El gobierno mexicano ha implementado una campaña agresiva de vacunación para frenar la propagación del virus. En entidades como Jalisco y el Estado de México, por ejemplo, se ordenó el uso obligatorio de cubrebocas en las instituciones educativas de nivel básico, con recomendaciones para incluir la disposición en niveles medio y superior.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) y los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos estiman que, en los últimos cinco años, se han detectado 9 millones de incidencias de sarampión en todo el globo. Alrededor de 136 millones de estos casos han sido mortales.
En un este contexto, México se convirtió el mes pasado en el país del continente americano con el mayor número de contagios confirmados, de acuerdo con datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).
¿Qué es el sarampión?
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) explica que el sarampión es una enfermedad viral muy contagiosa que afecta a pacientes de todas las edades, pero es particularmente frecuente en la población infantil. Provoca severas afectaciones a la salud y se asocia con cuadros clínicos de diarrea intensa, infecciones de oído, ceguera, neumonía y encefalitis (inflamación del cerebro). Cuando la afección se complica puede ocasionar la muerte. El organismo advierte que no existe un tratamiento específico para tratar el padecimiento.
A nivel mundial sigue siendo una de las principales causas de muerte en niños pequeños, pese a que existe una vacuna segura y eficaz para prevenirla. No existe ningún tratamiento antiviral específico contra el virus del sarampión.
¿Cómo se contagio y cuáles son los síntomas?
El sarampión se transmite a través de gotas de fluidos procedentes de la nariz, boca o garganta de una persona infectada. “El virus presente en el aire o sobre superficie sigue siendo activo y contagioso por dos horas”, de acuerdo con la OPS.
Los síntomas aparecen entre 8 y 12 días después de la infección. Los más frecuentes son fiebre alta, secreción nasal, ojos irritados y llorosos, manchas blancas en la cara interna de las mejillas y salpullido que comienza en el rostro y cuerpo para después expandirse al resto del cuerpo.
Susana López Charretón, investigadora del Instituto de Biotecnología de la Universidad Nacional Autónoma de México, explicó en una entrevista con WIRED en Español a finales del año pasado que el sarampión no debe considerarse una infección inofensiva. Según el especialista, alrededor de 50 de cada 1.000 personas infectadas requieren hospitalización por neumonías derivadas de la enfermedad. Además, el virus puede provocar un padecimiento secundario conocido como amnesia inmunológica.
López Charretón detalló que, cuando una persona enferma o es vacunada, el organismo genera anticuerpos que permiten recordar al patógeno y defenderse ante futuras infecciones. En el caso del sarampión, el virus daña las células responsables de esa memoria inmunológica. «Durante un tiempo, la gente queda muy susceptible a muchas enfermedades porque pierde la memoria de protección. Eso es gravísimo», advirtió.
La científica reiteró que no existe un tratamiento específico contra el sarampiónpor lo que la vacunación masiva sigue siendo la herramienta más eficaz para prevenir la enfermedad. “Es fundamental que la población confíe en que la vacuna es altamente efectiva frente a una afección que puede parecer poco grave, pero que en realidad es extremadamente peligrosa”, concluyó.
Vacuna contra el sarampión en México
La OMS sostiene que vacunarse contra el sarampión es la alternativa más efectiva para evitar la propagación del virus. El fármaco de inmunización se introdujo en 1963. Antes de que el medicamento preventivo se introdujera de manera global, el sarampión causaba 2,6 millones de muertes al año. Pese a que la vacuna es segura y accesible en la mayor parte del mundo, se estima que 128,000 personas murieron a causa de la enfermedad en 2021. La mayoría de las defunciones se relacionaron con niños menores de cinco años no vacunados.
El antígeno contra el padecimiento se aplica en México desde 1970. Los centros de salud sustituyeron el preventivo inicial por el inmunógeno conocido como triple viral que protege contra sarampión, rubéola y parotiditis. El esquema de vacunación nacional ahora contempla un refuerzo para adolescentes.



