La denominada ‘generación boomerang’ es un fenómeno alza. Se trata de adultos que, tras haber logrado su independencia, se ven obligados a desandar el camino y volver a instalarse en la vivienda de sus padres. Este retorno, impulsado por empleos precarios, rupturas sentimentales o para reducir costos, no es solo un traslado de enseres, sino un desafío emocional que obliga a reconfigurar la identidad de cada miembro de la familia.
«Volver al hogar familiar en la edad adulta no es solo una cuestión práctica; no se trata únicamente de compartir techo, sino de cómo cada miembro se siente visto, reconocido y seguro delante de la familia, en un momento en que el que todo lo que parecía estable deja de serlo», explica Xiomara Reina, psicoterapeuta familiar y miembro de la Federación Española de Asociaciones de Terapia Familiar (FEATF), en declaraciones para La Vanguardia.
El reto de los roles reactivados
Cuando un hijo regresa, es frecuente que se produzca un choque de expectativas. Los padres, que ya habían superado el síndrome del nido vacío y disfrutaban de una libertad recuperada para viajar o descansar, pueden recaer sin querer en el papel de cuidadores constantes. Por su parte, el hijo adulto suele experimentar sentimientos de fracaso o vergüenza, lo que complica la interacción diaria.
Para evitar que la convivencia se deteriore, los especialistas sugieren abordar los siguientes puntos:
- Validar las emociones del hijo sin juzgar su situación ni minimizar su dolor.
- Establecer espacios de diálogo para poner palabras a lo que ocurran antes de que surjan conflictos.
- Acordar de forma clara las tareas domésticas y el respeto a la intimidad.
- Definir horarios generales que permitan la autonomía de ambas partes.
Reina advierte que el error más común es intentar «animar demasiado rápido». Según la experta, la clave reside en acompañar y transmitir seguridad sin caer en la infantilización del adulto que vuelve.
La gestion del dinero y el tiempo.
La economía es uno de los puntos más sensibles, el manejo de los gastos y obligaciones en casa. En este contexto, la transparencia desde el primer día es fundamental.
«No se trata solo de dinero, sino de equilibrar ayuda y autonomía. Aportaciones simbólicas o asumir responsabilidades en casa ayudan a preservar la dignidad del hijo ya evitar resentimientos silenciosos en los padres«, señala Xiomara Reina. Hablar abiertamente sobre los gastos compartidos y lo que cada uno puede aportar ayuda a que el hijo no se sienta una carga económica.
Asimismo, es saludable plantear la estancia como una etapa de transición. Establecer un horizonte temporal aproximado, que se revisa periódicamente, aporta tranquilidad. No se trata de un ultimátum, sino de reforzar la confianza en que la situación es temporal y que el hijo recuperará su independencia.
Una oportunidad para los cuidados
En los casos en que el regreso incluye a una familia entera, con nietos incluidos, el esfuerzo de los abuelos se multiplica. Aunque puede ser una etapa enriquecedora para crear vínculos intergeneracionales, existe el riesgo de agotamiento para los mayores. Para que esta convivencia sea exitosa, es necesario distribuir las responsabilidades de cuidado de forma equitativa. y explícitamente reconocer el esfuerzo de los abuelos. Si se gestionan bien estos límites, el hogar familiar puede pasar de ser un refugio de emergencia a convertirse en un espacio de maduración, donde padres e hijos se reconocen desde un lugar más humano y cercano.
*Artículo desarrollado con apoyo de IA y revisado por un periodista.
! function (f, b, e, v, n, t, s) {
if (f.fbq) return;
n = f.fbq = function () {
n.callMethod ?
n.callMethod.apply(n, arguments) : n.queue.push(arguments)
};
if (!f._fbq) f._fbq = n;
n.push = n;
n.loaded = !0;
n.version = '2.0';
n.queue = ();
t = b.createElement(e);
t.async = !0;
t.src = v;
s = b.getElementsByTagName(e)(0);
s.parentNode.insertBefore(t, s)
}
(window, document, 'script', 'https://connect.facebook.net/en_US/fbevents.js');
fbq('init', '2639268933010768');
fbq('track', 'PageView');



