Pedro Sánchez ha deslizado por primera vez la posibilidad de que España asuma el despliegue de sus fuerzas militares en Ucrania. Lo ha hecho este martes desde París, al término de la reunión de la denominada Coalición de Voluntarios -conformada por 35 países-, y lo ha presentado como una hipótesis ligada a un escenario inédito tras cuatro años de guerra. La posible consolidación de un alto el fuego y la construcción de un sistema de garantías de seguridad sobre el terreno que, ha subrayado, “está cobrando forma”.
El presidente del Gobierno ha subrayado que España “sí planteará” la participación de capacidades militares en Ucrania, siempre en el marco de los compromisos que están diseñando los 35 países implicados en el sustento del país ucraniano y sin que, de momento, existe aún una propuesta cerrada. Sánchez ha insistido, eso sí, en que se trataría de una contribución orientada a consolidar la paz y no a intervenir en las hostilidades. Si bien ha remarcado que cualquier decisión será comunicada al Congreso de los Diputados y al conjunto de la ciudadanía tan pronto se concreta el planteamiento. Máxime si, como se intuye, la operación se hará fuera del marco de la OTAN y de la ONU. Los dos paraguas bajo los que se han vertebrado las acciones militares de España en el exterior desde el pasado siglo.
Se trata de un escenario que la ministra de Defensa, Margarita Robles, ya deslizó la pasada semana cuando, tras la última entrevista que mantuvieron en Florida los presidentes de EE.UU. y Ucrania, no descartó la participación en una fuerza de interposición internacional para velar por un acuerdo de paz en Ucrania. “España y sus Fuerzas Armadas van a estar siempre firmemente comprometidas con la paz” (…) “Hoy es Ucrania, mañana puede ser cualquier otro país”, aseveró relatando que tanto en las reuniones de la Unión Europea como en las de la OTAN sus colegas le manifiestan que “los ciudadanos de los países del norte viven horrorizados”.
A modo de ejemplo, Robles esgrimió la misión Unifil de la ONU en el Líbano. “España y sus Fuerzas Armadas van a estar siempre firmemente comprometidas con la paz, donde haga falta, donde sea necesario en los términos que la comunidad internacional acuerde”, apostilló en un mensaje que ahora cobra más relevancia.
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Consciente del impacto político interno de sus palabras, Sánchez ha adelantado que a partir del lunes contactará con “la mayoría de los grupos parlamentarios” para informarles y consensuar cómo debe contribuir a España tanto a la reconstrucción de Ucrania como al nuevo escenario de seguridad que se abre si, como ha insistido, se consolida el alto el fuego. Con ello ha tratado de anticiparse y neutralizar de alguna medida un debate sensato en una legislatura fragmentada y con equilibrios precarios.
El presidente del Gobierno ha defendido que la eventual presencia militar española en Ucrania no supondría una ruptura con la política exterior seguida hasta ahora, sino una prolongación lógica. Sánchez ha glosado parte de las misiones de paz en distintas regiones del mundo de las que ha formado parte España en las últimas décadas tras lo que ha sintetizado su argumento principal: “Si España ha contribuido a estabilizar los conflictos fuera de Europa, no puede quedarse al margen cuando la seguridad y la paz están en juego en el corazón del proyecto europeo”.
Sánchez ha justificado este giro político y discursivo porque, según ha argumentado, por primera vez desde el inicio de la invasión rusa se ha abierto “una puerta a la esperanza” real para que 2026 sea el año en el que termine la guerra. Un alto el fuego que “está empezando a tomar forma” por lo que, ese nuevo contexto, obliga a los países europeos a pensar no solo en cómo apoyar a Ucrania, sino en cómo garantizar una paz duradera una vez cesen los combates.
El jefe del Ejecutivo ha elevado el diagnóstico del conflicto más allá del plano militar en busca de esquivar las posibles reticencias internas, incluidas las de sus socios de investidura. Y ha afirmado que el conflicto abierto por Rusia es “una guerra que ni Ucrania ni Europa quisimos nunca”. Lo que, a su juicio, evidencia que la invasión ordenada por Vladimir Putin no ha tenido como único objetivo cercenar la soberanía ucraniana, sino “cuestionar el modelo de convivencia, de libertades y de democracia que Europa ha construido desde la Segunda Guerra Mundial”.
Sánchez ve un “precedente muy peligroso” en la operación de Trump en Venezuela: “No podemos aceptarlo”
En la misma línea, el presidente del Gobierno ha asegurado que ve un “precedente muy peligroso” en la operación del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, llevada a cabo el sábado en Venezuela, esgrimiendo que fue una acción militar que “es a todas luces ilegales” y cuyo objetivo es “apropiarse de los recursos naturales” de otro país.
Sánchez ha reiterado en varias ocasiones la necesidad de defender el “orden internacional basado en reglas”, que en su opinión es lo que permite que el mundo no se rija por “la ley de la selva”. Una expresión ya formulada ayer por el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, para oficializar la objeción del Gobierno español a la operación militar estadounidense en suelo extranjero.
España, ha proseguido Sánchez, “cree en la paz, en la diplomacia y en la Carta de Naciones Unidas”, y “evidentemente” tampoco puede aceptar que “se amenace explícitamente la integridad territorial de un Estado europeo” como es el caso de Dinamarca, más concretamente de Groenlandia.
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