Un despliegue que ya es histórico. Por supuesto, no sabemos con certeza si Estados Unidos va a atacar a Irán. Lo que sí sabemos es que está ejecutando el mayor despliegue aéreo en Oriente Medio desde la invasión de Irak en 2003, una concentracion de poder que no se explica como simple presión diplomática.
En estos momentos hay decenas de cazas furtivos, aviones de mando y control, sistemas antimisiles y dos grupos de portaaviones tomando posiciones mientras la Casa Blanca insiste en que la diplomacia. sigue sobre la mesa. La incógnita no es si Washington tiene capacidad para golpear, sino cuándo y con qué alcance decidiría hacerlo. Y si los mapas satelitales no mirenel domingo por la mañana todo estaría listo.
Cazas furtivas en movimiento. Los radares han indicado Desde hace varios días que los F-22, F-35 y F-16 están cruzando el Atlántico en oleadas, reforzando bases en Jordania y Arabia Saudí que se están convirtiendo en plataformas de lanzamiento para una campaña sostenida.
A ellos se suman F-15Eaviones de guerra electrónica y nodos de comunicaciones aéreas que permiten coordinar operaciones complejas. No es el patrón de un ataque puntual como el perpetrado en Irán con la Operación “Martillo de medianoche”sino más bien la arquitectura de una guerra aérea “pesada” y prolongada, una capaz de durar semanassino más, con objetivos que van desde instalaciones nucleares hasta depósitos de misiles y centros del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica.


AWACS al límite. Hay seis centinela boeing e-3, es decir, casi el 40% de una flota envejecida y con baja disponibilidad, unos sistemas de alerta y control que han sido enviados hacia Europa y Oriente Medio. Hablamos del cerebro flotante que gestiona el combate aereocoordina interceptaciones y detecta drones y misiles de crucero a baja cota.
Su despliegue masivo indica que los planificadores están configurando un entorno de “batalla de alta intensidad”pero a la misma vez revela una vulnerabilidad estructural de Washington: Estados Unidos depende de una flota reducida y antigua para dirigir una de las campañas más complejas del planeta.


Ford estadounidense
Patriotas, THAAD y la defensa ante la represalia. Qué duda cabe, en movimiento semejanteel refuerzo no es solo ofensivo. Sistemas Patriot y THAAD se han adelantado para proteger al alrededor de 30.000 a 40.000 soldados estadounidenses dispersos en la región ya aliados como Israel.
Esto nos da una idea de lo que se espera. Washington asume que cualquier ataque desencadenaría una respuesta con misiles balísticos, drones kamikazes y posiblemente intentos de cerrar el Estrecho de Ormuz. El despliegue busca asegurar que, si llega la represalia, pueda absorber el golpe. sin paralizar la operación.


Dos portaaviones y una “armada” visible en el espacio. el USS Abraham Lincoln ya opera en la zona con destructores Aegis y submarinos nucleares, mientras el USS Gerald R. Ford avanza desde el atlántico tras cruzar cerca de Gibraltar.
Como decíamos, si mantiene su velocidad actual, estará frente a la costa de Israel el domingo por la mañana y podrá reforzar la defensa aérea ante una represalia iraní inmediata. Dos grupos de combate con F/A-18, F-35C y aviones de guerra electrónica proporcionan potencia móvil, defensa antimisil y capacidad de ataque sostenido. Es decir, que no es una presencia simbólica, estamos ante es una señal inequívoca de preparación. para combatir real.


Bandeja portaaviones estadounidense US Ford
Teherán, Moscú y Pekín de prácticas. Mientras Washington concentra fuerzas, Irán está realizando en estos momentos ejercicios navales con rusia y china en el Estrecho de Ormuz. La presencia de buques rusos y chinos no altera el equilibrio militar frente a la Marina de Estados Unidos, pero añade si se quiere una capa. política y riesgo que obliga a planificar con mayor cautela.
A este respecto, Irán también ha cerrado partes del estrecho para maniobras con misiles antibuque y drones, subrayando que cualquier guerra no sería un intercambio limitado, sino una escalada con impacto global en el petróleo y las rutas marítimas.
Una barbaridad para objetivos ambiguos. La acumulación de fuerzas permite, a priori, múltiples escenarios: desde un ataque limitado contra instalaciones nucleares hasta una campaña destinada a degradar la capacidad misilística o incluso debilitar al régimen.
Sea como fuere, la superioridad tecnológica y aérea no resuelve la incógnita política de ¿Qué ocurriría después?. Sin fuerzas terrestres ni una coalición amplia, una guerra prolongada dependería casi exclusivamente del poder aéreo y naval. A ese respecto, contaba con el New York Times que la Casa Blanca ha recibido aviones diseñados para maximizar el daño, pero aún no ha tomado la decisión final.
Presión como arma estratégica. En escenarios semejantes no caben muchas opciones. O bien el despliegue es el preludio de un ataque, o estamos ante una herramienta de presión sin precedentes destinada a forzar concesiones en la mesa de negociación.
Algunos analistas creen que la demostración de fuerza que tienen frente a ellos en estos momentos podría convencer a Teherán de que Washington va con todo. Otros advierten que la misma preparación que aumenta la credibilidad militar también reducir el margen para retroceder sin coste político alguno.
Una cosa está clara: en este punto, el movimiento de piezas ya es histórico e hiperbólico, y lo único que falta es saber si se quedará en amenaza o se convertirá en una guerra abierta de dimensiones imprevisibles.
Imagen | TREVOR MCBRIDE, antena del ejército de EE. UU., RawPixel, OTAN
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