En Cerro Azul, Guaviare, se pueden ver pinturas de más de doce mil años de antigüedad.
Foto: María Alejandra Castaño
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Si busca un destino donde la naturaleza, la cultura y las comunidades se entrelazan de manera auténtica, el Guaviare es ese punto en el mapa que sorprende sin necesidad de exagerar. Este departamento, ubicado en la región de la Amazonía–Orinoquía y reconocido como parte del corazón verde de Colombia, es un territorio donde la biodiversidad se vive en cada sendero y donde los antiguos petroglifos revelan la memoria de los primeros pueblos indígenas.
Y si alguna vez se ha preguntado por qué el Guaviare es uno de los grandes referentes de la Colombia verde, este es el momento de descubrirlo. La Expedición BIO al bajo río Guayabero y alto río Guaviare – Naturaleza, Paz y Territorio – mirar permitió el departamento más allá de sus paisajes conocidos y revelar la profundidad de su riqueza natural y cultural.
Sus hallazgos muestran por qué este territorio se está consolidando como un destino imperdible para el turismo de naturaleza. Aquí le contamos qué encontraron y por qué el Guaviare debería estar en su lista de viajes.
¿Qué encontró la expedición sobre el potencial turístico de naturaleza de la región?
La expedición confirma que el Guaviare tiene un potencial turístico de naturaleza mucho mayor del que se conoció. En total, se registraron 2.037 especiesde los cuales más de mil tienen usos tradicionales y 624 muestran un alto potencial para actividades turísticasdesde avistamiento de fauna y flora hasta recorridos interpretativos y experiencias culturales.
Esta riqueza se complementa con paisajes fluviales, formaciones rocosas únicas y un fuerte arraigo ancestral que le dan al territorio un valor diferencial para quienes buscan turismo basado en conservación y aprendizaje.
Para llegar a estos hallazgos, Mariela Osorno, coordinadora de la Expedición BIO Guaviareexplicó que el equipo recorrió cerca de 87 kilómetros entre San José del Guaviare y Mapiripán (Meta), una franja donde confluyen la Amazonía y la Orinoquía. A lo largo del trayecto, investigadores, instituciones y comunidades locales estudian flora, macrohongos, aves, anfibios, reptiles, mamíferos, peces y macroinvertebrados, además de analizar microorganismos y evaluar la calidad del agua en los diferentes cuerpos hídricos.
“Más allá del inventario biológico, la expedición logró algo clave para el turismo: identificar y priorizar atractivos naturales y culturales que pueden fortalecer la oferta existente”, señaló la experta.
Este trabajo permitió ampliar significativamente las posibilidades turísticas del territorio y consolidar ocho propuestas comunitariasadaptadas a las realidades locales, que hoy funcionan como una hoja de ruta para un turismo sostenible en la región.
Y es que los hallazgos son importantes, puesto que se destacan 43 especies migratoriasperfectas para el aviturismo en la región que utilizan estos humedales como rutas biológicas clave; 13 especies amenazadasfundamentales para estrategias de conservación; 12 especies endémicasexclusivas de esta región; y 19 especies introducidascuya presencia es relevante para procesos de manejo y control.
«Los registros obtenidos fueron curados y depositados en las colecciones de referencia del país. Este avance no solo contribuye al inventario nacional, sino que ofrece información clave para iniciativas de turismo de naturaleza y desarrollo sostenible», explicó Osorno.
Las comunidades que participaron en este avance fueron de la vereda Raudal del Guayabero, Puerto Arturo, el resguardo indígena La María, Cámbulos, Sabanas de la Fuga, Damas del Nare, Guarnizo, Caño Evaristo y la Laguna La Herradura.
¿Por qué esto es tan importante para el turismo?
Sobre la importancia del turismo en este contexto, Osorno se enfatizó en que el turismo de naturaleza ofrece beneficios en dos niveles. Por un lado, genera bienestar económico y crea alternativas que permiten que las familias —en especial los jóvenes— permanezcan en su territorio y encuentren oportunidades basadas en sus propios recursos naturales. Por otro, fomenta un vínculo profundo con la naturaleza: quien vive del turismo de naturaleza debe cuidar el hábitat del que depende, lo que impulsa la conservación y una relación sostenible con el entorno.
«En un territorio tan biodiverso como el Guaviare, incluso siendo una zona intervenida y no una región prístina de la Amazonía, los resultados de la expedición demuestran su enorme potencial. Por eso, el turismo de naturaleza se perfila como una estrategia que no solo permite aprovechar responsablemente la riqueza biológica, sino que también fortalece los procesos productivos y organizativos de las comunidades. En esencia, es un gana-gana para el territorio y para quienes lo habitan“, aseguró la experta.
Menciona que, por lo tanto, el turismo se convierte en una herramienta que combina conservación, educación y desarrollo local. Por ello, el objetivo es que futuros recorridos integren no solo especies emblemáticas y visibles, sino también información sobre procesos ecológicos menos perceptibles, como por ejemplo, la calidad del agua y el papel de organismos poco visibles.
“De esta manera, la experiencia turística no se limita a la emoción del avistamiento, sino que ofrece contenido valioso que conecta al visitante con la complejidad del ecosistema”, dijo
A continuación, se destacan los elementos claves para desarrollar esta estrategia:
- Selección de especies abundantes y emblemáticas: Se priorizan aquellas que sean fáciles de observar y representantes del territorio, como tortugas, caimanes, delfines y nutrias. En zonas específicas pueden encontrarse hasta tres especies de caimanes, incluyendo una difícil de observar en otras regiones.
- Aprovechamiento de atractivos específicos según temporada: Durante la época de lluvias, ciertos puntos permiten observar hasta 15 especies de anfibios en una sola noche, lo que abre oportunidades para el turismo especializado en herpetología, un segmento creciente a nivel mundial.
- Valor turístico de la flora: Algunas especies vegetales se destacan especialmente en épocas de floración, aportando color y atractivo visual a los recorridos.
- Integración del conocimiento ecológico invisible: Aunque organismos como microalgas, bacterias o macroinvertebrados no se ven a simple vista, pueden incorporarse en estaciones educativas dentro de los recorridos para explicar su papel en la calidad del agua y en la salud del ecosistema.
- Formación comunitaria para ofrecer experiencias de calidad: Las comunidades buscan aprender más sobre biología y monitoreo de especies, de modo que las guías puedan saber cuándo y dónde observarlas, y brindar información útil, precisa y oportuna al visitante.
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