En el último reporte del Instituto Nacional de Salud, con corte al miércoles 7 de enero del 2026, se registraron 1.647 casos de quemados en Colombia, una variación del 22,5 por ciento en comparación con el mismo periodo pero de 2024-2025cuando se registraron 1.345 casos.
Según el informe más reciente, los 10 departamentos con mayor número de casos son: Antioquia (198), Nariño (148), Bogotá (127), Norte de Santander (96), Cauca (94), Cundinamarca (89), Córdoba (69), Santander (69), Atlántico (64) y Tolima (62).
El INS explica que el alcalde porcentaje de casos según tipo de lesión se registra en quemaduras, con un 90 por ciento de los casos. Le sigue laceración (58 por ciento), contusión (23 por ciento), amputación (8 por ciento), daño ocular (7 por ciento) y fracturas (7 por ciento).
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De los 1.647 casos registrados hasta el momento, 1.152 se presentan en personas mayores de edad; 529 son adultos bajo los efectos del alcohol; 495 hijos menores de edad; y 54 son menores en compañía de adultos bajo los efectos del alcohol.
Teniendo en cuenta que el porcentaje de quemados sigue creciendo en el país (se estima que los informes de vigilancia del INS se proyectan hasta después del puente de Reyes), expertos analizan la situación y explican cómo se podría mitigar.
Cifras de la pólvora, instituto nacional de salud Foto:Pagina web oficial SIVIGILA
Martín Velarde Borjas, representante Regional del campo psicología del Colegio Colombiano de Psicólogos, advierte que las víctimas por el uso indebido de pólvora no es una problemática nueva y se analiza desde dos perspectivas.
La primera, «desde un punto de vista psicobiológico, la explosión de la pólvora genera dos emociones primarias: temor y sorpresa. Existe una expectativa mientras el proyecto asciende, lo que activa respuestas hormonales como la liberación de cortisol. Posteriormente, cuando ocurre la explosión, las luces, el asombro y las detonaciones perfectamente calculadas generan una liberación importante de dopamina, el neurotransmisor asociado a los circuitos de recompensa y gratificación sensorial. Esto produce una experiencia sensorialmente muy placentera.por lo que muchas personas disfrutan contemplar los fuegos artificiales y escuchar las detonaciones».
Y la segunda, «desde una mirada psicológica y psicosocial, la pólvora tiene un arraigo ancestral. Desde su invención, no solo se utilizó con fines bélicos, sino también recreativos. Históricamente ha estado asociada a la victoria, el logro, la prosperidad, la alegría, la celebración y la opulencia. Por eso se usa en celebraciones como triunfos deportivos, la Navidad o eventos tradicionales como la Alborada en Medellín. A pesar de los riesgos, se mantiene como una forma de expresar alegría y celebración».
En su opinión, existe además un fuerte componente cultural. «Muchos padres continúan comprando pólvora para sus hijos porque les evoca recuerdos de su propia infancia y de las celebraciones navideñas, buscando revivir esas emociones».
Los quedamos por pólvora no es una problemática nueva. Foto:Alcaldía de Ibagué
La importancia de las campañas de prevención.
Además, detalla que es necesario desplegar mayores campañas de prevención y concientización, orientados principalmente a la emocionalidad.
«Actualmente, como sociedad colombiana estamos muy orientados hacia el placer y la gratificación sensorial. La gratificación que produce la pólvora puede compararse, en cierta medida, con la que generan algunas drogas. Aunque muchas personas saben que algo les hace daño, la búsqueda de placer termina siendo más fuerte», señala.
«Sabemos que la pólvora es peligrosa, que no debe manipularse bajo efectos del alcohol ni entregarse a los niños. Sin embargo, la mayoría de las decisiones humanas no se toman desde la racionalidad, sino desde lo emocional. Por eso, incluso con información clara, las personas siguen recurriendo a la pólvora».
Y agrega: «Las campañas de prevención deben apelar también a la emocionalidad, no solo a argumentos racionales, e invitar a las personas a encontrar alternativas de celebración que generen emociones positivas sin poner en riesgo la vida y la salud.«.
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El impacto a la salud pública
La doctora Damaris Romero, presidenta de la Sociedad Colombiana de Cirugía Plástica Estética y Reconstructiva, en entrevista con EL TIEMPO detalló los impactos de las personas quemadas en la salud pública.
«Desde el punto de vista de la salud pública, el impacto es muy alto. Estos pacientes suelen requerir tratamientos prolongados, Múltiples cirugías reconstructivas y procesos de rehabilitación extensos. Además del manejo quirúrgico, se necesita un abordaje multidisciplinario que incluya acompañamiento psicológico, tanto para el paciente como para su entorno familiar. Todo esto implica altos costos para el sistema de salud y largos tiempos de recuperación», detalla la doctora.
El especialista continúa con su explicación: «Una quemadura por pólvora no solo transforma la vida del paciente, sino también la de su familia. Las amputaciones y secuelas permanentes generan profundos trastornos psicoafectivos y un alto nivel de estrés emocional. Estas situaciones afectan al núcleo familiar en su conjunto y, en muchos casos, también a las mascotas, que sufren de manera significativa por el ruido y las explosiones asociadas al uso de pólvora.«.
Doctora Damaris Romero, 20 años de experiencia en manejo de pacientes quemados. Foto:cortesia
Algunas soluciones
El doctor Martín Velarde Borjas sugiere algunas medidas para mitigar los casos de quemados en Colombia.
«Una de las principales alternativas es el uso de tecnologías que reemplazan la pólvora. Cada vez más alcaldías y organizaciones apuestan por alumbrados navideños, espectáculos de luces, drones, láseres y pantallas gigantes, que generan asombro y gratificación sensorial sin poner en riesgo la vida”, apunta el especialista.
Explica que en eventos deportivos y celebraciones masivas, otros países ya han demostrado que es posible celebrar sin pólvora, apoyándose en la música, los efectos visuales y la tecnología. El reto -apunta- es ir asociando, de manera progresiva, la celebración con estas nuevas formas.
«Paralelamente, es fundamental continuar con campañas de información y sensibilización. No solo sobre las consecuencias físicas —quemaduras, amputaciones, intoxicaciones— sino también sobre el impacto psicológico que dejan estas lesiones, especialmente en niños. Como psicólogo que ha trabajado en una unidad de quemados, puedo decir que una gran parte de los ingresos correspondían a lesiones por pólvora, con quemaduras de primero, segundo y hasta tercer grado», finaliza.
SAMUEL AMISADAI ROSALES ROSALES – REDACCIÓN SALUD
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