombrada por el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes para dirigir el museo más antiguo del país. Había estudiado artes plásticas y tenía una especialización en Escultura en la Universidad Nacional de Colombia, además de una maestría en Artes en la Universidad de Illinois en Chicago.
Había sido escogida para este puesto por su destacado trabajo en la exploración de la identidad afrodescendiente a través del arte. Reflexionó sobre la representación de las personas afro en la cultura contemporánea a través de diversas formas artísticas como la fotografía, la instalación y la escultura.
Entre sus obras destacadas estuvieron exposiciones individuales como “Observing Whiteness” y “Mancha negra”, así como participaciones en exposiciones colectivas como “Negritura e Identidad” e incluso sus obras alcanzaron un verso a nivel nacional e internacional.
Además, antes de asumir la dirección del Museo Nacional, Liliana Angulo había trabajado como subdirectora de las Artes en el Instituto Distrital de las Artes, gerente de Artes Plásticas y Visuales, subdirectora operativa en la Fundación Gilberto Alzate Avendaño (FUGA) y subdirectora de Arte, Cultura y Patrimonio en la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte.
Entre sus proyectos destacados estuvo el trabajo que dedicó a la consolidación del Museo Afro de Colombia, que tendría su sede en Cali y estaría dedicado a lo más destacado del arte afrocolombiano. Esto estaría en consonancia con todos los esfuerzos que dedicaron a la visibilización de las tradiciones culturales y las reparaciones históricas a través de la creación y la cultura.
Su familia la despidió con cariño y afirmó que “su vida fue coherente hasta el final: lúcida, amorosa, agradecida”.
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