Aunque parezca imposible y, de nuevo, contra todo pronóstico, Pedro Sánchez aún podría revertir la situación de extrema debilidad y máxima degradación que vive su proyecto político. Hoy sufre los efectos negativos de quien siembra, recoge, pero esa expresión con la que la sabiduría popular resume el concepto de karma también recuerda que una acción correcta, si llega a tiempo, puede producir frutos positivos. El problema es que el tiempo apremia. Un minuto perdido es ya una semana de legislatura perdida. El líder socialista tiene el botón rojo para llevarnos a las urnas, sí. Pero la sensación de derrota entre sus filas y entre buena parte de sus potenciales potenciales es tan evidente que solo manteniéndose en el poder, con un discurso propositivo, capaz de construir cambio a golpe de acción política, podrá seguir en pie sin emitir olor a fiambre político.
Ya no bastan los discursos de superioridad moral que, por ejemplo, en materia de feminismo y corrupción, han quedado erosionados al evidenciar que, como mínimo, Sánchez no ha sabido rodearse de las personas adecuadas para practicarlos con coherencia y hechos.
El presidente debe dejar de pedir confianza y empezar a devolverla.
Si en su día un Jordi Pujol ya retirado asumía que “aún podía estropear su biografía”, y así ocurrió con la confesión sobre la “ deixa de l’avi Florenci ” (una suerte de karma que devolvía lo que durante décadas se le reprochó como discurso moralizante), un Sánchez tocado de forma parecida, aunque sobre todo por la gestión de su equipo, aún dispone de margen. Está en el poder y, por tanto, puede aspirar a un giro drástico de los acontecimientos.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ayer en el Palacio de La Moncloa.
Pero ese giro no vendrá de un truco. “Hechos, sin palabras”. Es la única vía para encontrar el oxígeno legislativo que necesita. Cumplir con sus socios de investidura. De verdad. Con Junts, con los compromisos asumidos y la apertura real de una financiación justa para Catalunya. Su distanciamiento actual no es solo táctico: es la reacción lógica ante un presidente percibido como alguien que promete más de lo que ejecuta. Si Sánchez quiere revertir ese karma negativo, debe sembrar ya, en positivo, con hechos verificables. Debe asumir costos políticos inmediatos para ganar credibilidad. Debes dejar de pedir confianza y empezar a devolverla.
Por su parte, Junts y ERC, si no saben aprovechar esta oportunidad, y especialmente los de Junqueras, liberándose de lastres que tiene en su propia casa, secuestrados emocional y tácticamente por la dinámica madrileña, seguirán sufriendo sus efectos particulares de quien siembra, recoge. Hace tiempo que el independentismo solo recoge sinsabores y, por mucho que la aritmética le dé papel en el Congreso y el Parlament, no controla la convocatoria de elecciones para forzar un reiniciar .
El karma político no entiende de relaciones, sino de coherencia. Sánchez aún puede cambiar su destino si asume costos hoy para recuperar la deuda mañana. De lo contrario, como Ícaro, no caerá por falta de alas, sino por ignorar a tiempo que la cera que las unía ya se estaba derritiendo.



